Los productores de oro en Chile tienen una gran inclinación por los nombres compuestos a la hora de bautizar los yacimientos. Los mejores ejemplos son Pascua Lama, Fénix Gold, Salares Norte y Lobo Marte, cuatro grandes proyectos del rubro que están en distintas etapas de desarrollo o con su actividad ya cesada, como ocurre con el primero.
El ex megaproyecto de Barrick Gold, por orden del Primer Tribunal Ambiental, debió concluir definitivamente sus labores, y desmantelar sus instalaciones en la Región de Atacama, por desviaciones en el manejo de glaciares y la contaminación de aguas locales.
Tal decisión refleja lo crucial que es el cumplimiento de la normativa y de altos estándares ambientales en las faenas auríferas asociados a esos aspectos, al uso intensivo de químicos (sobre todo cianuro y metales pesados como mercurio), a la gestión de residuos y relaves, y a la estabilidad física y química de las construcciones tras el cierre de faenas, principalmente.
En las operaciones de oro de mayor tamaño, la producción nacional del metal ha ido aumentando: en 2025, alcanzó a 45,27 toneladas de metal fino, un alza de 27,1% respecto de 2024, cuando se registraron 35,68 toneladas, de acuerdo con cifras de Cochilco. Y entre enero y mayo de 2026 la producción fue de 21.273 kg. "Este contexto hace especialmente relevante que el crecimiento productivo esté acompañado por mecanismos adecuados de prevención y control ambiental", asegura Carolina González, analista del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO).
Cabe señalar que entre un 55% y 60% del oro obtenido ha sido históricamente subproducto de la extracción de cobre, "pero nuevos proyectos podrían elevar la producción directa en hasta cerca de 60%, diversificando la matriz sin desplazar al cobre", destaca Cristián Cifuentes, líder senior de Estudios de CESCO, entidad que especifica que el potencial aurífero se concentra, en su gran mayoría, en las regiones de Atacama, Coquimbo y Antofagasta.
En el Ministerio de Minería, en tanto, resaltan que el actual escenario favorable de precios y la puesta en marcha en el último año de operaciones de mediana escala con altos estándares ambientales y de sustentabilidad en la Región de Atacama, como Salares Norte, "representan una oportunidad para diversificar la matriz minera chilena, que históricamente ha estado concentrada en cobre. Esto significa nuevas inversiones, empleo y actividad económica impulsada por encadenamientos productivos locales".
Evolución positiva
En CESCO aseguran que el desempeño ambiental actual de la minería del oro en Chile muestra una evolución positiva, sobre todo la nueva generación de operaciones. "Proyectos como Salares Norte incorporan relaves filtrados en seco, lo que evita depósitos de relaves convencionales y permite recircular más del 80% del agua de proceso en una zona de alta escasez hídrica. Y Fénix Gold opera con lixiviación en pilas de mineral sin chancar, lo que reduce su huella al prescindir de chancado y relaves, y evalúa usar agua desalinizada en una futura expansión", revela Carolina González.
Añade que a lo anterior se suman avances institucionales, como el fortalecimiento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental y de las labores de fiscalización por parte de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) que impactan en la gestión ambiental del rubro. "Además, proyectos en evaluación, como Lobo Marte y la extensión de La Coipa-Purén, han realizado procesos de participación ciudadana temprana e incorporado a las comunidades Colla en la línea base. También comprometieron el uso exclusivo de derechos de agua existentes sin aumentar la extracción. En conjunto, esto refleja una industria que aprende de experiencias pasadas y busca anticiparse a los impactos", asegura la especialista.
Carolina González releva los altos estándares ambientales de los proyectos auríferos más nuevos.
Asimismo, recuerda que la Ley de Cierre de Faenas Mineras ha incorporado obligaciones de estabilidad física y química y garantías financieras, ampliando la gestión ambiental hacia todo el ciclo de vida de las operaciones.
Con respecto al mercurio, usado aún en minería aurífera artesanal y de pequeña escala, Chile es Estado Parte del Convenio de Minamata desde 2018, estableciendo compromisos para reducir los riesgos asociados al empleo de este metal pesado. Desde el punto de vista ambiental, la principal amenaza vinculada a las faenas de oro corresponde precisamente a su uso y liberación cuando se emplea amalgamación para recuperar el metal, generando impactos sobre suelos, aguas, cadenas alimentarias y biodiversidad.
Desde el diseño
En procura de una mejora continua, el gran desafío de la minería del oro no es solo producir más, sino hacerlo "bajo estándares ambientales que, desde el diseño de los proyectos, consideren variables como eficiencia energética, biodiversidad, residuos y adaptación al cambio climático. Se trata de ámbitos transversales a la transformación ambiental y energética que está experimentando toda la minería chilena. Claramente, los nuevos proyectos deben avanzar también en descarbonización, gestión hídrica y la promoción de estrategias en economía circular. En particular, esta actividad presenta espacios para profundizar en la disminución del consumo de agua fresca y la reducción de residuos líquidos por medio de la implementación de alternativas de recirculación y tratamiento y control de descargas", puntualizan en el Ministerio de Minería.
En CESCO sostienen que las principales oportunidades de mejora se concentran en cuatro ámbitos:
• Gestión del agua y ecosistemas altoandinos, donde se emplaza gran parte de la minería aurífera, en cuencas con estrés hídrico y cerca de humedales y salares sensibles. "Los avances deberían orientarse en aumentar la eficiencia y recirculación que ya muestran las nuevas operaciones, fortalecer el monitoreo de aguas superficiales y subterráneas, y evaluar alternativas de abastecimiento con menor presión sobre fuentes continentales", expone Carolina González.
• Gestión de relaves y pasivos ambientales: Tecnologías como los relaves filtrados y la lixiviación sin relaves son un avance, pero persisten instalaciones históricas cuya remediación sigue pendiente. "Aquí se requiere fortalecer la identificación de riesgos, el cierre progresivo, el monitoreo post-cierre y la priorización de sitios para remediación", afirma la analista de CESCO.
• Mayor fiscalización basada en información y riesgo, integrando los datos generados por empresas, SMA y organismos sectoriales. "Esto permitiría detectar tempranamente desviaciones y mejorar la coordinación institucional", acota la profesional.
• Formalización, asistencia técnica y tecnologías que reduzcan o eliminen el uso de mercurio, en línea con el Convenio de Minamata, en la pequeña minería aurífera. Esto puede hacerse usando instrumentos de fomento ya existentes, plantea.
En relación al último punto, González subraya además que "aunque la evidencia disponible no permite caracterizar la minería ilegal de oro como un problema masivo en Chile, su baja visibilidad, dificultad de fiscalización y potencial impacto localizado justifican fortalecer su identificación, seguimiento y prevención, especialmente en zonas ambientalmente sensibles".
DATO:
US$1.500
Millones de dólares en inversión, y una vida útil de 22 años, considera el proyecto de oro Lobo Marte, cuyo estudio de impacto ambiental se tramita actualmente en el SEIA. Se pretende emplazaren la región de Atacama.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 202 (septiembre-octubre 2026), páginas 84 a 86.

