El suelo es un recurso extremadamente vulnerable que enfrenta a diario múltiples amenazas. Una de las más severas es la contaminación por aceites, combustibles, agroquímicos y/o metales pesados, entre otros compuestos. El mismo riesgo viven a diario los cursos y cuerpos de agua.
Según los últimos datos dados a conocer por el Ministerio del Medio Ambiente, en Chile existen 10.253 sitios (suelos y aguas) con potencial presencia de contaminantes (SPPC). De éstos, la mayoría está asociada a estaciones de servicio de combustibles (2.027); extracción y procesamiento de mineral cobre, plata, molibdeno y oro (1.730); disposición de residuos mineros masivos (1.643); disposición de residuos sólidos (1.519); y desarrollo minero de petróleo y gas (920). En cuanto a emplazamiento, se concentran en las regiones de Atacama (1.195), Coquimbo (1.024), Metropolitana (992) y Antofagasta (953).
Guías y normas
¿De qué manera ha evolucionado y se ha optimizado en los últimos años el diagnóstico y/o evaluación de los SPPC en nuestro país? En un primer análisis, Cristóbal Girardi, líder de remediación ambiental de Fundación Chile, sostiene que estos procesos "han mejorado en el tiempo, con una mayor disponibilidad de guías y normas de referencia, y mayor conocimiento de las autoridades y de los profesionales ejecutores, pero siguen existiendo brechas importantes, como la necesidad de una norma de calidad primaria de suelos y eventualmente de una de agua subterránea".
Más en detalle, recuerda que a nivel nacional, a partir de 2013, existe una guía metodológica para la gestión de los SPPC, la que fue desarrollada por el equipo de Fundación Chile para el Ministerio del Medio Ambiente (MMA). "La guía detalla las tres fases que comprende el estudio de un sitio potencialmente contaminado y permite llegar a un diagnóstico del mismo, pasando, si así lo amerita, por una evaluación de riesgos a la salud de las personas y al medio ambiente que determinará la necesidad de implementar un plan de remediación. Este documento ha sido fundamental para avanzar en la gestión de sitios contaminados, principalmente para autoridades, pero también para empresas, instituciones académicas y técnicas dedicadas, y la ciudadanía, ya que a partir de su publicación se establece un estándar metodológico para el estudio de sitios", expone.
En 2025, el MMA publicó una actualización de la guía en la que se entregan lineamientos complementarios y más específicos para algunas de las actividades de las fases I y II y III, "lo que la convierte en una guía más explicativa, fortaleciendo la evaluación del riesgo asociado al sitio. Por ejemplo, se cambia el uso del concepto suelo a sitio potencialmente contaminado, lo que deja explícito que no solo se requiere del análisis del suelo para elaborar un diagnóstico ambiental, sino que también de otras matrices ambientales como aguas superficiales y subterráneas, sedimentos y polvo depositado, entre otras", resalta el experto.
Cristóbal Girardi comenta que los avances en equipos para uso exploratorio y en las técnicas de análisis químico en laboratorio permiten detectar concentraciones muy bajas de contaminantes conocidos y emergentes.
Además, para la investigación de Fase I se ajustan las actividades potencialmente contaminantes a la realidad de Chile, pasando de más de 100 a 25. Y se entregan detalles que complementan la guía del 2013 para la elaboración de un plan de muestreo, como sugerencias técnicas, normas o guías nacionales e internacionales pertinentes y requisitos de profesionales muestreadores.
Otro cambio importante es que la guía 2025 busca ser la principal referencia en Chile en metodologías de evaluación y remediación de sitios para cualquier usuario interesado de los sectores público y privado.
Enfoque integral
Arthur Duvillier, remediation technical manager en Séché Chile, coincide en que, en los últimos años, el diagnóstico de los SPPC en territorio nacional "ha evolucionado significativamente, pasándose de campañas de muestreo puntuales a un enfoque integral basado en la comprensión del funcionamiento del sitio y en la evaluación de riesgos. Actualmente, el punto de partida es la elaboración de un Modelo Conceptual del Sitio que busca identificar tres elementos fundamentales: la fuente de contaminación, las vías o vectores de migración y los receptores potencialmente expuestos. Esta metodología permite orientar las investigaciones desde el inicio y optimizar tanto los recursos como los tiempos de ejecución".
Explica, asimismo, que la estrategia de investigación dependerá del uso histórico del terreno. Por ejemplo, en una antigua refinería o estación de expendio de combustibles el análisis se orientará principalmente a la búsqueda de hidrocarburos, que pueden encontrarse en distintas fases: adsorbidos en el suelo, disueltos en las aguas subterráneas o en fase gaseosa dentro de los poros del terreno.
"Las investigaciones suelen comenzar con campañas de muestreo de suelos mediante perforaciones o calicatas ejecutadas con excavadoras. Éstas permiten describir el perfil litológico del terreno, identificar los distintos horizontes geológicos, determinar la profundidad del nivel freático y localizar las zonas potencialmente contaminadas. A partir de esta información, se diseñan e instalan pozos de monitoreo para efectuar el seguimiento de las aguas subterráneas", especifica.
De manera complementaria, los muestreos de gases del suelo permiten cuantificar la presencia de compuestos volátiles y evaluar posibles riesgos por inhalación o intrusión de vapores en futuras edificaciones.
A su juicio, "estos datos son fundamentales para desarrollar modelos de riesgo cada vez más precisos. Y la incorporación de equipos de medición en tiempo real, modelos hidrogeológicos, sistemas de información geográfica (SIG) y herramientas de simulación ha logrado optimizar considerablemente el diagnóstico y reducir la incertidumbre durante la caracterización ambiental".
Arthur Duvillier señala que la investigación de un SPPC sigue metodologías reconocidas internacionalmente que se deben adaptar a la legislación y a las particularidades de cada país.
Para Cristóbal Girardi, los avances tecnológicos han facilitado la búsqueda y procesamiento de la información, así como el estudio del medio, integrando gran cantidad de datos ambientales y mapas con distinta información relevante para el análisis.
"Las herramientas de percepción remota, por ejemplo, permiten obtener una descripción del sitio, incluyendo una primera noción del impacto y también de su entorno cada vez más detallado. Con esto, se logra tener un diagnóstico preliminar de la situación antes de ir a terreno y de elaborar el plan de muestreo para el sitio. Y la inteligencia artificial juega un rol importante a la hora de buscar, recopilar e integrar información ambiental del sitio y el entorno, y ayudando a plasmarla espacialmente de forma simple y didáctica en un modelo conceptual o mapa del sitio, lo que hace posible visualizar y transmitir de mejor forma el diagnóstico para los distintos interesados", detalla.
Estudios comparables
Aunque el mercado de empresas que prestan servicios en este campo ha ido creciendo, Girardi sostiene que, en general, no cambia significativamente la metodología de trabajo empleada, "ya que los estudios de las distintas consultoras deben poder compararse. Sí pueden variar la experiencia y el conocimiento de los profesionales de cada organización y las herramientas tecnológicas con las que cuenten para realizar los estudios de los sitios".
En el mismo sentido, Arthur Duvillier indica que muchas empresas emplean metodologías similares, por lo que "las principales diferencias radican en la experiencia técnica, la calidad del modelo conceptual, la capacidad para interpretar correctamente los resultados y la selección de las tecnologías de investigación y remediación más adecuadas para cada proyecto".
¿Remediar o no?
Respecto a los casos en que se recomienda proceder con la remediación ambiental, Girardi comenta que "la evaluación de sitios contaminados se realiza con un enfoque de riesgo, es decir, si se demuestra la existencia de una fuente-ruta-receptor, se caracteriza y cuantifica el riesgo. Éste, en función de su magnitud, si supera el nivel aceptable, deberá impulsar la implementación o no de acciones de remediación. Las medidas más costo eficientes para el sitio dependerán del nivel de riesgo, de si se configura un riesgo actual o futuro asociado a un cambio en el uso del sitio, y de sus características. Lo anterior determinará el tipo de medidas a implementar y la urgencia con que se deban aplicar".
Arthur Duvillier concuerda y complementa: "La decisión de remediar un sitio no depende únicamente de la presencia de contaminación, sino, principalmente, del riesgo que ésta representa. Cuando existe un riesgo significativo para la población, los trabajadores, las aguas subterráneas o los ecosistemas, es necesario implementar medidas de remediación o de gestión del riesgo".
El representante de Séché añade que otro aspecto fundamental a considerar es el uso futuro del terreno. "Un mismo nivel de contaminación puede ser aceptable para un uso industrial, pero no para un proyecto residencial, un establecimiento educacional o un parque público. Por ello, la evaluación de riesgos incorpora escenarios futuros mediante modelos que permiten determinar si el sitio será compatible con el uso previsto", plantea.
Agrega que la tendencia internacional es privilegiar soluciones que eliminen o controlen el riesgo de manera sostenible, favoreciendo las tecnologías in situ y los tratamientos biológicos cuando las condiciones del sitio lo permiten.
DATO:
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Herramientas de referencia destaca Cristóbal Girardi para el diagnóstico y gestión de SPPC: las nuevas guías metodológicas del MMA, la guía para la evaluación ambiental del riesgo para la salud de la población del SEA, las guías de la USEPA para la evaluación de riesgo para la salud de las personas y ecológico, la guía ASTM E1527-21 y la guía ASTM E1903-19.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 201 (julio-agosto 2026), páginas 10 a 12.

