Miércoles 6 de mayo de 2026.- Una investigación -liderada por el académico del Departamento de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile, profesor Gabriel Felmer-Plominsky, junto a un equipo interdisciplinario- evaluó el desempeño ambiental de edificios residenciales de mediana altura construidos con sistemas de madera masiva, principalmente madera contralaminada (CLT, por su sigla en inglés) y madera laminada encolada (Glulam), como una alternativa sostenible y de rápida ejecución frente al hormigón y el acero convencional. Estos materiales permiten la prefabricación, reducen residuos y plazos de obra, además de presentar alta resistencia sísmica y capacidad de secuestro de carbono.
El estudio, denominado "Evaluación comparativa del ciclo de vida de viviendas de madera masiva: un camino sostenible hacia los objetivos de mitigación del cambio climático de Chile", se centra en el ciclo de vida completo de las viviendas, desde su construcción hasta su uso y eventual demolición.
Aunque la madera ha sido promovida como un material más sustentable, el análisis revela que su uso no garantiza automáticamente menores emisiones. Bajo las normativas actuales, reemplazar hormigón por madera laminada puede aumentar el impacto ambiental en múltiples dimensiones, incluido el calentamiento global.
Esto se explica, en parte, por el desempeño energético de las viviendas. En algunos casos analizados, el consumo energético aumentó entre un 4% y un 13% en edificios de madera, evidenciando que el material por sí solo no resuelve el problema. Por otra parte, esto también se explica por requerimientos estructurales adicionales de hormigón armado y acero, debido a las elevadas exigencias sísmicas de la normativa actual, con aportes cercanos al 30% de las emisiones de un edificio de madera.
Mayor potencial está en el diseño
Sin embargo, la investigación introduce un matiz clave: la madera tiene la capacidad de almacenar carbono biogénico. En los edificios estudiados, esta propiedad permitió compensar parte de las emisiones generadas durante la construcción y producción de materiales, logrando reducciones netas de entre un 24% y un 72% en el ciclo de vida.
Es decir, bien utilizada, la madera puede actuar como un "sumidero de carbono" temporal, contribuyendo a mitigar el cambio climático.
El mayor potencial de reducción de emisiones no está solo en la madera, sino principalmente en su diseño cuidado e informado. El estudio muestra que el uso de materiales complementarios a la madera, como aislantes, terminaciones o estructuras auxiliares, podría contribuir a reducir en un 30% las emisiones asociadas a los edificios de madera, mientras que incorporar estrategias de envolvente pasiva, como mejor aislamiento, hermeticidad y control solar, podría reducir su consumo energético en la etapa de uso hasta en un 84%.
"La madera masiva tiene un enorme potencial para contribuir a la descarbonización del sector de la edificación, pero ese potencial no se activa simplemente reemplazando hormigón por madera. Lo que muestra este estudio es que el diseño arquitectónico, la eficiencia energética de la envolvente y la correcta especificación de los sistemas constructivos son determinantes para que una vivienda en madera efectivamente pueda reducir su impacto climático", plantea Gabriel Felmer-Plominsky, doctor en Sustentabilidad Ambiental de la Architectural Association de Londres.
Este punto resulta especialmente relevante en Chile, donde gran parte del parque habitacional aún es térmicamente ineficiente. En ciudades como Santiago, Concepción y Coyhaique, los investigadores analizaron distintos escenarios climáticos, lo que confirmó que el diseño adecuado puede marcar la diferencia entre una vivienda que aumenta sus impactos ambientales y una que reduce su huella de carbono.
Un desafío país
El estudio advierte que Chile enfrenta un escenario crítico: se proyecta que el parque habitacional se duplicará hacia 2050. En ese contexto, las decisiones constructivas tendrán un impacto directo en las metas climáticas del país.
Para alcanzar la neutralidad de carbono, los autores estiman que al menos la mitad de las nuevas viviendas de mediana altura deberían construirse con sistemas de madera masiva. Pero esto implica desafíos: asegurar el suministro sostenible de madera, evitar la presión sobre los bosques y mejorar los estándares de diseño.
La conclusión es clara: la madera no es una solución por sí sola. Su potencial depende de cómo se utilice.
El estudio llama a avanzar en políticas públicas, normativas y estándares de diseño que integren eficiencia energética y gestión del carbono. Solo así, la construcción en madera podrá convertirse en una herramienta real para enfrentar la crisis climática y no en una solución aparente que termine profundizando el problema.
Felmer-Plominsky agrega: "Chile debiera avanzar hacia la creación de un programa nacional de construcción en madera, que articule vivienda, industria forestal, diseño arquitectónico, normativa y seguimiento riguroso del balance de carbono del ciclo de vida. Países como Inglaterra ya han dado pasos en esa dirección mediante una hoja de ruta pública para aumentar el uso seguro y sostenible de la madera en construcción. Para Chile, una iniciativa de este tipo permitiría transformar la madera masiva en una política climática efectiva, siempre que se base en diseño de alto desempeño, suministro forestal sostenible y estándares claros de contabilidad de carbono".

