Como ocurre en gran parte del mundo, la agricultura es el principal consumidor de agua en Chile. De hecho, datos del último Censo Nacional Agropecuario y Forestal, correspondiente al año agrícola 2020-2021, indican que este sector representa aproximadamente el 73% del uso consuntivo del recurso hídrico a nivel nacional.
En ese contexto, la gestión eficiente del agua en este rubro resulta cada vez más urgente, considerando que factores como el cambio climático, el crecimiento de la población y de las actividades productivas aumentan la presión sobre la disponibilidad de este bien vital.
¿Cuál es la situación actual en esta materia?, ¿qué avances se han logrado en los últimos años?, ¿cuáles son los principales desafíos para optimizar el uso de agua en la actividad agrícola y agroindustrial? Seis especialistas analizaron estos y otros temas en el foro que detallamos a continuación.
Invitados:
XIMENA RUZ
Directora Ejecutiva de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático.
FEDERICO ERRÁZURIZ
Gerente de Políticas Públicas de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). Ex director de la Comisión Nacional de Riego.
ALEJANDRO ANTÚNEZ
Investigador e ingeniero agrónomo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).
LEONARDO MÁRQUEZ
Subgerente de Medio Ambiente y Sostenibilidad de Empresas IANSA.
CAMILA AGUIRRE
Head of Water and Climate Development en Kilimo.
OLIVIA CÓRDOVA
Integrante del Centro de Gestión y Tecnologías de Eficiencia del Agua del Duoc UC.
InduAmbiente: Iniciaremos esta conversación con una pregunta general que esperamos nos sirva para construir un panorama de la situación actual: ¿cómo calificarían el nivel de eficiencia hídrica en el sector agrícola y agroindustrial?
Ruz: Difícil pregunta, pero tengo algunos ejemplos que pueden graficar el panorama. En la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático hemos impulsado más de 250 acuerdos de producción limpia (APL) con las empresas y, si uno hace un análisis histórico de su contenido, hoy el agua es el tema prioritario de todos estos acuerdos.
En el año 2020 nos propusimos una meta: lograr que las empresas de Chile redujeran a lo menos un 10% su consumo hídrico durante el periodo de implementación de un acuerdo, que es de dos años más o menos. Y en los últimos cinco años tenemos un 32% de ahorro logrado, lo cual significa que las empresas chilenas están muy preocupadas de este tema que pasó de ser un asunto solo ambiental a ser un factor de competitividad y de resiliencia.
Hay que destacar también que casi el 60% de las empresas que participan en los APL son del sector agrícola. Además, tenemos un gremio que ha estado casi 20 años con nosotros y lleva cinco acuerdos de producción limpia: ChileAlimentos que reúne a la industria procesadora de frutas y hortalizas. Ellos partieron con un consumo de, si no me equivoco, de 25 m3 de agua por tonelada producida y hoy día están en menos de 10 m3. O sea, han ido bajando en forma impresionante ese indicador, lo que para nosotros es un caso exitoso. Como ese ejemplo, tenemos otros indicadores favorables en varias industrias.
Errázuriz: Yo voy a retroceder un poco hacia el campo, donde tenemos muy buenos números generales: en Chile se supone que un 59% de la superficie regada está tecnificada, lo que está muy por sobre cualquier otro país en Sudamérica, pero eso no necesariamente implica que se estén usando bien esos equipos. La eficiencia real no la sabemos. El INIA ha hecho algunas mediciones, pero obviamente no tenemos un dato real de todo el país. Entonces, ahí tenemos una brecha.
Vamos bien: entre los dos censos agrícolas, realizados en 2007 y en 2021, la superficie tecnificada subió de cerca de un 20% a un 59%, lo que también se debe a que bajó la superficie regada. Nos falta saber cómo se está regando para ver si estamos siendo realmente eficientes. ¿Estamos regando en base al requerimiento del cultivo?, ¿tenemos un programa diario de riego o se programa por la temporada? Responder esas y otras inquietudes es un desafío.
Márquez: Estoy de acuerdo con las dos intervenciones anteriores. Por el lado agrícola, Iansa tiene un 84% de la superficie de cultivo de remolacha con riego tecnificado, en tomates alrededor del 90% y, efectivamente, es muy importante la forma en que se manejan esos sistemas. Ahí, nuestros técnicos están siempre con el agricultor al lado, viendo temas como el balance de riego que va cambiando durante toda la temporada.
Por el lado industrial, en tanto, yo soy fan de los APL. Y a través de estas herramientas hemos ido viendo cómo el tema del agua ha ido migrando de ser algo que ve el área ambiental de las empresas a ser un tema operacional.
Cada vez vemos más ejemplos de falta de agua, por lo tanto, eso es un asunto crítico para los KPI de producción y los APL han servido para que toda la organización se inmiscuya en estos temas.
Antúnez: Coincido con lo que señalaba Federico (Errázuriz) en relación a la eficiencia: en 20 años hemos superado muy bien nuestro índice de tecnificación, pero está la brecha del buen uso que es indiferente del nivel tecnológico o del potencial empresarial del agricultor. Hay pequeños productores que están regando bien y otros muy mal, y también me he encontrado con empresas connotadas que no están regando con una buena eficiencia. Entonces, el problema es transversal: cómo sacarle mejor provecho a ese sistema de riego.
Encontrar los estímulos para lograr mejores eficiencias es difícil, porque a veces el agua tiene un muy bajo costo cuando viene del canal. Desde la investigación, tratamos de hacerlo mostrando a los agricultores que si riegan mejor, crece el rendimiento y la calidad de sus productos. Hoy en día, el tema energético también presiona para que se riegue mejor, ya que significa menos horas de bombeo y menores costos.
Por otro lado, la mega sequía prolongada puso un pie en el acelerador, de Rancagua al norte, para mejorar la eficiencia en riego, pero todavía hay pequeños y medianos agricultores que son reticentes a avanzar por factores culturales, de capacitación u otros, que necesitamos trabajar. Y desde Rancagua al sur el panorama es un poco más favorable, entonces la gente está menos estimulada y tenemos que encontrar cómo mejorar en ese aspecto.
Córdova: Yo también creo que este tema es algo muy cultural en algunas zonas. Por lo mismo, desde la visión académica es muy importante cómo formamos a los técnicos y profesionales para que se evidencie la necesidad de la eficiencia hídrica. Porque, este no es un tema solo ambiental, sino que afecta económicamente a las empresas en todos sus niveles.
Nosotros tenemos varias iniciativas al respecto. El año pasado nuestros docentes fueron a diversas empresas e incluso en algunas grandes detectaron problemas de riego. Efectivamente, existe poca noción de que se le puede sacar el 100% de efectividad a ese riego tecnificado.
Aguirre: Nuestra empresa desarrolla proyectos de eficiencia hídrica para clientes corporativos, específicamente en el sector agrícola, y algo que sorprende es que aún existen muchos campos que siguen regando por tendido, sobre todo en la Región Metropolitana, en la cuenca del Maipo que está altamente estresada. Eso llama más la atención cuando son empresas que tienen o podrían tener recursos para usar sistemas más eficientes, pero no lo hacen en parte porque están en los primeros sectores de riego y siguen teniendo acceso al agua.
De todos modos, creo que se ha avanzado harto en la materia. La CNR (Comisión Nacional de Riego) impulsó muchos proyectos de eficiencia hídrica, sobre todo en la pequeña y mediana agricultura, pero falta capacitación y acompañamiento continuo para que se utilice bien la tecnología instalada en los sistemas de riego.
En nuestros proyectos nos acercamos al agricultor y le ofrecemos tecnificar su riego de manera subvencionada en un 50% el primer año, después con pagos hasta cubrir el 100% de la inversión, y muchas veces vemos que no saben cómo ocupar y aprovechar esta tecnología más eficiente y prefieren seguir regando como lo hacían antes.
Mediciones y huellas
InduAmbiente: Alejandro (Antúnez), algunos datos del INIA señalan que la eficiencia hídrica promedio a nivel mundial es del 50%, un porcentaje que se ha mantenido por muchos años. Y que la meta es llegar al 60%. ¿Eso corresponde a la situación de Chile también?
Antúnez: De Rancagua al norte la eficiencia hídrica a nivel de la cuenca es del 90%. O sea, el agua desviada para riego tiene usos y reúsos posteriores por sucesivos regantes que hacen que, a nivel de cuenca, seamos bien eficientes. El tema es cómo cada propietario se ordena intrapredialmente, ya que un agricultor puede tener un 90% de eficiencia y otro un 30%.
Entonces yo creo que sí. Ese es un indicador somero porque no hay estudios grandes, concluyentes, y que abarquen una superficie importante, pero yo he medido riego superficial, por surco -que hoy ya no es tema porque estamos todos enfocados en riego por goteo- y la eficiencia no es del 45%, como dice la reglamentación de la CNR que todos ocupamos como estándar para los cálculos, sino que puede ser 25 o 30%. Por ejemplo, los números de campo en riego de maíz, en la Sexta Región, son horrorosos y ahí tenemos que mejorar mucho. Y, por otro lado, en muchos casos la eficiencia en el riego por goteo tampoco alcanza el 90% que podría darse con este sistema.
La normativa que la CNR hizo hace 30 años está muy buena porque estandariza, pero tenemos que ir poniéndole realidad para ver cómo estamos realmente hoy día y cuál sería nuestra meta. Además, el objetivo no es llegar a la misma cifra de Arica a Magallanes, donde también estamos regando, sino que llegar a un número que sea sostenible para cada zona.
InduAmbiente: Federico (Errázuriz), ¿las empresas agrícolas están midiendo su huella hídrica o realizando mediciones de otro tipo para optimizar el uso de agua?
Errázuriz: Yo creo que el sector agrícola en el campo todavía no está tan preocupado por la huella hídrica. Más bien se está usando tecnología que permite medir de mejor manera el nivel de humedad o si el riego aplicado tuvo el efecto deseado y eso, como decía Alejandro (Antúnez), asociado a índices de productividad, a la calidad del producto o a la reducción de costos energéticos del bombeo.
El sector está todavía golpeado por la megasequía y los agricultores, en general, saben que eso se va a repetir. En ese marco, algunos más sofisticados o vinculados a la exportación, sí están pensando en la huella hídrica, en cuánta agua tiene su producto, pero yo diría que la mayoría está más preocupada de la productividad y del ahorro.
InduAmbiente: ¿Y la tecnología de medición ha ido bajando de precio?
Errázuriz: Sí, y cada vez hay más proveedores locales. Hay harta startup en el mundo de la eficiencia hídrica y medición del agua.
Córdova: Sí, en el último tiempo ha habido harto desarrollo tecnológico en esa área, con el uso de sensores e incluso biotecnología.
Antúnez: A Chile llega el top mundial en ese tipo de tecnología.
InduAmbiente: Ximena (Ruz), en algunos APL también se ha planteado la tarea de medir la huella del agua, ¿qué avances se han logrado?
Ruz: Como les comenté, el gran tema de preocupación hoy para las empresas es el agua y todos nuestros acuerdos parten con la necesidad de medir para poder definir metas.
Ahora, adicionalmente generamos un estándar permanente en torno a la gestión del agua que es el Certificado Azul. A diferencia de los APL tradicionales en que avanzamos al mismo tiempo con un grupo de empresas de un sector, en este caso las empresas de distintas áreas pueden avanzar de forma individual. Para eso, están obligadas a medir la huella del agua (nivel 1), a impulsar proyectos para mejorar la gestión hídrica (nivel 2) y a preocuparse de su entorno o de generar valor compartido (nivel 3). Las mediciones que se están haciendo son de alta calidad, por lo que es súper caro.
InduAmbiente: Estos acuerdos son voluntarios, ¿cuánto interés ha habido en participar?, ¿cuántas empresas se han sumado a este APL?
Ruz: Yo diría que solo ha habido interés de grandes empresas. Hoy tenemos casi 170 establecimientos que han adherido a este Certificado Azul, que es un compromiso entre el Estado y la empresa. Varias han avanzado en el nivel uno, que es medir, algunas pocas en el nivel dos, y ninguna en el nivel tres, que es la certificación.
Pero esto ha significado dos cosas. Uno, que las empresas están viendo que este es un tema estratégico. Y, por otra parte, nos ha obligado a generar guías y reportes para las empresas; hemos hecho más de 300 capacitaciones a través de programas especiales de Corfo o de Pacto Global, que también nos ha apoyado en este tema. También hemos generado normas para verificadores de huella de agua, porque eso tampoco estaba cubierto.
En definitiva, este estándar ha sido para nosotros un trabajo de cuatro o cinco años en distintas áreas que ha permitido suplir varias deficiencias que teníamos como Estado en esta materia. Esto se va a traspasar a futuro al programa Huella Chile, porque la Ley de Cambio Climático establece que hay que medir o certificar por parte del Ministerio del Medio Ambiente tanto la huella de carbono como la huella del agua. Entonces, todo este aprendizaje va a servir, a lo mejor, para una futura reglamentación.
InduAmbiente: ¿Qué información clave entrega la medición de la huella hídrica para avanzar hacia una mayor eficiencia?
Córdova: Medir es súper relevante para conocer la cantidad de agua que se consume. Hay mucha desinformación sobre este tema en muchos sectores, particularmente en los pequeños agricultores. Y en esto, volvemos al tema cultural porque depende de qué tan dispuestos estén ellos a hacer esas mediciones y que entiendan su utilidad. Creo que hay que hacer un tremendo trabajo para mostrar que este es un tema crítico y que el cambio de conducta y de paradigma permitirá mejorar sus cultivos.
InduAmbiente: Leonardo (Márquez), ¿qué experiencia particular tiene IANSA en esta materia?
Márquez: Primero, hay que distinguir entre la huella hídrica, que corresponde al volumen de agua utilizada, y la huella del agua que mide el impacto ambiental.
Nosotros partimos con dos plantas en el nivel uno del Certificado Azul, donde la tarea es medir la huella del agua. A pesar de que somos una empresa que tenemos recursos y profesionales para eso, nos encontramos con algunas dificultades porque para medir el impacto hay que tener otros datos. Además, considera el análisis de ciclo de vida, es decir, desde la cuna, para lo cual necesito datos del consumo de agua de los proveedores de los diferentes insumos que ocupa mi producto; hasta la tumba, lo que involucra el transporte y hasta lo que se hace en la disposición final. Entonces, el flujo de información que se debe tener es elevado.
Los resultados que se logran, eso sí, son muy buenos. Se obtiene mucha data precisa para poder tomar decisiones correctas y no partir de la "caja negra" que hay cuando solo se tiene el volumen sin otros datos. La huella del agua, en cambio, entrega más detalles y categorías donde uno puede empezar a trabajar. Es muy útil.
InduAmbiente: ¿Estas mediciones les ha permitido también mejorar la eficiencia hídrica en sus plantas de proceso agroindustrial?
Márquez: Sí, ha habido un avance progresivo. Lo primero ha sido medir para tener datos fiables y detallados por áreas y procesos. Para la huella del agua, por ejemplo, nos tocó hasta ir a sondear bomba por bomba.
También hemos hecho mejoras considerando que la remolacha extrae agua del campo y termina en la industria. De ahí nosotros sacamos azúcar, que es un producto con una humedad muy baja, por lo que recuperamos agua que después aprovechamos en el mismo proceso industrial. Además, en el tratamiento de riles, la recirculación nos ha ayudado a bajar aproximadamente en un 30% a 40% los consumos que teníamos antes. Así hemos ido mejorando la gestión y, en la medida que hemos ido avanzando, cada vez cuesta más lograr reducciones, pero seguimos trabajando en eso.
InduAmbiente: Camila (Aguirre), en los proyectos que ustedes asesoran, ¿qué lugar tiene la huella hídrica?
Aguirre: Para nosotros es el concepto clave. Nosotros trabajamos con diferentes tipos de corporaciones y empresas, que podríamos dividir en tres segmentos.
El primero tiene perfectamente medida su huella hídrica y necesita proyectos de compensación de agua para cumplir sus objetivos. Ahí tenemos, principalmente, empresas tecnológicas e internacionales, que vienen con un mindset un poco más avanzado del concepto de sostenibilidad, y también empresas que cuidan su reputación ante las comunidades.
Después tenemos los segmentos 2 y 3, que son empresas que quieren o están empezando a medir, pero no tienen un objetivo tan claro y no saben bien qué utilidad pueden tener esas mediciones. En esos casos, a las empresas no les hace mucho sentido el concepto de huella hídrica.
Antúnez: Me gustaría señalar algo relevante sobre la huella hídrica. Quienes trabajamos en riego agrícola, hemos adoptado este factor como un indicador para nuestro rubro y creo que es errado, porque es cierto que el riego aporta un porcentaje importante al resultado final de los cultivos, pero en la agricultura hay varios otros factores que inciden en la producción. No olvidemos que lo que se está computando como huella hídrica es el resultado final de la operación, donde están todas las áreas de la agronomía, desde suelo, fertilidad, fitopatología, entomología, control de plagas, enfermedades y riego. Entonces, no se puede reportar la eficiencia hídrica como huella hídrica.
Además, esto puede ser usado perfectamente como un instrumento contra la industria chilena, como en el caso de las paltas de Petorca, por ejemplo, a pesar de que los paltos no consumen mucha más agua que un nogal. Otros países en Europa ni siquiera reportan la huella hídrica de sus cultivos. Entonces, tengamos cuidado en confundir lo que hace la huella hídrica con la eficiencia de riego, ya que son temas distintos.
Los invitados al foro desayuno, realizado en Novotel Providencia, analizaron las trabas y aportaron ideas para hacer un uso más eficiente del agua en la agricultura.
Regulación e institucionalidad
InduAmbiente: Federico (Errázuriz), para empujar más este tema, ¿se podría pensar en una futura ley de eficiencia hídrica como la que existe en el área energética?
Errázuriz: Hoy día tenemos la Ley de Riego que, de alguna forma, con otros objetivos, hace eso. Esta ley se crea particularmente para aumentar la superficie regada tecnificada del país, sin ninguna una consideración "ambiental" o "económica". Esa es una base para avanzar y yo creo que tiene que ver con cómo enfocar ese instrumento. En la última modificación se trató de darle un foco más social, buscando beneficiar más a los pequeños agricultores que están más atrasados y no necesariamente la eficiencia como tal.
InduAmbiente: Pero también incorporó elementos de adaptación al cambio climático, por ejemplo, que también se relacionan con la necesidad de usar el agua de manera más eficiente.
Errázuriz: Sí, pero yo ahí soy un poco escéptico. Se incorporaron un montón de conceptos que son ajenos a la Ley de Riego, como, por ejemplo, las soluciones basadas en la naturaleza. Yo no sé bien cuáles de éstas les interesan a los agricultores para cofinanciar un proyecto de riego. Puede ser ignorancia mía, pero no lo veo.
Pese a eso, creo que es un muy buen instrumento y que se puede ir direccionando hacia objetivos más concretos, como es mejorar el riego en los pequeños agricultores principalmente, pero también en los grandes porque son los que mueven la aguja de la eficiencia en la cuenca.
InduAmbiente: Originalmente, la Ley de Riego tenía entre sus objetivos fomentar y priorizar proyectos que fueran más eficientes en el uso del agua. Alejandro (Antúnez), ¿en la práctica, eso se ha logrado?
Antúnez: Sí, había un impulso para mejorar la eficiencia, pero eso no se logra con el solo hecho de cambiar el sistema de riego y la tecnología. Evidentemente, pasar de un riego por tendido a otro por goteo ha permitido ir de un 30% de eficiencia inicial a un 50% o 60%, pero no necesariamente llegar al 90% que se podría alcanzar con ese nuevo sistema. Entonces, la "magia" no está en la tecnología, sino en la forma en que se usa.
InduAmbiente: Ximena (Ruz), ¿faltan regulaciones para avanzar en esta materia?
Ruz: Yo voy a ir un poco más arriba en la regulación. Creo que la Ley Marco de Cambio Climático modificó la forma en que se trata el tema del agua en Chile, porque entregó cierta gobernabilidad a la cadena de planes sectoriales y de adaptación en torno a esta materia, así como en los planes regionales y comunales, donde el agua es un tema central. No sé si se va a abordar bien o mal, pero eso no existía en nuestro país.
Además, la Ley Marco estableció entre sus instrumentos la Estrategia Climática a Largo Plazo en que se reconoce la cuenca como algo que antes tampoco era legalmente trabajado. Entonces, creo que hay un cambio importante en nuestra institucionalidad y lo que nos debe ocupar es cómo nos organizamos para lograr que todo eso, que hoy día está siendo abordado por distintos actores, pueda tener frutos.
InduAmbiente: Una de las trabas habituales que se mencionan para mejorar la gestión del agua en Chile es la dispersión institucional en este ámbito, ¿eso afecta?
Ruz: Sí, por supuesto. Frente a eso, el gran tema es la coordinación, cómo nos ponemos de acuerdo para avanzar. La tecnología está, existen instituciones con distintos instrumentos, pero ¿cómo hacemos para trabajar todos juntos y avanzar a través de esos planes? Yo creo que pasa porque haya gobernadores comprometidos con su territorio, con que los instrumentos se coordinen, con definir bien los objetivos y con la implementación de las acciones. Ese trabajo se debe hacer y tener un plan por territorio que sea su Carta Gantt y con sus prioridades a trabajar.
InduAmbiente: Federico (Errázuriz), ¿qué visión tiene sobre la institucionalidad?
Errázuriz: Yo no soy tan crítico de la institucionalidad. Para mí el problema no es tanto la dispersión, porque a fin de cuentas los que toman las decisiones del agua en Chile son, principalmente, la DGA (Dirección General de Aguas), la CNR (Comisión Nacional de Riego) y la SISS (Superintendencia de Servicios Sanitarios). Ahí se juega el partido y ese partido está mal jugado porque sus objetivos y tareas son distintas. Por ejemplo, la SISS busca que las sanitarias sean eficientes siguiendo los parámetros de una empresa modelo, pero ese modelo no asume que hay sequía y que, por ejemplo, Aguas Andinas en Santiago a veces no dispone de agua y se la piden a los agricultores que, en general, se la terminan dando, porque es imposible no hacerlo. Por su parte, la CNR apunta en otra dirección: está preocupada de aumentar la superficie de riego. Y la DGA está metida en un mar de trámites y exigencias nuevas que le pone a los usuarios.
Frente a eso, falta una visión de conjunto, con participación de las distintas instituciones, sectores y de los expertos, para definir la cuenca que queremos para 30 años más y ver cómo alineamos los instrumentos existentes para transitar hacia allá. En la crisis de Petorca, se decía "no es sequía, es saqueo", pero es evidente que hay sequía. Es cierto que hay ladrones de agua y eso hay que perseguirlo y fiscalizarlo, pero el problema principal es que se nos está acabando el agua.
Antúnez: Complementando lo que dice Federico (Errázuriz), a mí me impresiona que con toda la tecnología que tenemos hoy, como los sistemas satelitales, imágenes aéreas, etc., no recurramos a eso para encontrar usuarios ilegales y sancionarlos de forma mucho más expedita. Hay avances como el monitoreo de las extracciones por parte de la DGA y otras iniciativas, pero ahí tenemos que mejorar para destrabar ese tema.
Ruz: ¿Pero quién se hace cargo, aparte de la DGA, de los planes de cuenca? Porque los recursos para eso no van a estar allí, sino que a lo mejor en los gobiernos regionales a través de algunos proyectos. En el caso de la Región Metropolitana, por ejemplo, existe una estrategia para el agua, para lo cual hay ciertos fondos, pero no sé si todos los que participan están hablando lo mismo. Entonces, hay una gobernanza que no está clara. Está la DGA, la CNR, pero ¿cuál es el rol del gobierno regional, que tiene otros actores y otras definiciones? Falta conversar en conjunto y contar con una institucionalidad que priorice este tema a nivel de cuenca y eso no ha resultado.
Errázuriz: Se supone que los planes estratégicos de recursos hídricos por cuenca debieran ir para allá, pero también ha pasado que hay algunos súper dispares. El 80% de los planes son de infraestructura y, en mi opinión, eso está bien porque es lo que más necesitamos, pero hay otros planes que casi no abordan ese tema. Y en un plan de infraestructura, el gobernador debería tener un rol bien claro.
InduAmbiente: ¿Falta actualizar la Política Nacional de Recursos Hídricos? La última se publicó en 2015...
Errázuriz: Todos los gobiernos arman su estrategia, su plan, pero luego cambia el gobierno y cambia todo.
Ruz: Pero ahora hay un Plan de Adaptación de Recursos Hídricos, que según mandata la Ley Marco de Cambio Climático se tiene que ejecutar.
InduAmbiente: En algún momento se planteó crear una Subsecretaría de Recursos Hídricos, ¿serviría de algo?
Ruz: Yo creo que sí. Este tema hay que ordenarlo.
Errázuriz: A mi juicio es un buen primer paso, porque lo que haría la Subsecretaría es ordenar a tres actores principales: la DGA, la DOH (Dirección de Obras Hidráulicas) y la SISS, que ya están bajo la Subsecretaría de Obras Públicas. En ese contexto, sería mejor tener una persona dedicada al tema del agua, y no dedicada a eso más los caminos, los puertos, etc.
Sin embargo, no creo que sea la solución definitiva. En la SNA nos gustaba más la idea de algo independiente y más amplio que una subsecretaría, como una agencia.
InduAmbiente: Camila (Aguirre), ¿qué tanto afectan las posibles carencias institucionales y regulatorias en el desarrollo de sus actividades?
Aguirre: No creo que haya una carencia institucional, pero sí falta más articulación o un solo plan para la gestión del agua, lo cual es difícil de lograr. Yo también estuve en el sector público y cuando entra un gobierno nuevo, hace todo de nuevo. Sí, creo que hay instrumentos que ayudan, como la Ley Marco de Cambio Climático y los acuerdos que impulsa la Agencia, y van articulando a las empresas para que trabajen bajo un mismo objetivo.
Ahora, la situación institucional y regulatoria no nos afecta tanto porque el trabajo que hacemos es más bien porque las empresas lo quieren hacer, no por una obligación. Si hubiera un marco regulatorio establecido de eficiencia hídrica sería mucho más fácil el camino, pero el panorama actual no mueve tanto la aguja.
Cambio climático e investigación
Márquez: A mí me gustaría abordar este tema con una perspectiva más global que tiene relación con la Estrategia de Cambio Climático y con la gestión del agua, porque por un lado de repente este recurso es un aliado, pero también se transforma en enemigo. Muchas veces tenemos agua y cultivos de remolacha bien bonitos, pero también en Ñuble hay meses críticos con escasez hídrica. Asimismo, hemos tenido unos campos hermosos y, de repente, viene una lluvia intensa en abril o mayo y las cosechadoras no pueden entrar a sacar la remolacha. Incluso un año tuvimos que detener la fábrica porque toda la remolacha estaba bajo el agua.
Frente a eso, hemos tenido que ir haciendo muchas cosas en base a lo que creemos, preocupándonos de la eficiencia hídrica y también de protegernos ante los eventos climáticos. Hay instituciones y algunas reglas claras, pero vemos que todo eso va un poco lento y, a veces, nos sentimos solos en este camino.
InduAmbiente: Alejandro (Antúnez), considerando la menor disponibilidad de agua asociada al cambio climático, ¿se ha ido avanzando en el desarrollo de cultivos más eficientes desde el punto de vista hídrico?
Antúnez: Sí, claro. Se está haciendo mucho en el mundo y en particular en Chile sobre este tema. Hoy se trabaja en mejoramiento genético para contar con variedades que tengan un genotipo que sea una especie de sensor de cómo viene el año y puedan adaptarse al cambio climático. Por ejemplo, semillas de trigo que, si llueve harto, desarrollen más macollos y más espigas y, si viene poquita agua, produzcan lo justo para salvar el rendimiento.
InduAmbiente: ¿Y los agricultores están yendo a tener cultivos que demanden menos agua?
Antúnez: Sí. Y también hay cosas relevantes que estamos alumbrando. Por ejemplo, nadie en Chile había estudiado cuánto necesitábamos regar en los cultivos de papa y hoy se está terminando un trabajo en la región de La Araucanía, donde usamos coeficientes de cultivo hechos en otros países. También estamos haciendo un trabajo similar para avellanos europeos, y queremos desarrollar información nacional para otros casos.
Se hace un trabajo intenso en buscar variedades con mejor productividad. Y volviendo al tema de la huella hídrica, más que medirla en metros cúbicos por kilo, prefiero hablar de kilos por metro cúbico, es decir, cuántos kilos se producen por cada metro cúbico de agua para evaluar qué cultivo o variedad es preferible.
Estamos en esa línea, pero también buscando cómo adaptarnos al cambio climático.
InduAmbiente: ¿Y esta información que genera la investigación cómo está llegando a las empresas y a los agricultores pequeños?
Córdova: Hay muchas empresas que recurren a lo que, en las organizaciones educacionales, llamamos desafíos de innovación abierta para buscar soluciones a ciertas problemáticas que plantean. Esto se está dando en distintas líneas, incluyendo el apoyo a la eficiencia hídrica. Y como son abiertas pueden postular diversas instituciones que plantean algunos desarrollos tecnológicos. Y la empresa va viendo qué es lo que se acomoda más a sus necesidades.
Antúnez: Siempre hay una crítica sobre cómo se aplica lo que se investiga, pero en Chile tenemos casos de trabajo conjunto bien exitosos. Por ejemplo, tenemos un productor de quillay que trabaja con nosotros hace como 15 años y hoy tiene líneas de producción que crecen en mucho menos tiempo que antes y a partir de la saponina ha generado un muy buen negocio del que nadie se entera.
Por otro lado, hay algunas sombras, como los productores de maíz de la Sexta Región, donde estamos al debe: riegan muy mal, con apenas un 30% de eficiencia, y el Estado tiene que subvencionarlos, generando pérdidas y contaminación ambiental en la cuenca. En esos casos hay que buscar otras alternativas de mejora.
Errázuriz: Pero para ver el lado amable, basta que los resultados que logra el INIA lleguen a algunos asesores y ahí se genera todo un proceso de ramificación a través de los GTT (grupos de transferencia tecnológica) o de los gremios.
InduAmbiente: ¿La información que se obtiene en las investigaciones llega también a los APL?
Ruz: Claro. El APL parte con un diagnóstico del sector y de su motivación para hacer un acuerdo, que puede ser la necesidad de adaptación al cambio climático, la mejora de la gestión hídrica, etc. Y muchas veces, el gremio entrega ese tipo de información para apoyar a las empresas en estos cambios que están ocurriendo.
InduAmbiente: En la experiencia particular de Iansa, ¿qué relevancia tiene la investigación y la innovación en sus procesos?
Márquez: Tenemos un área de investigación y desarrollo que siempre trabaja muy de la mano con el INIA y también con los temas de innovación. Se ha avanzado bastante también en la relación con la academia. Nosotros somos expertos en lo que ocurre dentro de nuestras instalaciones, pero al centrarnos mucho en esto, a veces no vemos algunas soluciones implementadas afuera. Ahí la academia nos retroalimenta para empezar a sondear algunas alternativas.
InduAmbiente: ¿El tipo de remolacha que ustedes producen ha ido variando en el tiempo?
Márquez: Claro. Se buscan siempre adaptaciones, variedades que sean más tolerantes a tal enfermedad o situación. Eso ha ido avanzando y es un trabajo constante; tenemos un área de investigación y desarrollo bastante dinámica en ese sentido.
Agricultura regenerativa
InduAmbiente: La gestión del suelo también es importante para evitar pérdidas de agua, ¿ustedes hacen algún trabajo en ese sentido?
Márquez: Sí. Hace un tiempo ya se viene hablando de la agricultura regenerativa que apunta a la conservación del suelo, considerando que es un reservorio de vida y hay que devolverle la fertilidad que uno toma. Se está trabajando bastante en este tema. Para nosotros el ideal es hacer la menor intervención posible al campo, con menos pasadas de maquinaria, lo que trae un doble beneficio: es bueno para conservar el suelo y también para reducir nuestra huella de carbono.
Córdova: En este tema, además, últimamente se ha abierto toda una línea de trabajo en biotecnología...
Antúnez: Así es, de microorganismos que son benéficos para cuidar el suelo y otros objetivos. Nosotros tenemos un banco y una fábrica donde estamos produciendo y seleccionando esas cepas.
Córdova: ¿INIA trabaja con otras organizaciones académicas?
Antúnez: Sí, tenemos convenios con ellas y también con startups, desde donde sale algún microorganismo de interés y después se produce industrialmente.
Aguirre: Me gustaría complementar algo respecto de las variedades adaptadas al cambio climático. Finalmente, todo tiende al agua: si uno tiene un mejor suelo o una mejor variedad, va a utilizar de mejor manera el agua. Además, hay temas súper importantes como la biodiversidad que también se ven afectados por el cambio climático y escasez hídrica. De hecho, nosotros tenemos una herramienta en que estamos midiendo la eficiencia hídrica en proyectos de agricultura regenerativa y los resultados son impactantes. Hemos visto cómo al cambiar un par de cosas en la labranza del suelo se pueden lograr mejoras fundamentales en el uso del agua: de necesitar cinco horas de riego al día, podemos pasar a requerir solo seis horas a la semana, gracias a los cambios en la permeabilidad del suelo.
Esos son conceptos que no debemos olvidar porque no solo se trata de tecnología, sino que hay que ver todo lo que ocurre en el campo, esa es la clave de estos proyectos integrales.
InduAmbiente: ¿Hay instancias establecidas en que estas buenas prácticas se compartan entre los agricultores?
Errázuriz: Sí, la primera son los grupos de transferencia tecnológica (GTT). El INIA lleva muchos de ellos y hay otros que están asociados a la SNA a través de la Fundación GTT. Son grupos de agricultores de similar nivel tecnológico y la mayoría de las veces dedicados al mismo cultivo, que comparten sus problemas y tienen un asesor que los guía. Cada reunión se hace en el campo de alguno de esos agricultores que comparte sus indicadores, cuenta lo bueno y lo malo que le ocurre, y se comparten experiencias de solución. Es una metodología que viene de Francia, se instaló en Chile hace muchos años, es bien silenciosa, pero funciona bastante bien.
InduAmbiente: ¿Y ahí participan también agricultores pequeños?
Errázuriz: En general, no.
Antúnez: Nosotros trabajamos ahí con gente apoyada por INDAP (Instituto de Desarrollo Agropecuario, del Ministerio de Agricultura).
Errázuriz: Sí. Los que ya están comercializando, generalmente con inicio de actividades, puede que participen en los GTT, pero en general esos grupos apuntan a los agricultores medianos.
Lo otro es la labor que hacemos los gremios, partiendo por los comités más específicos, a través de los cuales se comparte información que va lentamente permeando.
Tecnologías y capacitación
InduAmbiente: Ximena (Ruz), ¿el uso de la inteligencia artificial está muy en boga, ¿cómo puede impactar específicamente en esta área?
Ruz: Creo que puede impactar en las áreas donde se necesita manejar mucha información, muchos datos. De todas maneras es un gran desafío. En el tema de riego, podría ayudar a ver y gestionar cómo se distribuyen las aguas. Por lo tanto, las instituciones públicas como la DGA tienen que armarse con estas herramientas para que, por ejemplo, les permita una mejor fiscalización. Y también las empresas que necesitan monitorear su riego tecnificado y definir cuál es la cantidad óptima de agua para cada una de las plantas. Es un gran tema y creo que Chile también muestra avances en esto.
InduAmbiente: ¿Qué se está haciendo para que los agricultores mejoren la operación de los sistemas de riego tecnificado ya instalados?
Antúnez: Hay desarrollos que están a nivel comercial, que incorporan imágenes aéreas, control de riego predial y toma de decisiones. Ahora viene todo el machine learning, los modelos, etc. En Chile, se desarrollan proyectos bien innovadores y tenemos hartos especialistas. El asunto es cómo ese conocimiento llega hacia el productor y cómo se utiliza. Es un proceso lento y el pequeño agricultor no siempre lo valora porque no ve el beneficio de cambiar su sistema de riego, por ejemplo. A veces incluso vemos pequeños agricultores que cambian de surco a riego por goteo y luego abandonan su uso. En esos casos, ¿para qué vamos a aplicar plataformas satelitales u otras tecnologías más sofisticadas en proyectos que se pagan con subsidios de varios millones de pesos, que después vamos a ver y no existen? Ahí, hay mucho que hacer.
Por otro lado, también tenemos proyectos con empresas y tecnologías muy avanzadas que hemos logrado bajar a pequeños agricultores a través de asesores que los ayudan en eso.
Errázuriz: Yo creo que ahí tenemos dos factores culturales muy importantes. El primero es que los agricultores en general tienen un promedio de edad bien avanzado y es difícil que se entusiasmen con una tecnología muy novedosa. Eso ocurre sobre todo en los pequeños agricultores que se empeñaron toda su vida para que sus hijos tuvieran un mejor futuro, por lo que faltan jóvenes en el campo. Nosotros creemos que la tecnología de riego es un aliciente para que vuelvan, pero en muchas mejores condiciones.
Y el segundo factor cultural es que el agua no se ve como un insumo y no se incluye entre los costos, como puede ser un fertilizante. Eso es absurdo, porque es, por lejos, el insumo más importante, pero no se maneja de esa manera y esa es una visión cultural súper compleja de modificar.
Córdova: Me gustaría comentar algo al respecto. Nosotros en las carreras de Técnico Agrícola e Ingeniero Agrícola en 2025 actualizamos la malla porque es muy necesario que los estudiantes conozcan y manejen este tipo de tecnologías. De hecho, ellos trabajan con algunos softwares donde tienen cargados megadatos, en base a los cuales pueden tomar decisiones; también se enseña el uso de drones y el pensamiento crítico en torno a las imágenes que se obtienen, etc. Esa es una necesidad porque cuando vamos a colaborar con una empresa, muchas veces ocurre que ellos tienen tecnología, pero no saben cómo usarla. Entonces, nosotros tratamos de aportar, eventualmente capacitando a alguien para que puedan aprovechar esos recursos.
InduAmbiente: Camila (Aguirre), cuando ustedes desarrollan proyectos que involucran tecnología, ¿hacen un acompañamiento para el buen uso?
Aguirre: Sí, ese es el corazón de nuestros proyectos: acompañamiento continuo y capacitación en terreno a los agricultores. En Kilimo creamos un software que ayuda a regar mejor, pero cuesta mucho que los usuarios suban los datos para que eso funcione. Entonces, tenemos un equipo de agrónomos que va al campo y anotan los datos. Eso ocurre en campos medianos; los pequeños son otra historia.
En ese contexto, hablar de inteligencia artificial lo veo lejano en el segmento de la pequeña y mediana agricultura. Creo que es en ese sector donde debemos poner más esfuerzos si queremos mejorar la eficiencia hídrica y la sostenibilidad a nivel país. Con capacitación continua, con acompañamiento del Estado y de los privados, ya que ninguno de los dos se la puede por sí solo, y también el apoyo de las universidades.
Artículo publicado en InduAmbiente n° 199 (marzo-abril 2026), páginas 42 a 51.

