Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

¡Muy Vigentes!

¡Muy Vigentes!

Dos especialistas destacan la gran utilidad y eficiencia que siguen teniendo los lavadores de gases en el control de partículas y gases. También plantean opciones para optimizarlos.



Los contaminantes atmosféricos tienen un enemigo declarado hace ya varias décadas: los lavadores de gases, sistemas que tienen la gran ventaja de remover partículas y gases de manera simultánea.

Sobre su utilidad actual, Patricio Ubilla, CEO de Odour Solution -empresa que provee estos equipos- comenta que esta tecnología sigue "plenamente vigente y es altamente útil en el control de emisiones industriales, especialmente cuando se requiere abatir material particulado, gases ácidos, compuestos solubles, vapores condensables y, en algunos casos, olores asociados a procesos productivos. Su principal fortaleza es que permiten tratar corrientes complejas, húmedas, calientes o con mezclas de contaminantes, con las cuales otras tecnologías pueden presentar limitaciones operacionales".

En términos similares se manifiesta Williams Rebolledo, gerente de nuevos negocios y MKT de Ingemecanic, que también participa en este mercado. A su juicio, "los lavadores de gases (scrubbers) continúan siendo una de las tecnologías más útiles y eficientes para el abatimiento simultáneo de partículas y gases contaminantes, alcanzando eficacias superiores al 99% en la captura de partículas finas y gases ácidos (como SO2, HCl, HF) y compuestos orgánicos volátiles (COV)".

Integración tecnológica

¿Se están reemplazando estas soluciones? Más que su sustitución, Patricio Ubilla apunta a una mayor especialización tecnológica de los lavadores en los últimos años. Lo explica: "Para material particulado seco y fino, por ejemplo, pueden preferirse filtros de mangas o precipitadores electrostáticos; para compuestos orgánicos volátiles poco solubles, puede utilizarse carbón activado, oxidación térmica, oxidación catalítica o biofiltración; y para olores biodegradables, se han ganado un espacio los biofiltros y biotrickling filters. Sin embargo, al ser conceptualmente reactores químicos, los lavadores continúan siendo muy competitivos cuando el contaminante es soluble, reactivo o puede ser transferido eficientemente a una fase líquida", asegura.

Agrega que, en términos prácticos, los lavadores de gases "se han integrado dentro de sistemas de tratamiento más inteligentes. Hoy es común considerar configuraciones híbridas, por ejemplo, prelavado para enfriamiento y remoción de partículas, seguido de adsorción, biofiltración u oxidación, dependiendo del contaminante objetivo. Esta lógica permite mejorar la eficiencia global, proteger etapas posteriores y reducir costos de operación".

Complementando, indica que "el error más frecuente es seleccionar un lavador como si fuera un equipo estándar. En realidad, su desempeño depende fuertemente de la caracterización de la emisión, del equilibrio gas-líquido, área y tiempo de contacto, solubilidad del contaminante, pH, relación líquido/gas, pérdida de carga y de la química de neutralización. Por eso, la utilidad real del equipo no depende solo de comprar un lavador, sino de diseñarlo correctamente para cada proceso en particular".

Por su parte, Williams Rebolledo plantea que, a diferencia de los filtros secos (como los de mangas), que son excelentes para partículas pero no tratan gases, o los precipitadores electrostáticos, que manejan bien el polvo a altas temperaturas pero tienen limitaciones con gases solubles, "los lavadores húmedos ofrecen la ventaja única de tratar ambas fases en un solo equipo. Además, minimizan los riesgos de incendio o explosión al trabajar con corrientes de aire calientes o polvo combustible".

De ahí que, subraya, estos sistemas no se están reemplazando, sino que coexisten y a menudo se complementan con otras tecnologías. "En escenarios donde predominan exclusivamente polvos muy finos sin gases corrosivos, los filtros de mangas pueden preferirse por no generar efluentes líquidos. Sin embargo, en procesos químicos, metalúrgicos o de incineración, donde hay una mezcla compleja de contaminantes, los scrubbers siguen siendo insustituibles", afirma.

Optimización

Rebolledo resalta que, en los últimos años, los lavadores de gases han sido optimizados en su diseño hidráulico y aerodinámico, y en lo relativo a la selección de materiales avanzados. "El uso de modelado computacional de fluidos (CFD) permite hoy diseñar elementos internos (como boquillas de aspersión y empaques) que maximizan el área de contacto gas-líquido reduciendo la caída de presión, lo que se traduce en un menor consumo energético de los ventiladores. Además, la automatización y el control inteligente (sistemas de monitoreo continuo de pH, conductividad y dosificación automática de reactivos) han mejorado drásticamente la estabilidad operativa y reducido el consumo de agua y químicos", detalla.

Ubilla, en tanto, pone de relieve la mayor eficiencia de transferencia de masa, menor consumo de agua y de energía, y mejor control operacional de esta tecnología. "Actualmente, los lavadores pueden incorporar sistemas de recirculación optimizada, control automático de pH y conductividad, dosificación química proporcional, separadores de gotas de mayor eficiencia, boquillas de atomización mejoradas, materiales anticorrosivos y diseños internos que aumentan el contacto gas-líquido sin incrementar excesivamente la pérdida de carga", añade.

Los lavadores de gases, asimismo, exhiben avances en la selección de configuraciones. "Un lavador Venturi, por ejemplo, puede ser adecuado para partículas finas y corrientes con alta carga de material particulado, pero suele implicar mayor pérdida de carga y mayor consumo energético. En cambio, un lavador de lecho empacado puede ser más eficiente para gases solubles o gases ácidos, con menor caída de presión, siempre que la corriente no tenga una carga de sólidos que provoque ensuciamiento o taponamiento. Esta distinción es fundamental al momento de diseñarlos", expone.

Con respecto a opciones para su optimización futura, Williams Rebolledo apunta a la participación de los lavadores en un modelo de economía circular que busque "la recuperación de subproductos valiosos a partir del efluente de lavado (por ejemplo, recuperación de azufre o fertilizantes) y la integración de tecnologías híbridas, como los bio-scrubbers, que utilizan microorganismos para degradar contaminantes con una huella de carbono aún menor", especifica.

Como reflexión final, acota que "es fundamental que un lavador de gases no se diseñe únicamente para cumplir la norma en el papel, sino que para operar de manera robusta y confiable frente a las fluctuaciones reales del proceso industrial".

Cambio de diseño

A propósito de su diseño, Patricio Ubilla manifiesta que una oportunidad importante de mejora de estos equipos implica pasar desde diseños genéricos hacia diseños basados en datos reales del proceso, como caudal, temperatura, humedad, granulometría del material particulado, concentración de gases, variabilidad operacional, corrosividad, régimen de operación y objetivos normativos o ambientales. Y otra es incorporar monitoreo operacional no solo al final de la chimenea, sino dentro del sistema, considerando presión diferencial, pH, ORP, conductividad, caudal de recirculación, consumo de reactivos y condición de boquillas o relleno.

Enseguida expresa: "En nuestra experiencia, muchas ineficiencias no se deben a que la tecnología sea mala, sino a que fue mal especificada, mal operada o no se ajustó a la química real de la emisión. Por eso, una línea de mejora relevante es combinar ingeniería de procesos, diagnóstico ambiental y operación asistida. Esto permite reducir sobredimensionamientos, evitar consumos excesivos de reactivos, minimizar purgas líquidas y mantener eficiencias estables en el tiempo".

Apelando a su experiencia y conocimiento, argumenta que es clave que un lavador de gases se entienda "no solo como un equipo de abatimiento, sino como una solución de ingeniería ambiental integrada. Para que funcione correctamente, debe partir con una buena caracterización de la fuente emisora, una definición clara del contaminante objetivo y un diseño coherente con las condiciones reales del proceso. Esto es especialmente importante en industrias con emisiones variables, presencia de humedad, vapores calientes, olores persistentes o mezclas de partículas y gases".

Artículo publicado en InduAmbiente n° 200 (mayo-junio 2026), páginas 70 a 71.