Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Competitividad País e Innovación Tecnológica

Claudio Zaror

Zaror Claudio-Interior
Director del Diplomado en Ingeniería Ambiental
Universidad de Concepción


El Foro Económico Mundial define la competitividad de un país como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan su nivel de productividad”. Adicionalmente, afirma que el nivel de productividad establece el estado de prosperidad que puede ser alcanzado por una economía.

El Índice de Competitividad Global (ICG) del período 2016-2017 publicado por el Foro Económico Mundial situó a Chile en el lugar 33° entre 138 países, mejorando en dos puestos respecto del período anterior. El ICG se cuantifica en base a 114 indicadores agrupados en las 12 categorías siguientes: instituciones, infraestructura, ambiente macroeconómico, salud y educación primaria, educación superior y capacitación, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, preparación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación en los negocios e innovación.

Si bien nuestro posicionamiento global está dentro del primer cuartil entre 138 países, no debemos caer en la autocomplacencia ya que tenemos serias debilidades en aspectos críticos, tales como salud y educación primaria (71°), sofisticación en negocios (56°) e innovación tecnológica (63°), muy por debajo de nuestra posición global. Particularmente preocupante es el bajo desempeño en el pilar de innovación donde los aspectos peor evaluados son la contratación pública de productos de tecnología avanzada (118°), inversión en investigación y desarrollo de las empresas (108°), capacidad para innovación (89°) y colaboración universidad-empresa (64°). Más grave aún es constatar que estos indicadores se han ido deteriorando en el tiempo.

El nivel tecnológico incide directamente en la competitividad de las empresas, siendo un factor fundamental para progresar hacia una real diversificación de la matriz productiva e incrementar el valor agregado de nuestros productos. Las crecientes brechas en inversión para investigación y desarrollo son de máxima gravedad para el futuro de nuestra economía y se requieren respuestas efectivas por parte del Estado y, principalmente, del sector privado. De lo contrario, no estaremos en condiciones de insertarnos efectivamente en la cuarta revolución tecnológica que recién comienza.

Columna publicada en Revista InduAmbiente n° 146, mayo-junio 2017, página 89.