Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Glaciares Chilenos: Archivos Naturales del Cambio Climático

Gino Casassa

Gino Cassasa grande
Glaciólogo Geoestudios
Investigador Universidad de Magallanes


Cuando hablamos de calentamiento global, de desarrollo sustentable y cambio climático, los glaciares se convierten en actores relevantes e indicadores capaces de revelar los cambios actuales en sectores remotos y difíciles de monitorear de nuestras cordilleras, testigos precisos del pasado, y la evolución de nuestro planeta. Cual verdaderos archivos naturales del cambio climático, sus muestras de hielo nos permiten estudiar el aire que respiraban nuestros antepasados y proyectar los impactos sobre el clima.

La innovación en la ciencia y el desarrollo sostenible, la responsabilidad con el medio ambiente y los compromisos nacionales en torno al control de las emisiones de gases contaminantes y la huella de carbono, son algunos de los aspectos en que el gobierno, la academia, el sector privado y la sociedad, han tomado conciencia colectiva del entorno y el cambio climático. Desde 2008, Chile cuenta con una Unidad de Glaciología y Nieves de la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas, con un papel muy relevante en el estudio de los glaciares y la evaluación de su impacto ambiental, habiéndose publicado una Estrategia Nacional de Glaciares y hoy se discute en el Parlamento una Ley de Glaciares, dándole protagonismo en la agenda nacional.

Recientemente, Fundación Chile cumplió 40 años en su misión de apoyo a la innovación, potencial que no impulsan más de 700 empresas en nuestro país, que representa escasamente el 0.15% del PIB; la cruzada denominada “Chilenos Sin Fronteras” propone impulsar la innovación, forjando una nueva era con un sello de compromiso social y medioambiental para co-crear un país más competitivo con apoyo de información, tecnología y talento humano.

El reloj corre en nuestra contra y es urgente agilizar instrumentos que aceleren la innovación en materia climática. La Antártica y Groenlandia afectan a todo el planeta a través de las corrientes atmosféricas y oceánicas y tienen junto a los glaciares de montaña un enorme valor ambiental y paisajístico. Los glaciares se enfrentan a peligros procedentes de diversas actividades antrópicas, incluyendo actividades de gran escala en nuestras cordilleras; o a la contaminación procedente de ciudades cercanas o de la circulación general de la atmósfera, que deposita material particulado en los glaciares. Últimamente se habla mucho del carbono negro, pero todavía no se ha cuantificado en detalle. Los glaciares se están oscureciendo y capturan más radiación, lo que sumado al calentamiento global, colaboran en su derretimiento, mientras que la emisión de gases de efecto invernadero acelera el proceso.

Al retroceder estas masas de hielo aumentan los peligros asociados a una mayor generación de agua, como las inundaciones glaciales, o GLOF, y la desestabilización de las zonas que pierden el hielo, que son áreas rocosas donde pueden producirse avalanchas. Pero el mayor peligro es el aumento del nivel del mar, donde la relevancia principal la tienen la Antártica y Groenlandia. Los primeros síntomas de desestabilización ya han aparecido y están en juego hasta 10 metros de aumento de la superficie marina.

El sistema terrestre tiene bastante inercia. La vida media de los gases de efecto invernadero es de muchos siglos, incluso más de un milenio. A menos que descubramos un método viable para capturarlos e inyectarlos de regreso en las rocas, tendremos que adaptarnos a un planeta más cálido. Esto nos obliga a generar legislación, buscar compromisos y ponernos de acuerdo a escala global para reducir las emisiones. En este sentido el Acuerdo de París de la COP21 de 2015 es un magnífico avance, reafirmado por la reciente COP22 de Marrakech. Si no actuamos reduciendo los gases de efecto invernadero, a fines de este siglo del orden del 70% de los glaciares de montaña habrá desaparecido.

Columna publicada en InduAmbiente N° 143, pág. 75