Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Recuperemos la visión de Andrés Bello sobre el agua

Sebastián Videla



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Consultor Ambiental

En la historia de Chile, el debate sobre el agua ha sido objeto de discusiones y conflictos permanentes, cuyas primeras manifestaciones se remontan al período colonial. Por ello, el Código Civil de Andrés Bello, aprobado en 1855, reconoce en su artículo 595 el carácter de bienes nacionales de uso público a los ríos y aguas que corren por cauces naturales, entendiendo que se refiere a aguas superficiales. Este concepto se recoge posteriormente en el Código de Aguas, en su artículo 5º, que además señala que los particulares pueden tener el derecho de aprovechamiento de ellas. Las Constituciones de 1833 y 1925, no hacían mención a estos derechos, que se entendían recogidos en el Código Civil. La situación cambia cuando la Constitución de 1980 reconoce el derecho de los particulares sobre las aguas en su artículo 19º número 24, sin hacer mención del dominio público de ellas.

La cuestión planteada de esta forma conduce necesariamente a posturas muy discrepantes. Si bien se puede entrar a extensas discusiones jurídicas, propias de especialistas en derecho constitucional, todo indica que no es la mejor vía para zanjarlas. El reduccionismo que hacen ciertas personas para cercar y dejar en sus manos las discusiones de fondo de los asuntos sociales, ambientales y políticos es, en general, estéril para resolver los temas que definen la sociedad.

Parece razonable que la escasez de agua en un país de geografía tan dispar como Chile obligue a tratar el tema con alta prioridad, atendiendo a que estamos expuestos a graves consecuencias derivadas del cambio climático y de la mala gestión de los recursos. Asimismo, no se puede negar que el aire y agua son vitales para la vida humana y, en consecuencia, cabe tratar el problema de asegurar su conservación y buen uso, tanto en cantidad como calidad.

Lo primero es reconocer el carácter multidimensional del problema del agua, donde su complejidad sistémica debe ser asumida como cuestión de interés nacional. El Estado no puede sustraerse a su obligación de llevar adelante una gestión de las cuencas hidrográficas, participativa y planificada. La escasez hídrica requiere generar un marco de referencia para que exista un desarrollo armónico de la sociedad que, en lo posible, tenga una duración de muchos años.

Este desafío está pendiente de solución. Andrés Bello habría entendido en toda su amplitud la necesidad de renovar el debate sobre el agua, recuperando una visión amplia y sustentable.

Columna publicada en InduAmbiente N° 166 (septiembre-octubre 2020), pág. 53.