Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Vitales para la Faena

Vitales para la Faena

La industria minera tendrá aumentos significativos de sus consumos hídrico y de energía para 2030, señalan proyecciones de Cochilco. El uso de agua de mar mostraría una notable alza (IA 162).



El sueldo de Chile. Así se llama al cobre en el imaginario popular del país. Expresión que describe lo clave que ha sido para el crecimiento económico de Chile la industria en torno a la producción de este mineral y, por extensión, a toda la minería local.

Sin embargo, esta industria hoy enfrenta una serie de desafíos estructurales y relevantes para su continuidad y expansión. Desde las minas que envejecen, hasta las mayores demandas sociales para un uso más eficiente de los recursos en pro del cuidado del medio
ambiente.

En Chile, las principales operaciones mineras se encuentran principalmente desde la región Metropolitana al norte. Precisamente, la zona que presenta las situaciones de estrés hídrico más extremas. Por eso, el agua se ha tornado cada vez más en un recurso crítico para la minería, junto con la energía, cuya demanda hoy no es posible desacoplar del crecimiento y desarrollo de ese sector económico.

550x350 Espesador Candelaria copiaDiversos procesos, como el espesamiento, requieren agua en la industria minera.

Sobre este escenario, Cochilco (Comisión Chilena del Cobre) preparó dos estudios con el propósito de determinar la demanda que habrá sobre ambos recursos críticos a lo largo de la próxima década. Ambos reportes fueron presentados en enero.

 
 
Con agua salada

El estudio “Proyección de consumo de agua en la minería del cobre 2019-2030” apuntó a calcular la proyección de demanda de agua continental y de mar por parte de la industria minera del cobre. Esto, además de realizar un análisis detallado del escenario, considerando una visión por región, proceso, estado de avance, condición y permisos ambientales. Para ello, se tomó en cuenta la actividad desarrollada en las regiones de mayor presencia minera, es decir, entre Arica y Parinacota y O’Higgins.

“La proyección de producción es el pilar que da soporte a la proyección de consumo de agua, ya que determina el mineral procesado en concentrados y la producción de fino en concentrados, junto con la producción de cobre fino en cátodos SxEw de 2019 a 2030”. Así señala el documento elaborado por Camila Montes y Víctor Garay, ambos profesionales de la Dirección de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco.

Los resultados obtenidos sobre la proyección de producción esperada de cobre para los próximos diez años muestran un incremento de 20,7% hacia el año 2030, respecto a la producción real de 2018, año base de las proyecciones. “Esto quiere decir que nuestro país alcanzaría una producción de cobre de 7,04 millones de toneladas al año 2030, es decir una tasa de crecimiento promedio de 1,6%, con un peak en el año 2027 de 7,33 millones de toneladas, a una tasa de crecimiento con respecto a 2018, de 2,4%”, precisa el documento.

En cuanto a demanda hídrica, según el reporte, el consumo de la industria minera nivel nacional esperado para 2019 corresponde a 17,6 m3/seg (metros cúbicos por segundo), mientras que para 2030 se espera que sea de 23,5 m3/seg, con una tasa de crecimiento promedio anual de 2,7% (ver tabla 1).

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Al respecto, el estudio concluye: “Esto es reflejo, en parte, del cambio de la matriz de producción, que se vuelca a los minerales de sulfuros, que a su vez deben ser procesados a través de flotación, proceso mucho más intensivo en el uso de agua. Por otra parte, la caída en las leyes de los minerales hace necesaria una mayor cantidad de agua para obtener una tonelada de cobre fino, ya que es necesario procesar una mayor cantidad de mineral”.

Según la tabla 1, la estimación de consumo de agua de origen continental esperada a 2030 alcanza los 12,5 m3/seg, lo que representa una disminución de un 6% respecto al consumo proyectado para 2019 (13,3 m3/seg).

En el caso del agua de mar la situación es diferente, ya que registra un incremento con una tasa promedio del 9,3% anual, alcanzando los 11 m3/s al año 2030. La analista Camila Montes al respecto comenta que esta cifra corresponde a un aumento de 156% respecto de 2019.

Asimismo, añade que en las regiones más afectadas por la sequía la desalinización sería la solución para enfrentar esta crisis. Así, en el caso de Antofagasta, el agua de mar representaría el 65% del agua utilizada para la minería del cobre hacia 2030; en Tarapacá, el 60%; en Atacama, el 42%, y en Coquimbo, el 25%.
 
 
Poder en la mina

La energía eléctrica también es un insumo estratégico para la minería del cobre, dado que se requiere en sus diversos procesos productivos y servicios asociados. De acuerdo a estimaciones de Cochilco a diciembre 2018, su uso representa alrededor del 9% de los costos operacionales -incluyendo la depreciación- de la gran minería del cobre nacional.

Para abordar este tema, Cochilco elaboró el estudio “Proyección del consumo de energía eléctrica en la minería del cobre 2019-2030”, a cargo de los expertos Rosana Brantes, Andrés González, ambos especialistas de la Dirección de Estudios y Políticas Públicas, junto con Víctor Garay.

En ese reporte, la proyección de consumo eléctrico en minería del cobre considera faenas actualmente en operación; proyectos mineros en fase de construcción e iniciativas de inversión con posibilidades de concretarse en el lapso 2019-2030. Asimismo, se incluyen proyectos y operaciones mineras de oro y de hierro que tendrían una coproducción significativa de cobre durante el mismo periodo.

Adicionalmente, y atendiendo al creciente uso de agua de mar, la proyección considera la operación actual y la entrada en operaciones de plantas de desalación e impulsión de agua de mar.

Tabla 2 pag 88 550
 

Según se aprecia en la tabla 2, el consumo eléctrico pasará de 23,6 TWh (terawatt-hora) en 2019, a 33,1 TWh en el año 2030, lo que representa un crecimiento de 41%.

“Esta alza se debe principalmente, a causas estructurales como el agotamiento de los minerales lixiviables y por el mayor tratamiento de concentrados, lo que requerirá el uso de más agua. También, al envejecimiento de las minas, la caída en las leyes minerales, lo que implica mayor mineral a procesar y consecuentemente un mayor uso de electricidad en la molienda y conminución en el proceso de concentración”, explica Roxana Brantes.
 
 
Nuevo escenario

Para Jorge Cantallopts, Director de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco, el objetivo de estos estudios es anticipar los posibles escenarios que vienen para el sector minero y ver cómo enfrentar los desafíos que ello conlleva.

550x350 Cobre fundido copiaEl envejecimiento de las minas y la caída en las leyes implicarán una mayor demanda de energía para las operaciones.

De acuerdo al especialista, hay una serie de factores que están marcando a esta industria, como la economía verde, la electromovilidad, las energías renovables. Todas ellas, en su opinión, tendencias que implican una mayor demanda de minerales y, en consecuencia, más consumo de agua y energía.

En ese contexto, añadió que a las políticas públicas le corresponde generar las condiciones necesarias para administrar eficientemente los recursos hídricos y energéticos. Y que, precisamente, a ese objetivo apunta la Política Nacional de Minería que impulsa el ministerio del ramo.

Artículo publicado en InduAmbiente N° 162 (enero-febrero 2020), págs. 86-88.