Los sitios de disposición final de residuos domiciliarios suelen afrontar una situación contradictoria: por una parte, son instalaciones esenciales para evitar riesgos sanitarios para la población y, por otra, a nadie le gusta tenerlos cerca por lo cual se ven enfrentados a conflictos socioambientales y resistencia vecinal. Pese a ello, hay experiencias que demuestran que se puede mantener una convivencia armónica con el entorno y, aún más, aportar al desarrollo de las comunidades que los rodean.
Ese es el caso de Consorcio Santa Marta, operador del relleno sanitario del mismo nombre, que recibe el 35% de los residuos de la Región Metropolitana. Ubicado en las inmediaciones del cerro Lonquén, en la comuna de Talagante, y con un constante flujo de camiones que cruzan algunos sectores de San Bernardo, esta empresa ha implementado durante casi 25 años un modelo de colaboración que ha permitido poner en marcha importantes iniciativas en educación de calidad, salud y bienestar, comunidades sostenibles y otras áreas para mejorar la calidad de vida de sus vecinos en ambas comunas.
Este trabajo se ha articulado a través de dos organizaciones independientes sin fines de lucro: la Fundación Lonquén Solidario, en Talagante, y la Corporación Los Valles, en San Bernardo. Esta estructura ha permitido encauzar los aportes que realiza la empresa y apalancar fondos públicos que son administrados de manera autónoma por dirigentes de las propias comunidades, para desarrollar jardines infantiles, centros kinesiológicos para adultos mayores, centros de estimulación inclusiva y programas de educación ambiental, entre otros proyectos.
Una inversión social que, solo durante 2025 benefició a más de 21.264 familias en Talagante e Isla de Maipo y otras 12.500 en San Bernardo.
Transparencia y confianza
Al inicio de las operaciones del relleno sanitario, la relación con el entorno estuvo marcada por la desconfianza natural de los vecinos frente a la instalación de un depósito de residuos. Francisca Donoso, jefa de Asuntos Corporativos de Consorcio Santa Marta, recuerda: "Cuando partimos, obviamente la gente estaba en contra; nadie quiere tener un relleno sanitario cerca. Pero hubo un grupo de personas que, si bien se oponían, estuvieron dispuestas a conversar, nos dijeron que querían saber más de la empresa, informarse, e iniciamos un diálogo constante que se mantiene hasta el día de hoy".
La compañía, entonces, impulsó la creación de canales de comunicación directos con la comunidad, incluyendo mesas de trabajo técnicas y permanentes para dar a conocer su tarea y las medidas que adoptan para mitigar sus impactos socioambientales.
Santa Marta busca desarrollar competencias en las organizaciones comunitarias para que mantengan su labor social, dice Francisca Donoso.
Esto, sumado al cumplimiento regulatorio, ayudó a que la percepción de los vecinos fuera cambiando positivamente, y abrió las puertas para avanzar hacia alianzas de beneficio mutuo. Patricia Candia, directora de Fundación Lonquén Solidario, expone: "Antes la gente estaba en contra, pero supimos poner esto en la balanza y ver que si nos uníamos, ambos nos íbamos a beneficiar, siempre que la empresa cumpliera con las normativas y siguieran siendo fiscalizados... Ya llevamos más de 20 años trabajando juntos y puedo decir que esta relación ha permitido mejorar la calidad de vida de los habitantes de Lonquén y sus alrededores".
La dirigente social agrega que la comunicación continua ante contingencias operativas -como el incendio ocurrido en 2016- ha fortalecido la confianza mutua. "Le pedimos a la empresa que nos mantenga informados de lo que pasa en el relleno, realizamos visitas periódicas a sus instalaciones y siempre mantenemos una comunicación fluida", dice.
En San Bernardo, en tanto, la expansión urbana acercó gradualmente las zonas residenciales de Lo Herrera, El Romeral y El Rodeo a las vías de tránsito de los camiones hacia el relleno sanitario, lo cual también derivó en reclamos de vecinos que se fueron resolviendo a través del acercamiento y el diálogo permanente. Tras la pandemia de Covid-19, la relación se consolidó mediante una política de puertas abiertas que registra más de 800 visitas guiadas anuales al relleno sanitario.
Danae Rojas, directora de Corporación Los Valles, comenta que por medio de esas visitas los colegios, las juntas de vecinos y otras organizaciones se han dado cuenta que el sitio de disposición final es "una obra de ingeniería, que tiene una planta de tratamiento de energía, que la basura no está expuesta, y las personas quedan impactadas. Han cambiado los conceptos de nuestra población y eso ha provocado que la empresa sea vista de otra forma".
Aportes a la educación de calidad
Desde la compañía destacan que buscan posicionarse como un referente en el cumplimiento normativo sanitario y ambiental. Esto, a través del trabajo conjunto con las comunidades y, además, enfocados en la innovación permanente, utilizando herramientas como la investigación y desarrollo, para la implementación de avances tecnológicos que permiten robustecer la operación.
La positiva relación entre Consorcio Santa Marta y las comunidades locales se ha fortalecido con la contribución de la empresa para concretar proyectos gratuitos y abiertos a la comunidad, liderados por las organizaciones mencionadas en distintos ámbitos, partiendo por el educacional.
Patricia Candia comenta que Lonquén Solidario tiene dos jardines infantiles a los que la compañía ha apoyado "desde que empezamos atendiendo a los niños en unas casas, por ahí por el año 2000" y que hoy funcionan en terrenos comprados y donados por Santa Marta. Uno se llama Las Araucarias, acoge a más de 40 niñas y niños en Talagante, y este año se reconstruirá su edificio para postular a reconocimiento oficial. El otro es la sala cuna y jardín infantil Harawy, ubicado en Isla de Maipo, reconocido desde 2019 por el Ministerio de Educación, es gratuito, atiende a unos 140 párvulos y tiene certificación ambiental. "Tenemos excelencia académica y hemos podido funcionar gracias a que es 50% financiado con la subvención del Estado y 50% por la empresa privada", cuenta la directora de la Fundación.
La alianza educativa ambiental con la Escuela Agrícola de Lonquén y el Jardín Infantil Harawy es parte de las iniciativas que apoya Consorcio Santa Marta.
Este esquema asociativo se replica en San Bernardo: Danae Rojas señala que en la Corporación Los Valles existe un proyecto para recibir en comodato un terreno en la Villa Ñuke-Mapu, donde se espera tener listo en 2027 un nuevo jardín infantil, para responder al aumento de población en el sector. "Santa Marta construye el lugar con las condiciones que define JUNJI, quienes después administran y financian el funcionamiento diario del establecimiento. Así como en Talagante el sostenedor es la Fundación Lonquén Solidario, en San Bernardo será la Corporación Los Valles. Como estas organizaciones reciben apoyo financiero de la empresa, toda la subvención que llega de la JUNJI se destina directamente a los jardines que todos los años se pintan, se hacen mantenciones, se compra material didáctico; son de primer nivel", expresa Francisca Donoso.
En San Bernardo, asimismo, llevan varios años trabajando con la escuela Eliodoro Yáñez Ponce de León, en Lo Herrera, donde en 2025, en alianza con la consultora Kyklos, integraron la educación ambiental. Ahora, esa temática se está expandiendo también a jardines infantiles y clubes de adultos mayores en Lonquén.
Salud y calidad de vida
Consorcio Santa Marta también apoya otras iniciativas que las mismas comunidades han identificado como prioritarias para mejorar su calidad de vida.
En Talagante, financia un centro de estimulación inclusiva gratuito, impulsado por Lonquén Solidario, que cuenta con un equipo multidisciplinario enfocado en niños con Trastorno del Espectro Autista y otras necesidades especiales. A eso se suma un centro kinesiológico, que atiende sin costo, en especial a adultos mayores para los que también se realizan talleres, terapias y bailes.
La empresa impulsa actividades recreacionales y servicios de salud para adultos mayores en Lonquén.
A su vez, Danae Rojas indica que, en San Bernardo, la Corporación Los Valles tiene hace dos años un centro kinesiológico "financiado en un 50% por el Gobierno Regional y 50% por Consorcio Santa Marta", el cual en 2025 entregó más de 1.050 atenciones gratuitas, ayudando a suplir la escasez de este servicio público en el sector.
Haciendo un balance general del trabajo que han mantenido con la empresa sanitaria, la dirigente social resalta: "Santa Marta es una empresa pionera, viene hace más de 20 años trabajando con las comunidades... Es muy difícil que una empresa tenga tanto compromiso con su entorno".
Desde la compañía, en tanto, subrayan que el propósito de este modelo de relacionamiento comunitario es desarrollar competencias de gestión para que estas organizaciones sin fines de lucro mantengan su labor social en el territorio, de forma independiente a la operación de la empresa. "Lo que buscamos es entregarles herramientas, en Lonquén y en Lo Herrera, tanto a las encargadas de las fundaciones -que son todas mujeres, 3 en cada equipo-, como a las personas con las que ellas trabajan... Tengo la certeza de que, si el día de mañana Santa Marta termina su vida útil, ambos equipos van a seguir haciendo su trabajo y van a seguir levantando capital, porque son mujeres que han aprendido mucho y eso es parte fundamental en la sostenibilidad de un proyecto de impacto social como el que nosotros estamos llevando a cabo", concluye Francisca Donoso.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 201 (julio-agosto 2026), páginas 71 a 73.

