
La economía circular en Chile enfrenta hoy un desafío estructural: avanzar desde la recolección y disposición de residuos hacia modelos integrales de tratamiento que permitan generar valor ambiental, social y energético. Para lograrlo, no basta con optimizar lo existente; se requiere transformar la infraestructura y la forma en que los residuos se gestionan, incorporando soluciones técnicamente robustas y económicamente sostenibles.
Desde la experiencia de EBI Chile —parte de un grupo canadiense con más de 65 años de trayectoria— hemos comprobado que los centros de tratamiento de residuos deben evolucionar hacia centros integrales, capaces de articular múltiples soluciones en un solo ecosistema operativo. Esto implica complementar la recolección selectiva con segregación avanzada, fortalecer el reciclaje, incorporar valorización orgánica mediante compostaje, y aprovechar el potencial energético de los residuos a través de la captura y uso del biogás, ya sea para generación eléctrica o inyección a redes de gas existentes.
A ello se suma el reúso de aguas servidas tratadas para fines operacionales, contribuyendo a una gestión hídrica más eficiente y resiliente, especialmente relevante en contextos de escasez. Asimismo, un centro integral debe asegurar la disposición final segura y controlada de la fracción restante, solo después de haber evaluado todas las alternativas de valorización técnica y ambientalmente viables.
Este enfoque también exige incorporar de manera transparente el factor económico. Existen soluciones altamente sofisticadas desde el punto de vista tecnológico, pero cuyos costos pueden resultar inviables para una implementación local y masiva. La economía circular requiere modelos que equilibren desempeño ambiental, impacto social y costos razonables.
A diferencia de modelos centrados exclusivamente en la reconversión paisajística de rellenos sanitarios, nuestra aproximación pone el foco en la función productiva, energética y comunitaria de la infraestructura, con soluciones diseñadas según la realidad de cada zona.
Chile necesita ampliar con urgencia su capacidad local de tratamiento mediante infraestructura ambiental crítica, diseñada para operar de forma segura, eficiente y con estándares internacionales. La correcta implementación de la Ley REP y el avance efectivo de la economía circular dependen, en gran medida, de contar con centros capaces de integrar valorización, energía, agua, educación ambiental y disposición final segura en un solo modelo operativo.
En EBI Chile creemos que la economía circular no se decreta ni se importa: se construye junto a la comunidad. Con conocimiento técnico, experiencia internacional y presencia en las regiones, apostamos por centros integrales que transformen los residuos en energía, recursos, empleos verdes y confianza social, habilitando un desarrollo sostenible concreto y medible para el país.
Columna de opinión publicada en InduAmbiente n° 198 (enero-febrero 2026), página 24.
