Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Una sociedad sustentable post Covid-19

Claudio Zaror



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Profesor Titular del Depto. de Ingeniería Química
Universidad de Concepción

Toda crisis es siempre una oportunidad. Eso está avalado por innumerables ejemplos a lo largo de la historia, donde se constataron grandes avances que fueron incubados durante situaciones graves y complejas que ponían en peligro los paradigmas establecidos.

Hoy, la Humanidad vive una crisis sanitaria severa que afecta todas las dimensiones de la sociedad. Sus impactos económicos, sociales y culturales son enormes y se profundizan cada vez más, a medida que la pandemia se extiende globalmente sin control inmediato.

Surgen entonces múltiples alternativas de solución a los problemas que enfrentaremos en un mundo post Covid-19. Fórmulas para reactivar la decaída actividad económica, para abordar las dificultades generadas por el desempleo masivo y mitigar la creciente inequidad social que se agudiza aún más en estos tiempos de pandemia.

Es entonces una oportunidad para cambiar paradigmas fuertemente enraizados en la teoría y práctica económica. Durante décadas hemos focalizado los esfuerzos en el crecimiento sin apellidos, medido por el Producto Interno Bruto que poco nos dice sobre la sustentabilidad de dicho proceso y sus efectos reales sobre el bienestar de la mayoría de las personas. Un concepto de desarrollo económico que postula la urgencia de crecer a toda costa e incrementar los beneficios financieros para, luego a posteriori, redistribuir parte de esos beneficios en el resto de la sociedad.

Recientemente, la economista británica Kate Raworth ha planteado un interesante reto a los paradigmas económicos existentes, al proponer un modelo que se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas, tales como la alimentación sana, la vivienda digna, salud y educación de calidad, vida social, entre otras necesidades, respetando los límites ambientales del planeta. Según Raworth, las empresas deben adoptar de manera urgente y efectiva nuevas estrategias centradas en el valor compartido, donde la creación de valor vaya más allá de la búsqueda de beneficios financieros que, la mayoría de las veces, quedan dentro de la empresa y sus accionistas. El desafío es, entonces, lograr que se generen múltiples impactos positivos en el entorno social y ambiental dentro del cual se desenvuelve la actividad productiva. En esencia, y en sus propias palabras, la pregunta a responder es: ¿Cuántos tipos de valor se pueden integrar en el diseño de una empresa para asegurar la devolución de valor a la sociedad y el medio ambiente?

Iniciativas como la banca ética y las empresas B se orientan en esta dirección. Si bien éstas aún constituyen una minoría casi insignificante comparada con el universo de grandes conglomerados empresariales, nos abren una ventana de oportunidad a la luz de los desafíos actuales.

Los Objetivos de Desarrollo Sustentable nos entregan claros puntos de referencia acerca de los grandes retos ambientales y sociales que enfrenta la Humanidad. Sin embargo, en sí mismos son insuficientes para avanzar hacia un desarrollo que se oriente al bienestar de los seres humanos de hoy y de mañana. Se requiere un cambio profundo en la esencia misma del concepto de desarrollo económico, tanto en las políticas públicas como en el mundo privado. Las graves inequidades planetarias de hoy y el severo deterioro de la base ambiental, en un contexto de pandemia severa, nos entregan un sentido de urgencia y una real oportunidad para implementar cambios significativos y avanzar hacia un mundo donde el bienestar de las personas y el respeto al medio ambiente sean el objetivo último del desarrollo económico.

Columna publicada en InduAmbiente N° 164 (mayo-junio 2020), pág. 71.