Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Agua del Mar a los Procesos

Agua del Mar a los Procesos

Aunque tres faenas mineras en Chile usan agua marina sin desalar, la opción de que esta práctica se extienda en el rubro es limitada. ¿Por qué?



Cuesta imaginarse la dimensión de una tubería de 144 kilómetros. Como ayuda, es la distancia que hay entre Santiago y Quillota. Y también será la extensión que tendrá el segundo sistema de impulsión de agua de mar que implementa Antofagasta Minerals como parte de su Proyecto Nueva Centinela, que le permitirá no solo duplicar su abastecimiento del recurso, sino también aumentar en un 100% su capacidad de procesamiento de minerales y ampliar su vida útil por al menos 30 años más.

Centinela, Antucoya -otra operación de Antofagasta Minerals- y Sierra Gorda son las tres faenas de la gran minería nacional que operan con agua de mar sin desalar o cruda. Las dos primeras emplean en un 100% este insumo, mientras que Sierra Gorda lo hace en un 90%, toda vez que alrededor del 10% del recurso marino lo desala para consumo humano y el uso en algunos procesos industriales. Según informa esta última empresa, la salmuera de descarte que se genera no se devuelve al mar y se reincorpora al proceso, mientras que una fracción menor se utiliza para la humectación de caminos.

El estudio "Proyección de la demanda de agua en la minería del cobre en Chile período 2025 -2034", desarrollado por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), hace la siguiente proyección sobre ésta y otras opciones de abastecimiento hídrico para el rubro: "El agua de mar continuará ganando participación hasta consolidarse como la principal fuente de suministro hídrico del sector. Su aporte pasaría desde 40,7% del consumo total en 2024 a aproximadamente 67,6% en 2034, mientras que, en términos absolutos, su uso aumentaría desde 7,5 m3/s a 13,9 m3/s, un incremento cercano al 85,3%. Dentro de este total, el agua desalinizada concentraría cerca de tres cuartas partes del suministro marino hacia el final del período. La demanda de agua continental disminuiría desde 10,9 m3/s a 6,7 m3/s, reflejando la menor disponibilidad relativa del recurso en zonas con escasez hídrica estructural".

Crecimiento acotado

Claudia Arancibia, analista de Estrategias y Políticas Públicas de Cochilco, explica que el uso de agua de mar sin desalar ha aumentado en la última década como alternativa para reducir la extracción de aguas continentales, especialmente en zonas con escasez hídrica. Sin embargo, este crecimiento ha sido acotado en términos absolutos, pasando de aproximadamente 1,3 m3/s en 2015 a 2,3 m3/s en 2024.

"En consecuencia, su participación sigue siendo menor dentro del consumo total de agua de mar, en el cual predomina el uso de agua desalinizada. En 2024, el agua de mar sin desalar alcanzó los 2,3 m3/s, equivalente a cerca del 30% del total utilizado en minería, mientras que el 70% restante correspondió a agua desalinizada. Desde el punto de vista técnico, se trata de una solución de aplicación específica, viable principalmente en operaciones cuyas condiciones de proceso permiten tolerar altas concentraciones de sales disueltas", sostiene.

La especialista precisa que su uso es más viable en operaciones hidrometalúrgicas, mientras que en plantas concentradoras la salinidad puede afectar la eficiencia de la flotación y la recuperación metalúrgica. "Además, requiere diseños y tecnologías específicas, considerando selección de materiales, control de corrosión y configuraciones operacionales adaptadas, por lo que su implementación se concentra en faenas concebidas desde su diseño para operar con agua de mar directa. No constituye una solución universal para la minería, sino una alternativa técnicamente viable solo en ciertos tipos de faena", expone.

Pros y contras

José Tomás Morel, gerente de Estudios del Consejo Minero, valora la experiencia acumulada con esta opción de abastecimiento hídrico por parte de Centinela, Antucoya y Sierra Gorda. De ahí que, sin pretender recoger todos los aprendizajes obtenidos, plantea que su ventaja principal, por sobre el empleo de agua desalada, "es el ahorro del costo de inversión y operación que implican las plantas desaladoras. Y la mayor desventaja es la corrosión de las tuberías y desgaste de las bombas, que obliga a mayores inversiones en conducción de agua. De este modo, como criterio básico de elección entre una y otra alternativa, podemos ver que es más probable el uso de agua de mar cruda en faenas menos alejadas de la costa, donde los costos en tuberías y bombeo son relativamente menores que los costos asociados a la planta de desalación, en comparación con faenas más distantes".

Asegura, asimismo, que antes que una empresa minera decida el uso de agua de mar cruda "deben testearse las recuperaciones metalúrgicas, que pueden variar entre yacimientos, siendo especialmente sensible la recuperación de molibdeno. En definitiva, como puede apreciarse, el uso de agua de mar cruda no es la mejor solución en todos los casos".

Resumiendo los beneficios del uso de agua de mar sin desalar, Claudia Arancibia detalla que "permite reducir la extracción de aguas continentales y evita los costos asociados a la desalación, lo que puede traducirse en menores requerimientos de inversión y operación en ciertos casos. Además, contribuye a diversificar la matriz hídrica en zonas con escasez de agua".

Luego reitera sus limitaciones de mayor relevancia: "Su aplicabilidad es restringida a ciertos procesos (principalmente hidrometalurgia), puede afectar el desempeño metalúrgico en concentración, y exige adaptaciones en diseño y operación debido a la corrosión, incrustaciones y compatibilidad de materiales. A esto se suman los costos energéticos asociados al transporte desde la costa hacia las faenas", afirma.

DATOS:

1.500
Millones de dólares, aproximadamente, se están invirtiendo en la construcción del segundo sistema de impulsión de agua de mar en el proyecto Nueva Centinela. Es desarrollado bajo el modelo Build Own Operate Transfer (BOOT).

1
Beneficio: El agua salada cruda utilizada en la operación de Sierra Gorda (proveniente de una planta termoeléctrica de Mejillones), que llega al depósito de relaves, forma naturalmente una costra salina que cubre esta instalación, generando un impacto ambiental positivo.

Artículo publicado en InduAmbiente n° 199 (marzo-abril 2026), páginas 82 a 83.