Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Empoderar a los recicladores de base

Catalina Muñoz
Pacto Chileno de los Plásticos de Fundación Chile



Catalina Munoz
Marzo se inicia con la conmemoración del Día Nacional del Reciclador de Base, efeméride surgida tras la tragedia de 1992 en la Universidad Libre de Barranquilla, en Colombia. Se trata de un homenaje que debe evolucionar hacia una conversación urgente sobre formalidad laboral y reconocimiento a su rol en el Chile de la Ley REP. Es momento de pasar del agradecimiento protocolar a una apuesta real por la profesionalización del oficio.

Hoy, la implementación de la Ley REP se encuentra en un punto de inflexión. El trabajo de la Mesa Ejecutiva para la Productividad de Envases y Embalajes ha sido fundamental para identificar las trabas que frenan el sistema. Uno de los hallazgos es la falta de información de los ciudadanos sobre cómo reciclar. Aquí es donde el reciclador de base puede tomar un rol protagónico: nadie educa mejor que quien conoce el barrio, casa por casa.

Desde el Pacto Chileno de los Plásticos, creemos que la propuesta de crear programas regionales de educación ambiental bajo comisiones multisectoriales es el camino correcto. No obstante, para que sea exitoso, los recicladores deben ser actores centrales de esa bajada a terreno. No lo decimos desde la teoría, sino desde la práctica: el proyecto desarrollado en San Antonio, con la cooperativa de recicladores Coremat, el municipio y el programa Sonrisa Circular de Soprole, nos permitió probar el éxito de modelos de trabajo conjunto.

Sin embargo, para que esta participación sea efectiva, el Estado y el sector privado enfrentan desafíos importantes, como el bajo nivel educativo formal y la brecha tecnológica del gremio. Tratándose de un oficio que se ha forjado en la libertad de la calle, es fundamental no solo entregarles una certificación, sino invertir en acompañamiento y capacitación continua para que la tecnología sea un aliado de su progreso y no un muro de exclusión. Con el apoyo de movimientos como Anarch y Mongerch, debemos demostrar a cada reciclador que la formalidad no es una pérdida de libertad, sino una plataforma de desarrollo y protección.

Empoderar al reciclador de base significa que ellas y ellos se reconozcan como piezas clave de una cadena. Este cambio requiere incentivos tangibles, mostrando las ventajas de integrarse al modelo tradicional de trabajo, con horarios establecidos, salarios seguros, ahorro previsional, derecho a vacaciones pagadas y protección social frente a accidentes.

La Mesa Ejecutiva también ha propuesto mecanismos para incentivar a quienes operan fuera de las licitaciones oficiales, permitiendo que sus flujos históricos cuenten para las metas nacionales, teniendo un monitoreo formal distinto.

Honrar el rol de las y los recicladores de base es entender que el éxito de la economía circular no se medirá solo por las toneladas que dejamos de enviar a sitios de disposición final, sino también por nuestra capacidad de integrar al eslabón fundamental de la REP en el desarrollo sostenible del país. Así, la deuda que nació en Colombia puede ser finalmente saldada, reconociendo el valor de este oficio histórico en un modelo donde el reciclador de base sea un socio estratégico de la economía circular.