Viernes 22 de mayo de 2026.- Las especies invasoras generan en Chile pérdidas anuales de, al menos, US$87,9 millones –cifra que proyectada a 20 años supera los US$2.003 millones– y pueden transmitir enfermedades, contaminar la cadena alimentaria y ampliar el hábitat de vectores como el mosquito del dengue, efectos que todavía son subestimados en la gestión pública.
Así lo plantea el académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción y director del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), Aníbal Pauchard, quien participó en un taller internacional organizado por la Convención de la Diversidad Biológica sobre control de especies invasoras en América Latina, realizado recientemente en Panamá. La instancia reunió a representantes de gobiernos, organismos técnicos y académicos para avanzar en la implementación de medidas al 2030.
El tema es particularmente relevante en el contexto del Día Internacional de la Biodiversidad 2026, que se celebra hoy viernes 22 de mayo.
En Chile, ejemplos como el jabalí, el visón o la avispa chaqueta amarilla han traído efectos tanto productivos como sanitarios: proyectados a 20 años, sus impactos económicos alcanzan los US$603 millones, US$417 millones y US$497 millones, respectivamente.
Según el especialista, quien fue recientemente nombrado copresidente del Grupo de Especialistas en Especies Invasoras de la Comisión para la Supervivencia de las Especies (CSE) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), uno de los principales problemas es que estos riesgos se abordan de manera fragmentada, sin una coordinación efectiva entre los distintos sectores del Estado.
"Tenemos que entender que todo esto está de la mano: daños económicos, daño a la salud y daño a la biodiversidad son parte de una misma situación", señala Pauchard. En ese contexto, agrega que la conexión con la salud y el daño económico ha sido clave para que autoridades y comunidades tomen conciencia del problema: "Es ahí cuando nos toman atención".
El académico advierte que algunas especies invasoras pueden actuar directamente como vectores de enfermedades. "Los mosquitos que están llegando pueden portar dengue u otras enfermedades, y con las condiciones climáticas más cálidas de Chile se va generando mayor hábitat para ellos", explica. A esto se suman riesgos asociados a animales como el jabalí, que puede transmitir zoonosis como la triquinosis, o a organismos que aún no ingresan al país, como el caracol africano, detectado en controles fronterizos y considerado un potencial vector de parásitos.
También existen efectos indirectos. "Hay plantas invasoras que pueden generar hábitat para mosquitos o producir alergias más intensas que las especies nativas", indica. En otros casos, la alteración de ecosistemas puede facilitar la proliferación de vectores o afectar condiciones ambientales que inciden en la salud.
En este contexto, cobra relevancia el concepto de bioseguridad, entendido como el conjunto de acciones destinadas a reducir el riesgo de que organismos vivos causen daño ambiental, económico o a la salud de las personas, integrando medidas de prevención, control y gestión.
Este enfoque coincide con una línea de investigación reciente en la que el propio Pauchard participa como coautor, publicada en la revista BioScience, que plantea que la bioseguridad y la salud han sido abordadas históricamente por separado, pese a enfrentar riesgos comunes.
El estudio advierte que las invasiones biológicas –incluyendo especies, patógenos y vectores– pueden tener impactos directos e indirectos en la salud humana, desde la propagación de enfermedades hasta efectos sobre la seguridad alimentaria y los ecosistemas que sostienen el bienestar de las personas.
Enfoque integrado
Según el análisis, existe una baja integración entre estos ámbitos: aunque hay miles de investigaciones en salud y bioseguridad, menos del 1% las aborda de manera conjunta, lo que refleja una desconexión que limita la capacidad de respuesta frente a amenazas complejas.
En Chile, el país muestra avances en el control de plagas de impacto económico, liderados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), pero mantiene brechas en el área ambiental y en la coordinación entre instituciones. "Los ministerios no siempre están coordinados y eso afecta la respuesta a este problema. La intersectorialidad es aún incipiente, y eso es algo que se repite en todos los países. Así por ejemplo, los Ministerios de Medio Ambiente deben mejorar la coordinación con otros Ministerios como Agricultura o con Pesca", afirma.
Aníbal Pauchard sostiene que avanzar hacia un enfoque integrado (que vincule salud, biodiversidad y producción) permitiría mejorar la prevención y priorización de riesgos. "Cuando uno conecta esto con salud, también conecta con la idea de la prevención. Y eso fortalece las barreras de entrada frente a especies que pueden ser dañinas", señala.
El investigador advierte que no se trata de abordar todas las especies al mismo tiempo, sino de priorizar aquellas con mayor impacto potencial. "Elegir cinco o diez especies ya es un paso importante para empezar a hacer manejo".
El desafío, concluye, es dejar de entender las especies invasoras como un problema exclusivamente ambiental. "No debiéramos enfocarlo solo en biodiversidad, porque eso hace que se vea como un tema de un solo ministerio. Es un problema mucho más transversal", advierte.
Impacto a 20 años
En Chile, el impacto económico de las especies invasoras fue cuantificado en una evaluación publicada en 2016 por el proyecto GEF-MMA-PNUD: siete especies exóticas generan pérdidas anuales mínimas de cerca de US$87,9 millones, cifra que proyectada a 20 años supera los US$2.003 millones. El estudio advirtió que esos números representan un "piso mínimo" de pérdidas, ya que muchos impactos no pudieron ser cuantificados.
El estudio analizó los efectos del castor, conejo europeo, jabalí, visón, avispa chaqueta amarilla, zarzamora y espinillo, considerando daños a sectores productivos, biodiversidad y costos de gestión. Entre los mayores impactos proyectados a 20 años figuran el jabalí, con pérdidas estimadas sobre los US$603 millones; la chaqueta amarilla, con cerca de US$497 millones; y el visón, con más de US$417 millones.
"Las invasiones impactan sistemas naturales y su biodiversidad, necesarios para el bienestar humano y el desarrollo de un país", señalaba el documento, donde se sostenía que las especies invasoras deben entenderse no solo como un problema ecológico, sino también económico y social.
Fuente: Richard García & Meirovich.

