Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Una nueva era en el riesgo climático

Arturo Brandt
Master of Law in Environmental Laws - Vermont Law School





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En los últimos años el término “riesgo climático” ha ido creciendo hasta tomar un rol fundamental para los grandes bancos e inversionistas, que en definitiva son quienes financian los grandes proyectos.

Hoy, el “riesgo climático en sus diferentes variantes” es parte del “manual de operaciones” de muchas compañías en el extranjero, y esperamos, dentro de poco, en las empresas nacionales, en tanto se busca comprender a cabalidad los impactos del cambio climático en la sociedad y en los negocios.

¿Por qué estas compañías están preocupadas por este asunto que hasta hace algunos años no imaginaban?

Cabe señalar primero que su interés no tiene que ver con transformarse en “capitán planeta”, sino que, pura y simplemente, se relaciona con sus finanzas.

Nuestra economía ha sido diseñada y desarrollada sobre el supuesto de un clima estable, es decir, permanente en el tiempo, lo que permite predecir el futuro, con cierta certeza. Trabajemos con un ejemplo que puede ilustrar mejor esta situación. Hace un par de años las compañías generadoras de electricidad con fuente hidroeléctrica, a fin de evaluar los flujos de agua necesarios para diseñar sus proyectos, analizaban los patrones de flujos de agua de los últimos 30 años en una cuenca determinada, y los proyectaban hacia los siguientes 30 o más años de funcionamiento de la central hidroeléctrica. Esta proyección estable en el tiempo ya no es más un dogma. El clima está cambiando, y eso significa que esta “predicción sin variantes” ya no es válida a futuro. Claramente los flujos de agua serán diferentes y, por cierto, a la baja.

Nuestro clima está cambiando y hoy no sabemos con certeza cómo. Esta es la “madre” del problema, no solo para quien desarrolla un proyecto, sino también para quien lo financia.

La banca y los inversionistas están hoy en día cada vez más conscientes de este fenómeno, y están desarrollando nuevas taxonomías a fin de evaluar los riesgos asociados.

Junto a lo anterior, debemos destacar los riesgos no solo asociados al diseño del proyecto, sino también a la operación del mismo, los cuales pueden venir de actores que no estaban en el radar de los desarrolladores ni financistas de un proyecto.

Hace un par de semanas un panel de tres jueces en Holanda ordenó a Shell reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 45% comparado con los niveles de 2019, para fines de 2030.

Las implicancias de este fallo, va más allá del sector energía. Por primera vez en la historia, una Corte ordena a una compañía privada, más allá de un Gobierno frenar sus emisiones de GEI.

Esta inédita e histórica decisión nos lleva a pensar que los mayores contaminantes globales, tendrán un nuevo actor al cual rendir cuentas: el poder judicial. Este fallo, como mínimo servirá como una alerta a las compañías tanto dentro como fuera del sector de los combustibles fósiles.

En definitiva, el cambio climático nos está dejando una gran lección: avanzamos hacia una nueva forma de analizar los riesgos, muchos de los cuales son difíciles e impredecibles, tanto para la evaluación como el desarrollo de los proyectos.

Columna publicada en InduAmbiente N° 170 (mayo-junio 2021), pág. 27.