Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

La Ósmosis en las Calderas

La Ósmosis en las Calderas

Sepa cómo optimizar el funcionamiento de la ósmosis inversa en el tratamiento de agua de alimentación para calderas.



Arnulfo Oelker Behn
Gerente Técnico de Thermal Engineering
aoelker@thermal.cl

La calidad del agua de alimentación a calderas es un factor crítico para la confiabilidad, eficiencia y vida útil de los sistemas de generación de vapor.

Impurezas disueltas y en suspensión pueden provocar incrustaciones, corrosión, arrastre de sólidos, pérdidas de eficiencia térmica y fallas prematuras en equipos.

En este contexto surge la ósmosis inversa (RO, por sus siglas en inglés), que corresponde a un proceso de separación por membranas semipermeables que, mediante la aplicación de presión, permite el paso de agua y retiene la mayoría de las sales disueltas, partículas, coloides, bacterias y materia orgánica.

Para el correcto dimensionamiento y selección de un sistema de ósmosis inversa es indispensable contar con la siguiente información básica del agua: Análisis completo del agua de alimentación, incluyendo sólidos disueltos totales, dureza total, alcalinidad, sílice, hierro, manganeso, cloruros, sulfatos, turbidez, SDI (índice densidad de sal), TOC, temperatura y pH; caudal requerido de permeado, caudal promedio y máximo de agua tratada; calidad objetivo del permeado; recuperación deseada del sistema, la que típicamente fluctúa entre 60% y 85%, dependiendo de la calidad del agua cruda y la tolerancia a la generación de salmuera; y disponibilidad de presión, que se sitúa típicamente entre 8 y 20 bar durante la operación.

El desempeño y vida útil de las membranas de ósmosis inversa dependen en gran medida de un adecuado pretratamiento, que generalmente incluye: Filtración multimedia o de arena, para remover sólidos suspendidos y reducir la turbidez; filtración de cartucho (1–5 micras); dosificación de antiincrustante, para inhibir la precipitación de sales como carbonato de calcio, sulfato de calcio y sílice; ajuste de pH (si es necesario) para optimizar la solubilidad de ciertos compuestos y proteger las membranas; decloración (si aplica), ya que el cloro libre y las cloraminas dañan las membranas de poliamida, eliminándose con carbón activado o bisulfito de sodio; y ablandadores de agua para reducir el exceso de dureza.

Un típico sistema RO para calderas incorpora una bomba de alta presión, módulos de membranas RO, instrumentación y control; válvulas de control y seguridad; y sistema de limpieza química (CIP), que permite realizar limpiezas periódicas.

Eficiencia, operación y químicos

La eficiencia de remoción salina de un sistema RO suele estar entre 95% y 99.5%, dependiendo del tipo de membrana y calidad del agua.

La caída de presión a través de las membranas usualmente se encuentra entre 1 y 3 bar en condiciones normales. Y la recuperación del sistema es, por lo general, de 45 a 85%.

La cantidad de salmuera típica es de 15 a 30% para agua dulce, 20 a 40% para agua salobre y 55 a 65% para agua de mar.

La vida útil promedio de las membranas es de 3 a 5 años, aunque puede variar según la calidad del agua de alimentación, eficacia del pretratamiento, frecuencia y calidad de las limpiezas químicas, y condiciones de operación (presión, temperatura y recuperación).

En una planta de osmosis inversa, aparte de los químicos usados para limpieza CIP, suelen emplearse antiincrustante (polifosfonatos o polímeros inhibidores de incrustación), dosificados en línea antes de los cartuchos, para prevenir la precipitación de sales; reductor de oxidantes (bisulfito de sodio), que se dosifica aguas arriba de las membranas para protegerlas contra el cloro y oxidantes; biocida no oxidante, dosificado en pretratamiento, para prevenir el crecimiento microbiológico en pretratamiento y líneas (no debe llegar a las membranas); coagulante/floculante (sulfato de aluminio, cloruro férrico o polímeros floculantes) si el agua es superficial o turbia, dosificado antes de los filtros multimedia; y control pH (si fuera necesario).

Normalmente el pH es de 6.5 a 8.5, aceptándose de 4 a 11, llegando entre 2 y 4 durante limpiezas ácidas (eliminación de incrustaciones) y de 10 a 11.5 durante limpiezas alcalinas (eliminación de material orgánico).

Mantenimiento y limpieza química

El mantenimiento de un sistema RO incluye el monitoreo continuo de presión, caudal y conductividad; limpieza química periódica (CIP), típicamente entre 1 y 6 meses, cuando se detecta aumento de caída de presión (15 a 20%) o disminución de flujo de permeado (10 a 15%); inspección y reemplazo de filtros de cartucho si la caída de presión sube de 1 bar (filtro nuevo = 0.1 a 0.3 bar), típicamente cada 2 a 4 meses, si el agua es limpia; y verificación de dosificación de antiincrustante y ajuste de pH.

Los productos químicos comunes usados para limpieza (CIP) son ácidos (cítrico o sulfúrico diluido), para remover incrustaciones minerales; detergentes alcalinos (NaOH con surfactantes), para eliminar materia orgánica y biofouling; y biocidas compatibles con membranas en casos de crecimiento microbiológico.

Fallas, precauciones y problemas

Una falla prematura de las membranas es causada, principalmente, por incrustaciones por carbonatos, sulfatos o sílice; ensuciamiento por sólidos en suspensión (fouling); daño químico por cloro u oxidantes; operación a presiones (8 a 15 bar en agua dulce) o temperaturas (ideal 10 a 25 °C) fuera de especificación; y limpiezas químicas inadecuadas o demasiado agresivas.

Se debe proteger el sistema durante paradas prolongadas (mayores a 72 horas) con soluciones de preservación para evitar biofouling (crecimiento micobiológico). Los productos típicamente usados son metabisulfito de sodio (SBS al 1.0 a 1.5% p/p y pH de 3 a 6) para detenciones cortas (días o semanas) o formaldehído (0.5 a 1.0% p/p) para detenciones que se prolongan por semanas o meses.

Los problemas operacionales que se pueden presentar en estos sistemas y sus causas principales son los siguientes:

• Incrustación (Scaling) - precipitación de sales: Provoca un aumento gradual de la caída de presión y disminución del flujo de permeado. Es causado, generalmente, por pretratamiento insuficiente, dosis incorrecta de antiincrustante, pH muy alto o altas concentraciones de sales (carbonatos y sílice).

• Ensuciamiento por sólidos en suspensión (fouling particulado), que origina un aumento progresivo de la caída de presión y reducción de caudal, provocado por filtración previa deficiente.

• Biofouling (ensuciamiento biológico): Genera un aumento irregular de la caída de presión, olores, limo o gel bacteriano en las membranas y pérdida de rendimiento difícil de recuperar con limpieza estándar. Es causado por falta de desinfección previa (cloro/biocida) o largos períodos de paro sin preservación adecuada.

• Daño por oxidación química (cloro u oxidantes), que provoca una pérdida súbita o progresiva del rechazo de sales y aumento del flujo permeado (la membrana "se abre"), que generalmente se relaciona con la presencia de cloro libre, cloraminas u ozono en el agua de alimentación, filtro de carbón activado (GAC) saturado o mal dimensionado, falta de monitoreo de ORP o cloro residual.

El límite crítico para todas las membranas de poliamida para el cloro libre es de 0.00 mg/L (0 ppm) – no detectable y para las cloraminas (NH2Cl / NHCl2) menor o igual que 0.1 mg/L.

El control se realiza en aplicaciones industriales manteniendo el ORP (potencial redox) por debajo de los 200 mV (idealmente < 150 mV) y realizando mediciones periódicas de cloro libre y cloro total si existe riesgo de cloraminas.

El filtro de carbón activado debe diseñarse considerando un tiempo de residencia (EBCT) mayor a 5-10 minutos, incluir equipos stand by y dosificar un reductor (químico de sacrificio), que típicamente es bisulfito de sodio (SBS, NaHSO3) y cuya dosificación se ajusta considerando como parámetro de control el ORP.

• Ataque químico por pH extremo: Produce una degradación prematura de membranas y pérdida de rechazo, provocado por operar o limpiar fuera del rango recomendado por el fabricante (típicamente pH 4 a 11 en operación; 1-12 en limpieza, según marca).

• Compactación de membranas (alta presión), que genera una reducción permanente del flujo permeado o mayor presión requerida para mantener producción. Ocurre por operar por sobre la presión máxima recomendada, realizar arranques bruscos sin rampa de presión u operar con temperaturas elevadas.

• Fouling orgánico: Produce un aumento de la caída de presión y caída de flujo y respuesta parcial a limpiezas alcalinas. Es provocado por la presencia de aceites, grasas, surfactantes o materia orgánica disuelta.

• Cavitación o problemas de bombeo.

• Temperatura fuera de rango recomendado de 10 a 25 °C.

En definitiva, la ósmosis inversa es una tecnología robusta y eficiente para el tratamiento de agua de alimentación para calderas siempre que se seleccione, diseñe y opere correctamente.

Artículo publicado en InduAmbiente n° 198 (enero-febrero 2026), páginas 80 a 81.