Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

COP 25: El Rol de la Infraestructura y el Transporte

Eduardo Astorga



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Abogado-Consultor Senior

Básicamente la causa del cambio climático es la generación de dióxido de carbono (CO2), metano, óxido nitroso y gases fluorados que absorben parte de la radiación térmica que emite la superficie del planeta y la “retornan” al mismo lugar, impidiendo su emisión natural hacia el espacio. Las consecuencias del aumento de la temperatura provoca el derretimiento de los glaciares, incremento del nivel del mar, expansión de las regiones desérticas, modificación de las precipitaciones, afectando significativamente a todos los seres vivos.

Las causas del aumento de las emisiones corresponden a la combustión de carbón, petróleo y gas que produce dióxido de carbono y óxido nitroso; la deforestación; el desarrollo de la ganadería, dado el metano que produce la digestión y los fertilizantes con nitrógeno que generan emisiones de óxido nitroso.

Para la infraestructura en materia de mitigación, el MOP deberá entre otras medidas, desarrollar la infraestructura pública utilizando preferentemente Energías Renovables No Convencionales (ERNC), incorporando también la eficiencia energética y confort ambiental en la edificación pública, además de mejorar sus estándares de emisiones.

Su principal rol, sin embargo, corresponde al ámbito de la adaptación para hacer frente a los cambios en el patrón de precipitaciones, así como el aumento en tasas de precipitaciones, la intensidad en inundaciones fluviales y costeras.

Esto significa que las propuestas deben apuntar a acelerar y fomentar proyectos de nuevas obras de riego, priorizándose aquellas regiones con más afectadas por la sequía, en donde el MOP, y las carteras de Agricultura y Hacienda, tienen la responsabilidad de generar e implementar una política de Estado.

Nuestra vulnerabilidad ante el cambio climático también requiere la urgente construcción de enrocados de protección y el rediseño de muelles; priorizar proyectos para el control de aluviones; aumentar los estándares del Manual de Carreteras de Vialidad, así como para la conectividad eléctrica y comunicaciones; y, muy especialmente, contratar seguros catastróficos compartidos con países equivalentes.

Por otro lado, las emisiones de transporte en ruta aportan cerca del 30% de las emisiones totales de CO2.

Si observamos las fuentes de emisión, el transporte terrestre es el de mayor relevancia con un 87,7 % de las emisiones de GEI, seguido de un 6,2% de la aviación nacional, 2,8% de navegación nacional, 2,8% de otro tipo de transporte y un 0,6% de ferrocarriles.

Resulta evidente, por tanto, la necesidad de desarrollar nuevos proyectos ferroviarios y de subvención a los modos de transporte de carga basados en trenes a electricidad, que contaminan 8 veces menos que los camiones. En esta misma línea, y en la que el Ministerio de Transportes se ha comprometido acertadamente, está el fomento del transporte eléctrico en el radio central de Santiago, así como el establecimiento de estaciones de transferencia de carga fuera del sector urbano.

Columna publicada en InduAmbiente n° 158 (mayo-junio), pág. 17.