Los laboratorios ambientales cumplen funciones clave en los proyectos de remediación de sitios contaminados. Una de ellas es proveer datos y evidencia técnica confiable para evaluar los avances de estos procesos y el desempeño de las herramientas utilizadas para el saneamiento.
¿Qué parámetros analíticos permiten determinar si una técnica de descontaminación está funcionando realmente?
Virna Nardone, supervisora de RESPEL y suelos en SGS, señala que al momento de evaluar un proceso de remediación es importante considerar el contaminante, el tipo y la composición del suelo. "Por ejemplo, para contaminantes que contienen hidrocarburos, los compuestos de interés para todas las matrices ambientales son los hidrocarburos totales de petróleo en diferentes cadenas que permita distinguirlos en volátiles, semivolátiles y pesados; asimismo deben determinarse las fracciones aromáticas y alifáticas de estos hidrocarburos como los aromáticos policíclicos. Dentro de los indicadores básicos también se encuentran los BTEX, los fenoles clorados, pesticidas y algunos metales pesados. Y cuando el proceso de remediación contempla técnicas biológicas (biorremediación) deben tomarse como compuestos de interés las concentraciones de nutrientes del suelo, como por ejemplo, nitratos, nitritos, carbono orgánico, fósforo disponible, entre otros", detalla.
Agrega que de manera complementaria, la evaluación de bioindicadores puede aportar una visión más integral sobre la efectividad de la remediación. "Comunidades microbianas, macroinvertebrados e insectos del suelo permiten evaluar los efectos históricos de la contaminación y la recuperación ecológica del sitio. Mientras los análisis fisicoquímicos entregan una fotografía de las condiciones existentes al momento del muestreo, los indicadores biológicos aportan una visión de la evolución y recuperación del ecosistema en el tiempo", expone.
La evaluación de bioindicadores puede aportar una visión más integral sobre la efectividad de la remediación, dice Virna Nardone.
La especialista advierte, además, que los resultados analíticos deben ir acompañados por una buena aplicación de muestreo en la zona afectada y en las áreas aledañas, empleando técnicas específicas para los compuestos de interés.
Por su parte, Paulina Bustamante, jefa de laboratorio en ANAM, plantea: "En remediación ambiental, es fundamental evaluar los procesos de degradación química y biológica de los contaminantes, ya que éstos permiten complementar y verificar la efectividad de las estrategias de saneamiento. Para medir el éxito de una remediación, se consideran indicadores como la reducción de la masa total contaminante, la disminución del flujo y la descarga de contaminantes, así como la estabilidad de la pluma contaminante y la ausencia de efectos de rebote una vez implementadas las medidas de tratamiento".
Añade que existen otros análisis y criterios de evaluación que pueden estar definidos por normas, decretos o requisitos regulatorios específicos. "Dependiendo de las características del sitio y de los puntos de monitoreo, se establecen líneas base previas al tratamiento, las cuales sirven como referencia para evaluar posteriormente los avances y la efectividad de las acciones de remediación a través del tiempo", explica.
Comenta, asimismo, que en la industria es habitual desarrollar programas de monitoreo ambiental destinados a demostrar el cumplimiento de Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA), normas de calidad ambiental u otras exigencias regulatorias. En este contexto, los laboratorios desempeñan un rol clave al analizar muestras asociadas a estos programas y entregar resultados dentro de los plazos comprometidos, ya sea por tipo de análisis o según los tiempos necesarios para emitir informes completos con la batería de parámetros requerida.
"En el caso de ANAM, nuestra propuesta de valor va más allá de la ejecución de análisis de laboratorio. A través de la plataforma DATANAM, es posible gestionar y dar seguimiento a los monitoreos ambientales mediante herramientas de visualización y análisis de datos, incluyendo gráficos de tendencias, definición de límites de control y evaluación histórica de resultados. Esto permite a los clientes tomar decisiones oportunas y basadas en evidencia, facilitando la gestión ambiental y la mejora continua de sus procesos", destaca.
Ensayos específicos
Paulina Bustamante señala que para validar una remediación se requiere evaluar no solo la disminución del contaminante principal, sino también, la generación de metabolitos y las evidencias que demuestren su degradación efectiva. "Para ello, se pueden utilizar herramientas como balances de masa, análisis isotópicos, indicadores geoquímicos, técnicas de PCR para identificar microorganismos degradadores y ensayos de toxicidad residual, generando una evaluación integral del proceso", indica.
A su vez, Marcela Díaz, jefa de calidad en ANAM, resalta que la empresa cuenta con la autorización del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y con acreditaciones del Instituto Nacional de Normalización (INN) que garantizan que sus resultados son técnicamente confiables y reconocidos por la autoridad. "Esto nos permite apoyar a nuestros clientes no solo con análisis de laboratorio, sino también con evidencia sólida para demostrar cumplimiento regulatorio y la efectividad de sus procesos de remediación ambiental", subraya.
Virna Nardone, en tanto, acota que para confirmar la degradación efectiva de los contaminantes se pueden combinar varios ensayos y evaluar la evolución de sus concentraciones en el tiempo. "Los que mencioné anteriormente pueden ir acompañados con análisis microbiológicos y actividad biológica cuyas concentraciones demostrarán si el contaminante está siendo transformado o mineralizado", grafica.
La representante de SGS dice que, adicionalmente, la evaluación de bioindicadores puede constituir una herramienta complementaria para verificar la recuperación ambiental: "La presencia, abundancia y diversidad de organismos sensibles a la contaminación, como determinados grupos de macroinvertebrados o insectos, puede evidenciar que las condiciones del sitio están mejorando no solo desde el punto de vista químico, sino también ecológico".
Añade que, en estos procesos, se espera que vaya disminuyendo la concentración de los compuestos de interés. Y para comprobar aquello, se pueden comparar con los niveles de remediación específicos del sitio o, de no contar con una línea base, con una muestra del mismo suelo no contaminado (muestra control).
Resultados confiables
La verificación del avance de un proceso de remediación implica realizar análisis de laboratorio a distintas matrices, como son los suelos, aguas subterráneas y vapores en aire. ¿Cómo se evitan posibles interferencias analíticas y se aseguran resultados precisos y confiables?
Gerhard Allesch, gerente de calidad operacional en ANAM, explica que para garantizar resultados confiables, trazables y respaldados técnicamente, "contamos con áreas de trabajo segregadas por matriz ambiental, sistemas de identificación mediante códigos de barras para asegurar la trazabilidad completa de las muestras y procesos específicos para prevenir cualquier tipo de contaminación cruzada".
Contar con áreas de trabajo segregadas por matriz ambiental ayuda a garantizar resultados confiables, señala Gerhard Allesch.
Además, las áreas de lavado y el equipamiento analítico se mantienen separados por matriz, reforzando la integridad del proceso analítico. "Estos controles se complementan con procedimientos de calidad, verificaciones permanentes y el cumplimiento de los requisitos de acreditación, lo que permite entregar resultados con un alto nivel de confiabilidad y reconocimiento ante clientes y autoridades regulatorias", enfatiza.
Desde SGS, en tanto, expresan que la clave para evitar eventuales problemas es no tratar las distintas matrices como equivalentes, ya que cada una presenta características físicas y químicas particulares que pueden afectar el resultado analítico. "Por ello, es necesario adaptar de manera integral el muestreo, la preservación, la preparación y el método de análisis a las características de la matriz y a los analitos de interés. Esta adaptación debe considerar las interferencias propias de cada matriz. En suelos, por ejemplo, la materia orgánica, las arcillas y otros componentes pueden afectar la extracción y recuperación de los analitos. En aguas, parámetros como la conductividad, los sólidos disueltos o la materia orgánica pueden generar efectos de matriz e interferencias instrumentales. En vapores, especialmente para VOCs, es crítico controlar la volatilización, adsorción, preservación y las condiciones de almacenamiento y transporte", detalla el jefe técnico de laboratorio, Eduardo Calvo.
Por su parte, Cynthia García, subgerente de laboratorio de SGS, agrega que cuando se procesan matrices con concentraciones significativamente diferentes, es fundamental implementar medidas para prevenir la contaminación cruzada. "Esto implica una adecuada limpieza del material, una secuencia de análisis que considere las concentraciones esperadas, el uso de blancos de limpieza y, cuando sea necesario, la preparación y análisis en lotes separados. De esta manera, se evita que muestras de alta concentración puedan afectar los resultados de muestras posteriores de menor concentración. Todo este proceso debe estar respaldado por un sistema de control de calidad adaptado a cada matriz, mediante controles que permitan verificar el desempeño del método e identificar posibles efectos de matriz", advierte.
Eduardo Calvo recuerda que cada matriz tiene características particulares que pueden afectar el resultado analítico.
Evaluación de riesgos
Desde ANAM, Gerhard Allesch y Marcela Díaz recuerdan que los resultados analíticos generados por el laboratorio corresponden a la cuantificación de parámetros físicos, químicos y biológicos mediante métodos validados y bajo condiciones de calidad controladas. "Estos datos, por sí solos, representan concentraciones o niveles de presencia de determinados compuestos; sin embargo, su verdadero valor radica en la comparación con criterios normativos, estándares de calidad ambiental y umbrales regulatorios utilizados para la evaluación de riesgos", apuntan.
Añaden que en el caso de los residuos, el Decreto Supremo 148 establece los criterios para determinar su peligrosidad mediante la evaluación de características como toxicidad aguda, toxicidad crónica, corrosividad, inflamabilidad y reactividad. Asimismo, ensayos como la toxicidad extrínseca permiten evaluar el potencial de liberación y migración de contaminantes hacia el medio ambiente, información clave para clasificar un residuo como peligroso y definir adecuadamente su estrategia de tratamiento o disposición final.
"Por lo tanto, el aporte del laboratorio no se limita a la generación de datos analíticos, sino que entrega evidencia técnica que permite evaluar riesgos, demostrar cumplimiento regulatorio y respaldar decisiones ambientales basadas en información confiable y trazable", dicen.
Los resultados de laboratorio permiten la comparación con criterios normativos, estándares de calidad ambiental y umbrales regulatorios usados para la evaluación de riesgos, destacan en ANAM.
En relación con este tema, Virna Nardone acota que un suelo o sitio se puede considerar remediado una vez que la concentración de los compuestos de interés, tomados post-remediación, están por debajo de los niveles específicos del sitio y de los establecidos en la evaluación de riesgo para la salud humana. "Para la determinación de esta última, ciertos parámetros establecidos como peligrosos (por ingestión, contacto dérmico o inhalación de vapores), tales como metales pesados, pesticidas, sustancias tóxicas que refieran a toxicidad intrínseca y extrínseca deben presentar valores por debajo de su concentración Tóxica Aguda Límite", expone.
La especialista de SGS agrega que, sin perjuicio de lo anterior, en aquellos proyectos donde exista un componente ecológico relevante, resulta recomendable complementar la evaluación química con indicadores biológicos. "La recuperación o estabilización de comunidades de organismos bioindicadores puede aportar evidencia adicional respecto de la rehabilitación ambiental del sitio y de la efectividad de las medidas implementadas en el largo plazo", concluye.
Validez técnica y regulatoria
Los resultados de un laboratorio adquieren validez técnica y reconocimiento regulatorio cuando son generados bajo sistemas de acreditación como la NCh-ISO/IEC 17025, que demuestra la competencia técnica del personal, los métodos, los equipos y los controles de calidad aplicados. Así lo resalta la jefa de calidad en ANAM, Marcela Díaz, quien dice también que "esta competencia se verifica mediante auditorías, ensayos de aptitud y controles permanentes que aseguran resultados confiables, trazables y reproducibles".
Agrega que hay autorizaciones específicas como las otorgadas por la SEREMI de Salud para caracterización de residuos peligrosos (RESPEL) o por la Superintendencia del Medio Ambiente bajo la figura de Entidad Técnica de Fiscalización Ambiental (ETFA), que reconocen la capacidad de un laboratorio para realizar muestreos, mediciones y análisis con validez regulatoria. "Esto permite generar información ambiental de alta calidad para el control de procesos industriales, la detección de contaminantes a niveles de trazas y la verificación del cumplimiento normativo, contribuyendo a la protección de la salud humana y del medio ambiente", subraya.
Desde SGS, Eduardo Calvo y Cynthia García comentan, además, que los análisis deben ejecutarse mediante metodologías estandarizadas y reconocidas, o, en su defecto, mediante metodologías desarrolladas o adaptadas por el laboratorio que cuenten con la respectiva validación y acreditación. Entre las principales referencias se encuentran EPA, ISO, ASTM y Standard Methods. A esto suman la necesidad de contar con equipos de medición apropiados para los métodos utilizados y los niveles de concentración requeridos. "Estos deben mantenerse calibrados, verificados y con trazabilidad metrológica", dicen.
Los análisis se deben ejecutar mediante metodologías estandarizadas y reconocidas, resalta Cynthia García.
Finalmente, remarcan que es fundamental contar con protocolos de cadena de custodia y trazabilidad, que permitan demostrar que la muestra analizada corresponde a la que se tomó en terreno y que su integridad se mantuvo durante todo el proceso.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 201 (julio-agosto 2026), páginas 14 a 17.

