Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

El SEIA y los Desafíos de la Gestión Ambiental en Chile

Jorge Troncoso

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Ex Director Ejecutivo del Servicio de Evaluación Ambiental


A propósito de las controversias y discusiones públicas que han surgido durante el último tiempo, en torno al rol que juega el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en el desarrollo y concreción de las inversiones públicas y privadas, y de las críticas que respecto de la operación del instrumento se han manifestado, cabe hacer algunas reflexiones en torno a la naturaleza y rol que esta herramienta de gestión ambiental juega y debe jugar en su propósito fundamental, que no es otro que incorporar la dimensión ambiental en las iniciativas de inversión.
 
Como una primera cuestión decisiva, es absolutamente justo sostener que en la actualidad, nadie que tenga nociones básicas de evaluación ambiental de proyectos, podría negar que el SEIA en Chile ha contribuido, de manera muy relevante, a incorporar la dimensión ambiental en los proyectos de inversión y, consecuentemente, en el modelo de desarrollo del país.

El Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, en estricto rigor, no es más que un instrumento de gestión ambiental, cuyo propósito esencial está orientado a prevenir la ocurrencia de problemas ambientales que se pueden generar en la construcción, operación y/o cierre de proyectos y/o actividades susceptibles de causar impactos ambientales.

Sin embargo, y tal como es posible constatar de un análisis básico de la Ley de Medio Ambiente, el Sistema de Gestión Ambiental que el Estado de Chile ha creado e implementado nunca consideró que el SEIA fuera la única y exclusiva herramienta para hacer gestión ambiental. Por el contrario, la configuración de nuestra institucionalidad siempre entendió que el SEIA debía operar acompañado de otros instrumentos de gestión ambiental y tener un protagonismo relevante sólo en los orígenes de la instalación de la institucionalidad ambiental.

Sin perjuicio de lo anterior, en la actualidad, asistimos a un escenario que muestra una compleja “seisación” de la gestión ambiental del Estado, la que continuará agudizándose, en tanto se le siga pidiendo al SEIA que resuelva problemáticas atingentes a otras políticas públicas, a otros instrumentos de gestión pública y a otros instrumentos de gestión ambiental. Es decir, las problemáticas que deja en evidencia la evaluación ambiental de proyectos, no se abordarán, ni mucho menos se resolverán, en tanto se persista en el error (casi conceptual) de demandar de un instrumento de tercer nivel (como lo es el SEIA) la resolución de problemáticas propias de instrumentos de primer y segundo nivel.

Pretender que el SEIA resuelva problemáticas que son ajenas a su naturaleza, refleja no tan solo desconocimiento respecto de la operatoria y objetivos de la herramienta, sino que también conlleva equivocaciones muy determinantes a la hora de la toma de decisiones, en el momento del análisis y en la circunstancia de la crítica.

El SEIA no es, y nunca será, el instrumento de gestión pública idóneo para resolver indefiniciones de política pública sectorial o para resolver las deficiencias o ausencias de la planificación y el ordenamiento territorial. Tampoco el SEIA puede ser el instrumento de gestión pública que deba suplantar la evaluación de riesgos ambientales (ERA), resolver los problemas de la remediación de sitios contaminados o suplir el incipiente desarrollo de la evaluación ambiental estratégica (EAE).

De igual modo, el SEIA tampoco puede ser el instrumento de gestión pública que deba resolver las deficiencias o imprecisiones de las políticas de preservación, conservación y manejo de recursos naturales, así como tampoco se le puede exigir que se haga cargo de resolver la ausencia de normas técnicas, de normas de emisión y de normas de calidad. De igual modo, el SEIA no tiene la competencia o la potestad para resolver respecto de la aceptabilidad o no aceptabilidad que una iniciativa de inversión pueda tener por parte de la comunidad que habita un territorio determinado, donde se pretende emplazar una iniciativa de inversión.

El SEIA lo que hace, es incorporar la variable ambiental en las iniciativas de inversión y no está revestido de la potestad para pronunciarse respecto de otras materias, que son resorte de instrumentos de primera y segunda generación.

En síntesis, a veinte años desde que se instalara el SEIA en Chile, es absolutamente pertinente señalar que las problemáticas que afloran o se evidencian a partir de los procesos de evaluación ambiental, y que son ajenas a éstos, no pueden ser atribuibles al despliegue y operación del propio Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, ni mucho menos a la gestión que desarrolla el Servicio de Evaluación Ambiental.

El Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental en Chile funciona y lo hace atendiendo el marco jurídico e institucional vigente y el objetivo o propósito que tiene la evaluación ambiental que se limita a incorporar la variable ambiental en los proyectos de inversión. No reconocer este hecho, y pretender asignarle al SEIA otras responsabilidades que no tiene, es continuar negando el hecho evidente de que en Chile existen instrumentos de gestión pública en general y de gestión ambiental en particular que se han ido quedando a la zaga, respecto del avance y desarrollo que ha experimentado la evaluación ambiental, independiente de los ajustes y mejoras que siempre es posible realizar a estos procesos, así como a la institucionalidad que la cobija.

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