Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Triángulo de fatalidades

Hernán Durán




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Presidente Ejecutivo de ECO-ISI

Lo menos que se puede decir es que estamos frente a un escenario mundial muy complejo que nos desconcierta, pues se hace difícil analizar la situación y hacer recomendaciones desde las parcialidades, como es lo habitual.

Para tratar de inventar un marco interpretativo, podemos decir que estamos en una sociedad de alto riesgo vital, navegando en un mar tumultuoso, agitado por vértices móviles que no consiguen una ubicación precisa, como son el Covid-19 y el cambio climático, los cuales nos empujan hacia las profundidades dejándonos la interrogante de si queda espacio para que cometamos más errores que dañen a todo el ecosistema. Con esto no me refiero solo a los errores políticos, que no son ajenos a la compleja responsabilidad de gobernar eficientemente, sino también al accionar más global y cotidiano que estimulan al cambio climático y la lucha por las reivindicaciones sociales.

Y aquí aparece el tercer vértice de este “triángulo de fatalidades”: nuestra propia negligencia ante la responsabilidad creciente de vivir en un mundo interconectado. Pues si no es negligencia, ¿cómo llamar a lo que ocurrió en Beirut?

Desde el punto de vista ambiental, sanitario y de seguridad, la humanidad ha avanzado rápidamente en el conocimiento del comportamiento de los materiales, las reacciones que ocurren al juntarlos en entornos artificiales y hemos elaborado normas para evitar reacciones dañinas. Al parecer, al día de hoy, la explosión del puerto de Beirut fue el resultado de una mezcla entre una gran cantidad de Nitrato de Amonio, altamente explosivo, y otro material como un hidrocarburo que puede haber actuado como detonante. ¿Voluntario o involuntario? El Nitrato de Amonio es un compuesto beneficioso si se usa adecuadamente; también se conoce su carácter explosivo si no se maneja bien.

No es una sorpresa cómo funciona y es probable que haya muchas normas de seguridad para conservarlo y manipularlo que no son complejas de aplicar. Nada podría explicar que se conservara sin las debidas medidas de seguridad, por más de 6 años. En cualquier caso, incluso si se descubre otro detonante diferente al hidrocarburo, se trata de una negligencia inaceptable.

Lo dramático es que, seguramente, hay muchas “situaciones” en el mundo parecidas y sin el cuidado que requieren. ¿Estamos realmente preocupados de seguir las normas necesarias y de aprovechar todo el conocimiento adquirido para no cometer este tipo de errores, y evitar que ocurra lo mismo con el control de la pandemia y del CO2? En relación con el comportamiento humano, ¿qué diferencia hay con el cambio climático y las emisiones del CO2? El único cabo suelto es realmente el Covid-19.

Columna publicada en InduAmbiente N° 165 (julio-agosto 2020), pág. 63.