Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Cómo impulsar el H2V

Cómo impulsar el H2V

Presentamos la renovada Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y otras propuestas para desarrollar esta industria de modo sostenible.



Que en 2035, la demanda doméstica sea de 100 a 200 mil toneladas anuales (kt/año) de hidrógeno verde equivalente (H2V eq) y las exportaciones fluctúen entre 300 y 700 mil toneladas al año. Y a 2050, la producción nacional (demanda interna y exportación) esté entre 2.000 y 3.500 kt/año.

Esas son las metas planteadas en la actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y Derivados, publicada en marzo recién pasado, que "entrega orientaciones para alcanzar una industria competitiva que aporte a la descarbonización, al crecimiento económico y a la seguridad energética", señala el documento.

Esta herramienta fue elaborada con participación público-privada y busca dar continuidad a un ciclo que se inició en 2020, como una política de Estado.

Para guiar y fundamentar las acciones de corto y mediano plazo, la renovada Estrategia define además:

• Tres focos estratégicos:

-Impulsar la demanda interna y la descarbonización de sectores clave como la minería, la agricultura y el transporte, evaluando aplicaciones actuales del H2V y potenciales nuevos usos. Se busca reducir riesgos mediante el desarrollo de proyectos escalables que generen encadenamientos productivos, empleos calificados, capacidades y desarrollo tecnológico local.

-Crear un nuevo sector exportador basado en productos como fertilizantes para la agricultura, explosivos para la minería, combustibles sintéticos para la aviación y el transporte marítimo. Según el documento, esto contribuiría a ampliar y diversificar la matriz exportadora del país con atributos de sostenibilidad, como también a "agregar valor y generar demanda por nuestros productos agrícolas, mineros y otros bienes que puedan producirse con una menor huella de carbono, gracias al uso de H2V y derivados".

-Generar una gobernanza para el desarrollo sostenible de esta industria y crear valor local, identificando roles para las distintas regiones y/o macrozonas. El objetivo aquí es seguir "avanzando en una coordinación multisectorial y multinivel de colaboración público-público, privada-privada y público-privada, así como en el trabajo conjunto del Estado con la academia y la participación de la sociedad civil". Se reitera el rol articulador del Estado para generar las condiciones habilitantes y de atracción de inversiones, como también para orientar a la industria hacia un desarrollo que equilibre las dimensiones económica, social y ambiental en los territorios.

Siete temas críticos para la toma de decisiones de inversión y para el avance de la industria, en los cuales se requiere una gestión del Estado para estimular y facilitar la coordinación multisectorial. Estos son: costos de producción, permisos y regulación, incentivos económicos, capital humano, posicionamiento internacional, infraestructura y logística, transparencia y participación.

Nueve hitos de control al año 2030 que, en conjunto con las metas, permitirán evaluar los avances en el desarrollo de la industria. Según indica la Estrategia, a esa fecha se espera contar con:

-Instrumentos y mecanismos operativos (financieros u otros) para acortar brechas de costos respecto a los combustibles fósiles.

-Proveedores en el país a lo largo de la cadena de valor.

-Regulaciones habilitantes.

-Un sistema de certificación instalado.

-Instalaciones de infraestructura portuaria y logística de uso compartido en al menos dos regiones.

-Polos industriales interregionales (hubs) consolidados de demanda interna y cadenas de valor.

-Una industria que incorpore el uso sustentable de agua desalada y/o reciclada.

-Diez programas para instituciones de educación superior y liceos técnico-profesionales.

-Al menos dos proyectos de escala industrial que alcancen la decisión final de inversión.

Ajustes y urgencias

La presentación de la nueva Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y Derivados se da en un escenario en que el último tiempo se han suspendido y postergado proyectos relevantes para esta industria en Chile. ¿Ese panorama dificulta alcanzar las metas planteadas en este instrumento?

Ricardo Rodríguez, director de estudios de la Asociación Chilena del Hidrógeno (H2 Chile), indica que esta reciente actualización "responde precisamente a la necesidad de ajustar metas, prioridades y supuestos en función de la evolución del mercado global".

Añade que este tipo de revisiones no es exclusivo de Chile y que la suspensión o postergación de proyectos es "esperable en una industria emergente, intensiva en capital y basada en tecnologías en proceso de escalamiento. Los desarrolladores deben tomar decisiones en función de múltiples variables, muchas de ellas globales: desde cambios en políticas públicas —como los incentivos en Estados Unidos o Europa— hasta factores macroeconómicos y geopolíticos, como los conflictos internacionales recientes, que afectan precios de energía, costos de financiamiento y expectativas de demanda".

Sobre ese escenario, Rodríguez sostiene que lo relevante es que exista un entorno que permita que los proyectos viables avancen y se consoliden. Enseguida postula: "La transición energética global —impulsada por compromisos climáticos, seguridad energética y competitividad industrial— sigue siendo una tendencia de largo plazo, lo que sugiere que, pese a ajustes en el corto plazo, la trayectoria de desarrollo del hidrógeno verde se mantendrá positiva".

Luego, el representante de H2 Chile señala que, en conversaciones recientes con la autoridad, han planteado cinco ámbitos incluidos de la Estrategia que se debieran implementar con mayor urgencia:

Permisos y regulación: "Hoy es clave reducir incertidumbre y plazos, priorizando proyectos estratégicos y acelerando la implementación de la Ley de Permisos Sectoriales, junto con ajustes al sistema de evaluación ambiental", expone.

• Consolidar un marco efectivo de incentivos, avanzando con instrumentos como el proyecto de ley de incentivos tributarios (ver recuadro), que permita activar la demanda y facilitar decisiones de inversión en el corto plazo.

Ricardo Rodriguez- H2Contar con incentivos efectivos es una de las urgencias para Ricardo Rodríguez.

• Habilitar infraestructura crítica, como puertos, logística y servicios asociados para capturar oportunidades de exportación y reducir costos. "Este es un factor habilitante que requiere planificación anticipada y coordinación público-privada", dice Rodríguez.

Reducir el costo de la electricidad, que hoy representa entre un 60% y 70% del costo de producción del hidrógeno, para así materializar la principal ventaja de Chile frente a otros polos globales.

• Avanzar en ordenamiento territorial y desarrollo de hubs industriales. "En la práctica esto implica definir zonas prioritarias, coordinar inversiones y asegurar sostenibilidad ambiental y social, elementos clave para dar viabilidad de largo plazo a la industria", expresa.

En el contexto descrito, Ricardo Rodríguez opina que las propuestas más complejas de concretar son "aquellas que requieren mayor coordinación sistémica y donde convergen múltiples actores, tiempos e incertidumbres", como son los últimos tres puntos mencionados y la construcción de una demanda sostenida local e internacional.

Cuestionamientos

Por cierto, la forma en que se está impulsando el desarrollo del H2V en Chile también enfrenta cuestionamientos. Desde la organización no gubernamental FIMA, por ejemplo, su coordinador de programa, Felipe Pino, plantea: "Si bien me parece positivo que el gremio del hidrógeno verde haya asumido la falta de demanda existente sobre este commodity, la verdad es que todavía hay cierto nivel de negación sobre las razones detrás de dicho fenómeno. Pareciera ser que se asocia a la actual 'crisis energética' y a supuestas 'brechas regulatorias' para la industria, pero lo cierto es que muchas barreras responden al modelo mismo de generar hidrógeno verde para exportación, lo cual conllevará inevitablemente una preferencia por la generación de megaproyectos, con cadenas de valor intensivas a nivel territorial, y por lo tanto altos impactos socioambientales, lo cual implica a su vez una mayor dificultad para la distribución de beneficios e impactos y una verdadera legitimidad social de la industria".

En ese marco, advierte que a pesar de que la renovada Estrategia incluye un foco estratégico sobre gobernanza para el desarrollo sostenible de esta industria, "no existe claridad sobre las prácticas específicas que mejorarán los estándares de participación y transparencia". Al mismo tiempo considera que se sigue "dejando en un segundo plano a las comunidades locales y organizaciones de la sociedad civil en la planificación y despliegue de los proyectos de hidrógeno que buscan operar en el país".

Felipe Pino comenta también que, tomando en cuenta los impactos socioambientales de los megaproyectos exportadores de H2V, "parece razonable priorizar el desarrollo de proyectos para demanda interna, los cuales debieran ser de menor escala, y con cadenas de valor más eficientes y con menor impacto territorial. Además, ello implicaría vincular el hidrógeno con una verdadera oportunidad para descarbonizar industrias contaminantes, y no solo aprovecharlo como una eventual oportunidad de diversificación económica. Sin embargo, todavía no existen propuestas concretas que aseguren que la satisfacción de demanda interna será verdaderamente prioritaria para el modelo de esta industria".

Impactos socioambientales

Además de los eventuales impactos en los territorios, el uso intensivo de agua y la falta de una evaluación socioambiental suficiente de los proyectos son algunas críticas al desarrollo de esta industria, ¿cómo se están abordando estos temas para hacer sostenible esta actividad?

Ricardo Rodríguez asegura: "Los proyectos de hidrógeno verde en Chile están abordando estos temas de manera activa y, en muchos casos, yendo más allá de lo exigido por la normativa vigente".

Luego, el representante de H2 Chile resalta que la producción de hidrógeno requiere agua, "pero en magnitudes significativamente menores en comparación con otras industrias relevantes en el país, como la minería o la agricultura. Además, la gran mayoría de los proyectos en desarrollo considera el uso de agua desalada, evitando competir con el consumo humano o productivo continental. Incluso, algunos proyectos están evaluando o incorporando el uso de aguas residuales tratadas, lo que refuerza un enfoque de economía circular".

En cuanto a los efectos de estas iniciativas sobre los territorios, destaca que todos los proyectos deben someterse al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), pero que en la práctica los desarrolladores además buscan generar una buena relación con las comunidades y el entorno. "Esto se traduce en procesos de evaluación más exhaustivos, instancias de participación temprana y el desarrollo de medidas de mitigación y beneficios locales. En esa misma línea, la evaluación socioambiental no se aborda como un trámite, sino como parte integral del diseño de los proyectos. Existe una comprensión creciente de que la sostenibilidad territorial es clave para el desarrollo de la industria, tanto desde el punto de vista reputacional como operativo", afirma.

Finalmente, Rodríguez subraya que el desarrollo del hidrógeno verde "responde a una vocación ambiental estructural: contribuir a la descarbonización de sectores difíciles de abatir y enfrentar la emergencia del cambio climático. En ese sentido, el desafío no es solo desarrollar una nueva industria, sino hacerlo de manera sostenible, integrándose adecuadamente a los territorios y generando beneficios concretos para el país".

Desde FIMA, en tanto, Felipe Pino sostiene que "el gran ausente de la actualización de la Estrategia son los desafíos aparejados a nuestro Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, el cual todavía no cuenta con la capacidad para identificar adecuadamente los impactos socioambientales de este tipo de industrias". Al respecto, recuerda que "no existe una tipología específica para los proyectos de hidrógeno verde, que implican la combinación de diversas fases interdependientes", lo cual hace más difícil proponer medidas de mitigación, reparación y compensación adecuadas.

En términos más amplios, a su juicio, el reajuste de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde es bastante débil en materia socioambiental. "Habríamos esperado compromisos mucho más específicos para promover que la industria se planifique e implemente con cumplimiento irrestricto de los derechos humanos, altos estándares de transparencia y rendición de cuentas, y un alto nivel de desempeño en materia ambiental. Esperamos que la adecuación del Plan de Acción dé señales más fuertes en ese sentido, pero la agenda de desregulación ambiental del gobierno actual es bastante desesperanzadora".

Enseguida, Felipe Pino plantea que "el eventual desarrollo de esta industria debe reconocer que su existencia responde precisamente a la necesidad de mitigar el cambio climático, y generar energía de manera más sustentable y responsable". Y concluye: "Mientras no exista una verdadera priorización de desarrollar instrumentos que aseguren el cumplimiento de estándares ambientales y la protección de los derechos humanos por parte de las industrias (debida diligencia empresarial), las posibilidades de que el hidrógeno verde se posicione como una industria estratégica para el país seguirán siendo relativamente bajas, y poco atractivas para los inversionistas".

Felipe Pino- FIMAA juicio de Felipe Pino, la Estrategia sigue dejando en segundo plano a las comunidades locales.

Incentivos

En el Senado se discute un proyecto de ley de incentivos tributarios que, según Ricardo Rodríguez, "aborda correctamente una de las principales brechas para el desarrollo del hidrógeno verde: la falta de competitividad frente a alternativas fósiles y la ausencia de una demanda suficientemente robusta en etapas tempranas".

En particular, uno de los aspectos que más valora es que "corresponde a un crédito tributario contra el impuesto de primera categoría, lo que permite incentivar la demanda de manera eficiente, reduciendo la brecha de costos sin implicar un gasto fiscal directo si los proyectos no se materializan". También considera acertado el diseño mediante licitaciones, donde los proyectos compiten en función del menor beneficio solicitado por unidad de producción.

En cuanto a los aspectos a mejorar, el director de estudios de H2 Chile cree relevante fortalecer la institucionalidad del proceso de adjudicación asegurando que el Comité de Asignación propuesto "opere bajo criterios estrictamente técnicos, con estándares claros de evaluación y sin espacios de discrecionalidad en la toma de decisiones". Asimismo, considera importante asegurar que el diseño del incentivo "sea plenamente bancable, es decir, que efectivamente permita a los proyectos cerrar financiamiento".

Desde FIMA, Felipe Pino advierte que, más allá del contenido específico de dicho proyecto de ley, "resulta políticamente complejo el desarrollo de incentivos por parte del Estado respecto de ciertas actividades por sobre otras". En su opinión, este tipo de estímulos se debieran generar para todas las energías renovables no convencionales y no solo en aquellas que se usarán para el eventual desarrollo del H2V. Así, "estaríamos promoviendo la transición energética nacional de forma integral, y no solo la oportunidad económica detrás de la transición energética global, junto con protegernos de los costos en caso de que la industria del hidrógeno no logre cumplir con las nuevas expectativas", sostiene.

Competitividad

El mayor costo del hidrógeno verde sigue siendo la principal traba para que sea una opción competitiva, por ejemplo, frente a los combustibles fósiles, pero su aporte ambiental también es hoy un factor relevante para algunas industrias.

Así lo expone Ricardo Rodríguez: "La competitividad del hidrógeno no depende solo de su costo de producción, sino también de la disposición a pagar de cada sector. Esta varía según el peso que tiene el hidrógeno o sus derivados dentro del costo total del producto final y, cada vez más, según la presión por cumplir metas de descarbonización. Por ejemplo, en sectores como fertilizantes o explosivos para la minería, el costo del hidrógeno es un componente relevante, pero también lo es la necesidad de reducir la huella de carbono para mantener acceso a mercados o cumplir estándares regulatorios".

En ese marco, el representante de H2 Chile afirma que los primeros espacios de competitividad "se darán en aplicaciones donde la electrificación directa es difícil o inviable, como ciertos procesos industriales, transporte pesado, minería y la producción de derivados como amoníaco o combustibles sintéticos, donde el hidrógeno cumple un rol clave como insumo".

Artículo publicado en InduAmbiente n° 199 (marzo-abril 2026), páginas 58 a 61.