Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Guerra al Carbono

Guerra al Carbono

Iniciativas de países latinoamericanos para descarbonizar sus economías.



“A descarbonizar la economía que el mundo hay que salvar”.  Una frase con rima que a priori puede parecer exagerada pero que resume la urgencia de enfrentar con decisión el cambio climático. Y para eso se requiere disminuir progresivamente las emisiones de carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles.  

Chile lo está entendiendo y el Gobierno y las empresas de generación eléctrica que operan con carbón implementaron una mesa de retiro y/o conversión de centrales a carbón. La iniciativa resultó en un cronograma que implica el cese de funcionamiento de ocho termoeléctricas al 2024 y de todo el parque a carbón al 2040.

Lo anterior es un avance, considerando que alrededor de un 43% de la generación bruta de electricidad proviene de las 27 unidades termoeléctricas a carbón que funcionan en nuestro país, con un consumo cercano a los 12 millones de toneladas de carbón anuales. Y que, de acuerdo, a la Tercera Comunicación Nacional de Chile ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), la producción de electricidad es el sector que más contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), con más de un 30% del total. Y de esa fracción, el 90% lo genera la quema de carbón.

A nivel global

De acuerdo con el Índice 2018 de una Economía Baja en Carbón (LCEI, por sus siglas en inglés), elaborado anualmente por la mega consultora PwC, las tasas de descarbonización a nivel global no cumplen con los niveles necesarios para que el mundo avance lo suficiente en contra del cambio climático. Sin embargo, algunos países disminuyeron sus emisiones de gases de efecto invernadero reduciendo su energía basada en fuentes fósiles, entre otros factores, pese a que sus economías crecieron.

De acuerdo con PwC, China redujo su “intensidad de carbón” en 5.2%. México lo hizo en 5%, sobre todo por el mayor uso de energías limpias como la solar. El tercer lugar global fue para Argentina, con una reducción de 4.9%, seguida de Reino Unido con 4.7%. Cerró el Top 5 Brasil, con una baja en su intensidad de carbón de 4.5%.

A pesar de los avances de estos cinco países en la descarbonización de sus economías, PwC concluye que a nivel global no se ha alcanzado la tasa necesaria en la reducción de intensidad de carbón para cumplir con el Acuerdo de París.

Poniendo paños fríos, expertos del Banco Mundial han asegurado que la transición de los combustibles fósiles a los menos contaminantes debe ser muy cautelosa para evitar problemas graves en la operación de las industrias, dependientes en su gran mayoría del petróleo, gas natural y carbón.

América Latina

Según un reciente artículo publicado en América Economía, las consecuencias del calentamiento global ya se empiezan a notar y para evitar el aumento de dos grados de temperatura hacia fines de este siglo es urgente la descarbonización de la economía mundial. “El proceso ya está en marcha en América Latina, que aunque es una de las regiones que emite menos emisiones de gases de efecto invernadero es una de las más vulnerables al cambio climático”, asegura el reportaje.

Bajo el lema “Una vía para la descarbonización neta de la economía regional a mediados de siglo”, ONU Ambiente publicó en 2016 el informe “Carbono Cero – América Latina”. Gustavo Mañez, Coordinador de Cambio Climático del organismo, menciona cuatro acciones concretas que ahí se detallan y que permitirían eliminar las emisiones netas de CO2 para el 2050 en la región: Descarbonización de la generación eléctrica, terminando con los subsidios a los combustibles fósiles; electrificación del transporte; transformación del uso de la tierra para evitar la deforestación; y reducción de emisiones de la industria.

En ese escenario, Costa Rica es el país que está dando pasos más concretos. De hecho, lanzó hace algunos meses su Plan Nacional de Descarbonización, que pretende abolir el uso de combustibles fósiles al año 2050 y potenciar el uso de energías limpias para combatir el cambio climático. La política contempla cambios en la oferta de movilidad y transporte público y privado, en la gestión de las formas de energía, en la construcción sostenible y en la industria, así como en la gestión de los residuos. Y también incorpora pautas para mejorar las prácticas agrícolas y el uso del suelo, evitando la deforestación.

Lea este artículo completo en InduAmbiente 159 (julio-agosto 2019), páginas 94 a 96.