Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Til Til, Quintero-Puchuncaví y Escazú

Hernán Durán

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Gerente General de Gescam

Estamos complicados con los últimos acontecimientos asociados a las demandas de la población por su creciente interés en vivir en un ambiente libre de contaminación. Por una parte, existen deficiencias de larga data, como el tema del ordenamiento territorial que hace pocos meses se actualizó con las protestas de los habitantes de Til Til, a propósito de la saturación de lugares para tratar residuos sólidos y de otros en sus alrededores, y ahora último con el problema de contaminación de Quintero-Puchuncaví, por saturación de residuos atmosféricos. A esto se le agrega que catorce países de América Latina y el Caribe –entre los que no estuvo Chile– fueron los primeros en firmar el “Acuerdo de Escazú”, sobre Acceso a la Información, Participación Pública y Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en la región, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en el marco del debate general del 73° período de sesiones de la Asamblea General de dicho organismo. Mal que mal es un acuerdo que refuerza la exigencia de vivir en un medio ambiente de calidad.

Ambos conflictos ambientales no son independientes, pues se constata que hay una cierta debilidad pública y privada que evidencia poca madurez política, deficiencias técnicas y “ahorros” mal entendidos para enfrentar los temas ambientales. No se puede autorizar la localización de las actividades potencialmente contaminantes sólo en aquellos lugares donde se pueden maximizar los beneficios privados y, simultáneamente, minimizar los riesgos o externalidades negativas sobre el medio ambiente y la población. La forma de resolver positivamente el tema se conoce desde el punto de vista técnico a través del uso de las mejores tecnologías disponibles, para producir y para fiscalizar. En efecto, hoy en día disponer de eficientes sistemas de sensores e información en línea ya no es complejo; no hacerlo es negligencia, para eso son las nuevas tecnologías. También ocurre que algunas empresas se confunden y caen en la tentación de aumentar los beneficios de corto plazo, por lo cual no invierten en ese tipo de instrumentos que entregan beneficios de largo plazo, y terminan engañándose a sí mismos acerca de sus impactos ambientales.

Por otra parte, desde antes de los griegos la planificación del uso del territorio es una herramienta fundamental para la convivencia, en todas sus formas de expresión. En ese marco, poco a poco la participación de la ciudadanía se ha ido convirtiendo en un factor fundamental, pues es la población la encargada de proteger su patrimonio natural dentro del país y lo hace de manera cada vez más decidida. El acuerdo de Escazú no hace más ni menos que reconocer esta realidad e intenta generar los acuerdos entre los actores, a través de adecuados sistemas de participación y de la misma forma en toda América Latina. Tal como ya se está haciendo en buena parte del mundo.

Columna publicada en InduAmbiente N° 154 (septiembre-octubre 2018).