Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Conservación con Identidad Indígena

Conservación con Identidad Indígena

Proyecto para proteger el Salar de Alconcha, desarrollado por Teck y la Comunidad Quechua de Ollagüe, busca redefinir la relación entre minería y territorio.



A más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la comuna de Ollagüe, región de Antofagasta, comenzó oficialmente la implementación de una iniciativa que busca convertirse en un referente para la conservación ambiental y la gestión colaborativa de territorios de alto valor ecológico y cultural.

Se trata del Proyecto de Conservación Salar de Alconcha, desarrollado conjuntamente por Teck y la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe (CIQO), que protegerá más de 6.000 hectáreas correspondientes a dicho ecosistema y la Quebrada de Coasa, mediante un modelo de conservación que combina biodiversidad, patrimonio cultural indígena, participación comunitaria y desarrollo territorial.

La iniciativa marca un hito relevante no solo por su escala, sino también por la forma en que fue concebida. Lo que originalmente surgió como una medida de compensación ambiental asociada al proyecto Quebrada Blanca evolucionó, tras más de seis años de trabajo conjunto, hacia una propuesta construida a partir del diálogo, la participación y el conocimiento territorial de la comunidad.

El inicio oficial del proyecto fue formalizado durante una ceremonia realizada en la sede social de la comunidad en Ollagüe, donde además se certificó a los primeros guardaparques pertenecientes a la propia comunidad, quienes tendrán la responsabilidad de implementar y ejecutar las acciones de protección, monitoreo y gestión definidas para el área.

Modelo inédito

Uno de los aspectos más distintivos del proyecto es la figura de protección adoptada para el territorio. La comunidad decidió resguardar sus tierras mediante un Derecho Real de Conservación, mecanismo legal que permite proteger de manera permanente los atributos ambientales y culturales del área.

A ello se suma la decisión de Teck de renunciar al uso extractivo, minero o comercial de los derechos de agua y concesiones mineras que posee dentro del Salar de Alconcha, destinando el territorio exclusivamente a fines de conservación.

La medida busca asegurar que el área mantenga su valor ecológico y cultural en el largo plazo y refleja una visión compartida sobre el futuro del territorio.

Para Lidia Mendoza, presidenta de la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe, el proyecto representa la materialización de una aspiración comunitaria de largo aliento. "El inicio del proyecto es el fruto de más de seis años de trabajo conjunto con Teck, impulsado por nuestro deseo de seguir protegiendo y resguardando nuestro territorio y patrimonio. Para nuestra comunidad es fundamental conservar un espacio que se mantiene libre de impactos y explotación, lo que nos permite dar continuidad a nuestras costumbres, ritos ancestrales y las actividades que desarrollamos", señala.

Salar 1Representantes de Teck y de la Comunidad Quechua de Ollagüe, autoridades nacionales y locales dieron inicio al proyecto que, mediante una gobernanza compartida, busca mantener el valor ecológico y cultural del Salar de Alconcha y la Quebrada de Coasa.

Del diálogo a la implementación

El proyecto obtuvo su Resolución de Calificación Ambiental (RCA) favorable en 2025, incorporando un proceso de participación y consulta indígena que permitió recoger la visión de la comunidad respecto de un territorio considerado ancestral y de profundo significado cultural.

A partir de ese trabajo, la iniciativa avanzó hacia una etapa de implementación que contempla una gobernanza compartida y un conjunto de acciones orientadas a la conservación y uso sustentable del área.

"Este proyecto refleja una forma renovada de entender nuestra presencia en el territorio. La viabilidad y el éxito de nuestras operaciones dependen directamente del respeto por el entorno y del valor que le damos al conocimiento ancestral de las comunidades", destaca Dale Webb, vicepresidente senior de Operaciones Latinoamérica de Teck.

Por su parte, Amparo Cornejo, Chief Sustainability Officer de la compañía, sostiene que la iniciativa representa una evolución en la forma de abordar los compromisos ambientales. "El Salar de Alconcha es la prueba tangible de que no nos conformamos con mitigar impactos, sino que buscamos generar un valor ambiental indiscutiblemente positivo y construido en alianza genuina con sus comunidades", afirma.

Protección y desarrollo local

La puesta en marcha del proyecto considera la ejecución de un Plan de Manejo Adaptativo orientado a la protección de la biodiversidad y al fortalecimiento de las capacidades locales.

Entre sus principales líneas de acción se encuentran el monitoreo permanente de recursos hídricos, estudios sobre bofedales altoandinos, investigación de especies prioritarias para la conservación, protección de la llareta (Azorella compacta), seguimiento de poblaciones de vizcachas y aves con categoría de conservación, además de estudios relacionados con los efectos del cambio climático sobre el ecosistema.

A ello se suma un componente de educación ambiental y vinculación comunitaria que incorpora senderos interpretativos, programas de formación y actividades de difusión orientadas a fortalecer el conocimiento del patrimonio natural y cultural del territorio.

Reconocimiento internacional

El modelo de gobernanza impulsado por la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe y Teck ya recibió reconocimiento internacional.

Este año fue distinguido con el TSM Community Engagement Excellence Award, otorgado por la Asociación Minera de Canadá (Mining Association of Canada), que premia iniciativas destacadas por su excelencia en relacionamiento comunitario y gestión responsable de los recursos naturales.

Para las instituciones públicas que participaron en el proceso, el proyecto constituye un ejemplo concreto de cómo la participación temprana y la colaboración entre distintos actores pueden generar soluciones innovadoras para la conservación.

"Este proyecto representa un ejemplo concreto de colaboración entre el sector privado y una comunidad indígena en favor de la conservación ambiental, combinando protección del patrimonio natural, resguardo cultural y participación comunitaria para la preservación de un ecosistema de alto valor para Chile", resalta Ignacio Malig, director nacional de Conadi.

A su vez, Arturo Farías, director ejecutivo del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), sostiene que "el Proyecto de Conservación del Salar de Alconcha tiene su origen en una medida de compensación ambiental que incorporó la participación y el conocimiento territorial de la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe, incluyendo un proceso de consulta indígena que permitió recoger su visión respecto de un territorio que posee un profundo valor ambiental, cultural y ancestral. La evaluación ambiental tiene por propósito identificar adecuadamente los impactos ambientales de los proyectos, establecer las medidas necesarias para hacerse cargo de ellos y generar espacios efectivos de participación para las comunidades y los distintos actores del territorio".

Con la certificación de los primeros guardaparques comunitarios y el inicio de las actividades en terreno, el Proyecto de Conservación Salar de Alconcha entra ahora en una nueva etapa: transformar un acuerdo construido durante años en una experiencia de conservación activa, gestión compartida y protección de largo plazo para uno de los ecosistemas más singulares del norte de Chile.

Artículo publicado en InduAmbiente n° 201 (julio-agosto 2026), páginas 68 a 70.