El diagnóstico de cáncer pulmonar de un niño de 8 años, en 2014, fue la gota que rebalsó el vaso. Residente de Beijing, el menor se convirtió ese año en la persona más joven con la enfermedad en todo China. Y cuyo origen estaba muy clara según sus médicos tratantes: la alta polución atmosférica en la capital del "gigante asiático".
El impacto mediático de la noticia fue el detonante para que el primer ministro chino de la época, Li Keqiang, decidiera declararle la "guerra a la contaminación" en la urbe de 22 millones de habitantes a través de un plan de acción de 10 medidas. Desde entonces, aunque sigue teniendo periodos de muy mala calidad del aire, Beijing ha mejorado notablemente sus indicadores en este ámbito.
En la última década, además, las iniciativas de descontaminación atmosférica se han extendido a la gran mayoría de las ciudades chinas, con una inversión superior a los US$ 537 mil millones tanto de fuentes gubernamentales como privadas. Como indica un reportaje de The Times (Reino Unido), esto ha implicado que más de 80 mil empresas contaminantes han sido clausuradas, reubicadas o forzadas a adoptar sistemas de energía limpia.
En concreto, desde 2013 los niveles de micropartículas MP 2.5, capaces de alcanzar los pulmones y el torrente sanguíneo, han caído 69,8% en Beijing, según reportó en enero pasado la municipalidad local. Y la contaminación por partículas (MP 10) cayó 41% en todo el país desde 2014, en tanto que el promedio de expectativa de vida aumentó 1,8%, según el Índice de Vida por Calidad de Aire de la Universidad de Chicago (AQLI).
Aunque esas cifras representan mínimos históricos para Beijing y otras ciudades chinas, todavía superan significativamente la directriz de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que recomienda una concentración anual máxima de 5 microgramos por metro cúbico.
Aguas, residuos y reforestación
También en la década pasada, específicamente en 2015, China decidió empezar a descontaminar sus aguas a través del Plan de Acción contra la Contaminación del Agua liderado por el Consejo de Estado. Su objetivo era mejorar la calidad de las aguas superficiales, subterráneas y costeras.
En los siguientes 10 años, la nación asiática logró avances significativos en la lucha contra la contaminación de las aguas superficiales. Entre 2014 y 2024, el porcentaje de este tipo de agua apta para beber, pescar y el contacto humano directo aumentó del 63% al 90,4%, según el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente, mientras que la proporción de las aguas más contaminadas cayó del 9,2% al 0,6%.
Sin embargo, persisten serios desafíos con el entorno hídrico rural, las aguas subterráneas y los nuevos contaminantes presentes en los cursos y cuerpos de agua.
En lo referente a la gestión de residuos, la política de China durante la última década se ha centrado en la incineración como solución técnica y energética frente al crecimiento urbano, el consumo masivo y la escasez de espacios para vertederos. Más de mil plantas incineradoras se han construido en ciudades y regiones del país, sumando una capacidad diaria de tratamiento superior a 1,1 millones de toneladas de residuos. Esta infraestructura representa más de la mitad de la capacidad mundial instalada para quemar residuos y convertirlos en energía.
No obstante, el descenso demográfico y la desaceleración del crecimiento económico, las mejoras en la gestión municipal y la prohibición de importar residuos sólidos extranjeros desde 2018, han provocado que hoy muchas plantas operen por debajo del 80% de su capacidad y, en algunos casos, apenas alcancen el 60%.
La reforestación es otra política de Estado que ha dado frutos en China. Iniciada hace más de cuatro décadas, para revertir la creciente desertificación y degradación del suelo, ha implicado la plantación de más de 66 mil millones de árboles en una franja de unos 4.500 kilómetros de largo, repoblando una superficie de unos 150 mil kilómetros cuadrados. La masiva intervención, sin embargo, ha traído dos grandes problemas: gigantescos brotes de alergia y alteración del ciclo del agua a escala nacional.
Cooperación con Chile
Con una economía abierta al mundo, China mantiene vínculos comerciales con países tan lejanos como Chile. De hecho, es nuestro principal socio en este ámbito, con negocios por US$ 66.555 millones durante el año 2025 y acogiendo cerca de un tercio de todas las exportaciones nacionales.
Pero las relaciones bilaterales han transcendido lo comercial y se han extendido hacia dimensiones como la ambiental. El punto de partida fue el acuerdo en la materia suscrito en septiembre de 2007 como parte del Tratado de Libre Comercio firmado por ambos países el año anterior.
En el Memorándum de Entendimiento en la materia se establecieron como áreas prioritarias y de interés mutuo, entre otras, el control y monitoreo de la contaminación ambiental; una política de manejo de la calidad del agua y tecnologías para su tratamiento; conservación ecológica y control de la contaminación de las áreas marinas y costeras; y mejoramiento de la conciencia ambiental, incluyendo la educación ambiental y la participación pública.
En los años más recientes, la colaboración de China con Chile ha tenido al cambio climático como foco central, sobre todo con iniciativas conjuntas para la mitigación y adaptación de nuestro país a este fenómeno. Estas se han centrado, principalmente, en la ciencia polar o antártica, la forestación, la protección de humedales, la transición energética y el transporte urbano.
En octubre de 2023, en una visita oficial del expresidente Gabriel Boric a China, la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo y su par de la nación asiática firmaron un acuerdo para trabajar conjuntamente en la implementación de la Agenda 2030 y construir proyectos bilaterales y triangulares que beneficien a Chile y otros países en desarrollo en temas como cambio climático.
Un informe de la CEPAL, en tanto, apunta a que la nación asiática ha priorizado en América Latina y el Caribe, incluyendo Chile, la identificación y aplicación de soluciones basadas en la naturaleza, la gestión sostenible del agua y la infraestructura resiliente como sectores clave para un desarrollo más productivo, inclusivo y sostenible de esta región.
Entre las últimas acciones destaca la puesta en marcha del Programa de Negocios Intercultural para la Promoción ESG Chile-China, que articula la participación de la academia y los sectores público y privado. La instancia busca consolidar la cooperación bilateral en materias ambientales, sociales y de gobernanza corporativa priorizando desafíos como la transición energética, la innovación tecnológica y la inversión sostenible. Apunta a sectores estratégicos como la energía, la minería, los recursos naturales, la salud, la biotecnología y las finanzas.
Aporte empresarial
Pese a que se estiman en más de un centenar las empresas chinas con operaciones en Chile, dos áreas concentran su mayor aporte en el área de la sostenibilidad: la transición energética y la electromovilidad, con inversiones en infraestructura de energías renovables no convencionales (ERNC), almacenamiento y tecnologías limpias.
BYD Chile, por ejemplo, marcó un nuevo hito en enero pasado cuando, junto al operador Metbus, completó la renovación de 950 buses por unidades 100% eléctricos de la marca que operan en el sistema de transporte público de Santiago, Red Movilidad. Desde 2017, sus máquinas han recorrido más de 230 millones de kilómetros en la Región Metropolitana, evitando la emisión de más de 525 mil toneladas de monóxido de carbono.
BYD ha hecho una gran contribución a la movilidad eléctrica en Chile.
Yutong es otro actor relevante de la Red Movilidad con cerca de 600 buses eléctricos, teniendo también presencia en el norte y sur del país. También participan de este mercado Foton y Zhongtong.
En vehículos eléctricos e híbridos particulares resalta la misma BYD y marcas como Maxus, MG, Changan, Dongfen y Chery.
En el sector energético chileno son protagonistas una multiplicidad de empresas chinas. En generación eléctrica marcan presencia a través de Pacific Hydro, China International Water & Electric Corp (CWE), Trinasolar y China Energy International Group, principalmente. En distribución, lo hacen con CGE y Chilquinta vía State Grid Corporation of China, mientras que en el área de transmisión la estatal China Southern Power Grid es parte del megaproyecto de línea de transmisión Kimal-Lo Aguirre junto con ISA Energía y Transelec. Con esta última estaba en negociaciones para tomar su control.
Por otra parte, firmas tecnológicas como CATL son parte fundamental de proyectos piloto para sistemas de almacenamiento de energía a gran escala. Y Tianqi Lithium (copropietaria de SQM y una de las mayores inversionistas en la industria del litio nacional) y otros consorcios de innovación tienen como objetivo asegurar la cadena de suministro global de baterías.
En el campo de la construcción y las obras públicas destaca Railway Construction Corporation (CRCC). La gigante estatal china se ha adjudicado megaproyectos que van desde la modernización de tramos ferroviarios hasta la construcción de complejos hospitalarios y obras viales de gran envergadura.
DATOS:
1
De agosto: fecha próxima en que entrará en vigencia en China una normativa que establecerá objetivos obligatorios de consumo de energías renovables para sectores industriales clave y para las administraciones provinciales del país.
2060
Año en que, a más tardar, China se ha comprometido a lograr la meta de ser carbono neutral. En el corto plazo, espera alcanzar una reducción de la intensidad de carbono de un 17% entre 2026 y 2030, con un recorte del 3.8% para este año.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 200 (mayo-junio 2026), páginas 100 a 102.

