Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Corta Vida al DAM

Corta Vida al DAM

Tecnologías emergentes para el tratamiento del drenaje ácido de mina.

Sobre el Drenaje Ácido de Mina (DAM) existe abundante literatura. Mucho se ha estudiado e investigado sobre este grave problema ambiental que puede ocasionar la industria minera, lo que ha derivado en el desarrollo de numerosas tecnologías para su control o abatimiento.

Con un enfoque actualizado sobre el tema, el Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomin, publicó recientemente la “Guía Metodológica para la Estabilidad Química de Instalaciones y Faenas Mineras”, la cual sirve de base para el desarrollo del presente artículo.

A modo de contexto respecto al DAM, el documento señala que los procesos de oxidación de minerales ocurren de manera natural en el medio ambiente. En el caso de los yacimientos metálicos (de cobre, oro, hierro, entre otros) y de carbón, que contienen grandes cantidades de minerales sulfurados, “estos procesos son acelerados y/o favorecidos por el desarrollo de la actividad minera. Lo anterior, debido a que la explotación, procesamiento y disposición de materiales provocan un aumento de la superficie total de los minerales con capacidad de reacción, favoreciendo su contacto con el aire, el agua y los microorganismos”, asegura.

Esta interacción puede generar efluentes de diversa calidad química, los que la Guía agrupa bajo el concepto de drenaje ácido de mina.

El DAM se genera, principalmente, por la interacción entre el material con capacidad de reacción que forma parte de una fuente potencialmente generadora de drenaje ácido –botaderos, depósitos de relave, residuos derivados del proceso de lixiviación, rajos y minas subterráneas–, con el agua natural, oxígeno atmosférico y/o microorganismos. Añade: “Es una interacción que puede desencadenar procesos de oxidación química y/o biológica del material, y/o la lixiviación de elementos asociados (metales, metaloides y/o aniones)”.

Tecnologías de Tratamiento

Los sistemas para tratar el DAM pueden ser de tipo convencional, no convencional y/o emergente, dependiendo del nivel de maduración que posea la tecnología:

• Convencional: tecnología mundialmente conocida y ampliamente instalada. Sus principales ejemplos son los humedales aeróbicos y anaeróbicos, y drenes de caliza.
• No convencional: tecnología innovadora con algunas implementaciones existentes en el mundo. Sobresalen la extracción por solvente y los lechos de escoria lixiviante.
• Emergente: sistema en un nivel de desarrollo a nivel piloto, como los reactores Scoofi y la adsorción en médula de fibra de coco.

En su conjunto, los tratamientos para abatir los DAM se clasifican en dos grandes grupos: pasivos y activos.

Los tratamientos pasivos se caracterizan por no requerir el uso de insumos químicos ni energía para operar. Utilizan fuentes de energía disponibles en la naturaleza, como la gravedad a través del gradiente topográfico o la energía metabólica microbiana. Esto tiene un impacto positivo sobre los costos operacionales. Suelen ser menos efectivos en término de eficiencia de remoción y también se consideran más lentos que los activos. “Es por eso que se hace necesario asegurar la mejor distribución del efluente dentro del sistema, para maximizar el tiempo de contacto entre éste y los componentes del propio tratamiento”, indica el informe del Sernageomin.

Los tratamientos activos, en cambio, se caracterizan por requerir energía externa para su funcionamiento y un aporte constante de reactivos y el uso de mano de obra, lo que genera mayores costos operacionales. Además, llevan asociado la generación de residuos (lodos), que necesitan de una gestión posterior para su manejo y disposición final. “En general, la inversión del capital es alta y los costos del proceso son mayores, lo que supone una dificultad para su aplicación durante un período de tiempo prolongado. Sin embargo, las eficiencias y rangos de operación son superiores a las obtenidas con tratamientos pasivos”, afirma la Guía.

Artículo completo en InduAmbiente N° 141 (julio-agosto 2016), págs. 52-54.