Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

¿Preparados para la Cuarta Revolución Industrial?

Sebastián Videla


Videla Sebastian AMEC-interior
Consultor Senior


Desde los inicios de la primera revolución industrial surgida en Inglaterra hace unos 250 años, el mundo ha sufrido cambios tecnológicos que se aceleran a cada momento.

Hoy vivimos una época de una nueva transformación de las fuerzas productivas, donde la robótica y la virtualidad empiezan a conformar una nueva realidad, cuyas consecuencias afectarán a toda la humanidad. La cuarta revolución industrial generará amplios espacios para aumentar la capacidad productiva, pero al mismo tiempo sustituirá trabajo humano por máquinas, que, con distintos grados de inteligencia artificial, irán reemplazando la mano de obra, empezando primero por el trabajo operacional para luego ir subiendo en complejidad hacia los procesos de gestión, diseño y creación.

En un país históricamente dependiente de tecnologías fabricadas en otras naciones, como el nuestro, este fenómeno podría tener consecuencias muy significativas. Por una parte, el trabajo humano de bajos salarios se podrá ver reemplazado, no sólo en Chile sino en los propios países desarrollados, lo que implicaría que estos costos no podrían seguir siendo factor de localización de actividades en el mundo entero. Por otra parte, tendría un efecto positivo para países donde la mano de obra escasea o bien, la población local es pequeña y no logra satisfacer esta demanda.

En nuestras actividades productivas es evidente que la agricultura y la minería son espacios muy propicios para introducir la robótica y los sistemas artificiales, especialmente en faenas rutinarias y/o de alto riesgo para las personas, lo que está ocurriendo en forma incipiente desde hace más de una década. Lo anterior no será suficiente para que el país esté sintonizado con los avances que implica la cuarta revolución industrial. Se necesita una política orientada a este fin, no sólo por interés de no quedar al margen de las grandes transformaciones tecnológicas, sino por la necesidad de mantener el liderazgo en sectores productivos claves de la economía nacional, y por el interés de mejorar nuestro desempeño como país, aumentando la riqueza interna y lograr mejor calidad de vida.

Tenemos un abismante déficit tecnológico, un bajo nivel de inversión en desarrollo científico y tecnológico, que perjudica a las generaciones futuras que irán quedando al margen de la sociedad del conocimiento. Son situaciones reiteradas mil veces sin que se observen cambios. Los crecientes problemas de nuestras ciudades, con contaminación, fallas de servicios básicos y una percepción de inseguridad, podrían ser campos propicios para aplicaciones surgidas de la cuarta revolución industrial, como pueden ser sistemas eficientes de comunicación, detección y gestión de riesgos, robótica en catástrofes y en la vida cotidiana, sistemas artificiales para la salud humana y muchas otras aplicaciones, todo lo cual es hoy posible. No está en manos nuestras modificar la cuarta revolución industrial. Sin embargo, sí podemos orientar los cambios para lograr un mayor bienestar social, ambiental y económico. La pregunta que hacemos, espera respuesta.

Columna publicada en Revista InduAmbiente n° 146, mayo-junio 2017, página 83.