
Cada cierto tiempo los chilenos miramos el cielo en búsqueda de soluciones a la crisis hídrica. Cruzamos los dedos para que el famoso "Niño Godzilla" no deje grandes desastres, pero sí llene nuestros embalses, acumule nieve y nos salve de veranos sin agua. La verdad es que la ciencia nos demuestra que, por más fenómenos climáticos puntuales, la tendencia es a la escasez de precipitaciones en nuestro país. La tarea entonces es dejar de invocar a Godzilla y establecer estrategias serias y concretas para enfrentar lo inevitable.
De un tiempo a esta parte se ha avanzado mucho. Chile cuenta con hojas de ruta, planes de infraestructura e inversión, pero sigue siendo insuficiente. Aún son millones de personas en nuestro país que dependen de que el municipio envíe camiones aljibes para satisfacer sus necesidades mínimas y sectores productivos completos que no saben si podrán seguir operando como hasta ahora.
Como gran solución se ha planteado la desalación. Qué duda cabe que ya está cumpliendo un rol fundamental en algunas localidades e industrias, pero está lejos de transformarse en la única respuesta. No hay balas de plata. El camino es complejo y es mejor enfrentarlo con distintas estrategias, con mirada local, técnica y costo-eficiente.
Por su naturaleza flexible, los Acuerdos de Producción Limpia de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC), han mostrado una potente alternativa para empujar soluciones adecuadas a las distintas realidades. Así, son miles las empresas chilenas que han podido ordenar, gestionar, medir, reducir y verificar el uso del recurso hídrico. Lo mismo hemos podido impulsar en los territorios. Ya son 80 comunas que cuentan con su Estrategia Hídrica Local (EHL), que les ha permitido enfrentar el desafío con mirada local y sacando provecho al máximo de las capacidades instaladas.
Nada de esto alcanza por separado. Nuestro país necesita desalación, eficiencia empresarial, regulación, inversión y gestión local. La pregunta es si podemos articularlo antes de que la escasez nos obligue a hacerlo tardíamente y a un alto costo.
Desde la ASCC, ese es nuestro granito de arena: aportar instrumentos para pasar del diagnóstico a la acción. Porque si seguimos esperando que un monstruo nos traiga la lluvia, el problema no será solo la sequía, también enfrentaremos crisis económica, migratoria, de biodiversidad, entre otras, y no habrá ningún superhéroe que nos salve.
Columna publicada en InduAmbiente n° 200 (mayo-junio 2026), página 88.
