Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

No Nos Importa el Suelo

Audrey Gallaud

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Subgerente de Recursos Naturales
Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren)

No nos importa el suelo. Dicho juicio de valor lamentablemente se ve verificado por un sinnúmero de argumentos. En primer término, el deterioro y la destrucción del ecosistema edáfico en relación con su velocidad de formación. El suelo, si lo consideramos como recurso, no es renovable. Las tasas de formación reportadas van desde 0,014 a 0,045 mm por año-1 dependiendo del tipo de rocas y clima que lo generó. En otras palabras, la formación de un centímetro de suelo tarda entre 22 y 71 años.

Por otra parte, el 49,1% del territorio nacional tiene algún grado de erosión. Como ejemplo, la región de Coquimbo alcanza la alarmante cifra de 84% de sus suelos erosionados, afectando seriamente la segunda actividad ecónómica de la región después de la minería. Si todos estos valores fuesen seriamente tomados en cuenta por la sociedad, tendríamos desde hace mucho tiempo un cuerpo legal que se preocupase de su conservación.
En nuestro país, hace décadas que la comunidad científica viene bregando para que se diseñe una ley que proteja el suelo. El año 2000, la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo organizó el Simposio “Proyecto de Ley de Protección de Suelos”, donde se discutió y plasmó una propuesta que integró aspectos científicos, técnicos y legales, y que lamentablemente no prosperó como iniciativa legislativa.

El desinterés del Estado por la conservación del ecosistema que sustenta toda la productividad primaria del planeta es muy preocupante. Hoy todavía la situación es aún más grave con la nueva institucionalidad ambiental, que, si bien viene a dar un primer ordenamiento a los procesos administrativos y exigencias técnicas de los proyectos de inversión, tiene también deficiencias y descoordinaciones. Un ejemplo claro son las divergencias entre el Servicio de Evaluación Ambiental y el Servicio Agrícola y Ganadero en relación con los cambios de uso de suelo.

Tampoco tenemos regulaciones que nos orienten respecto de umbrales de contaminación del suelo, casi no tenemos normas que nos indiquen cómo aproximarnos a estudiarlo, cómo medir sus parámetros permitiendo a los organismos del Estado comparar los resultados. Necesitamos incorporar el suelo al ciclo de la economía, necesitamos que el suelo participe de la mejora de la calidad de vida de las personas, necesitamos que el suelo pueda ser disfrutado y usado por nuestros hijos, y no que las inversiones se hagan a costa del suelo.

Urge que nos pongamos de acuerdo, urge que el suelo aporte y ayude a Chile a cumplir sus compromisos internacionales en relación con el cambio climático y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Y para ello necesitamos que los actores políticos y que el Estado finalmente acoja el clamor de la comunidad científica que viene desde hace más de dos décadas solicitando un cuerpo legal que permita a las futuras generaciones disfrutar de lo que nos regala este ecosistema maravilloso.

Columna publicada en InduAmbiente N° 154 (septiembre-octubre 2018), pág. 50.