
El Mercado del Carbono constituye una herramienta eficaz en la tan necesaria descarbonización de nuestra matriz energética en varios sentidos: es costo eficiente, atrae inversión ayudando a financiar proyectos que reducen emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), promueve nuevas tecnologías y la innovación, genera puestos de trabajo, reduce incertezas regulatorias, etc.
Chile se ha posicionado como un líder en la región en atraer financiamiento climático que permite desarrollar nuevos y más proyectos que reducen GEI. Contamos con la estructura administrativa y legal para seguir avanzando. Ya hemos firmado acuerdos con Suiza, Singapur y Japón que están activamente buscando financiar nuevas iniciativas. Ya tenemos 1.400 millones de dólares en inversión en 22 proyectos de mitigación. A nivel global un 23% de las emisiones globales de GEI se encuentra bajo mecanismos de comercio de emisiones transables.
El artículo 6 del Acuerdo de París autoriza a sus signatarios a cumplir con sus metas de mitigación a través de la compra de créditos de carbono. Y Chile se presenta con un proveedor confiable.
Sin embargo, para seguir avanzando debemos, de cara a la demanda, seguir buscando compradores y generando proyectos atractivos, donde el tamaño ¡sí importa!
De cara a la oferta, se deben desarrollar incentivos para grandes proyectos que efectivamente "muevan la aguja" en temas de mitigación y que presentan dificultades tecnológicas, financieras y regulatorias, como los sistemas de almacenamiento energético con baterías (BESS). Nada sacamos con promover iniciativas del tipo transporte escolar, techos solares o forestación de pequeños propietarios. No tengo nada personal contra proyectos de esa índole, pero por muy interesantes que sean, no son de interés de los grandes compradores y, lo más importante, no generan el impacto significativo necesario en mitigación. Los compradores -y lo digo con la experiencia de más de 20 años en el Mercado del Carbono, con diferentes "sombreros" y clientes- buscan grandes reducciones de emisiones, a fin de poder ser costo-efectivo, cumplir sus metas de mitigación y pagar los costos transaccionales, que son gastos no menores. ¡De este modo todos ganan!
Leamos bien este mercado y así podremos continuar, y por qué no aumentar, nuestra acción climática, promoviendo nuevos proyectos y, lo que es más importante, descarbonizando nuestra economía y mitigando gases de efecto invernadero a nivel mundial. ¡Que la ideología no supere a la evidencia!
Columna de opinión publicada en InduAmbiente n° 198 (enero-febrero 2026), página 53.
