Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Participación de la Comunidad en el Patrimonio Cultural

Felipe Fuentes




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Jefe Área Patrimonio
Gestión Ambiental Consultores

La cultura, en un sentido antropológico, se halla en la lengua, conocimiento, tradiciones, expresiones religiosas y relación con el medio ambiente, materializándose en muchas ocasiones en objetos, todos con un valor intrínseco, siempre anclados a la práctica y experiencia de sus creadores –y por tanto a una memoria–, constituyéndose así el patrimonio cultural.

Pero asumir el valor cultural de un artefacto, puede no estar exento de controversias. Por un lado, corresponde a la valoración que un grupo otorga a ciertos objetos, y por otro, al sentido que define el Estado, tal como ocurre a través de la Ley Nº 17.288 de Monumentos Nacionales. Ambas perspectivas no siempre conversan, distanciando a la sociedad de estos objetos –entendidos como monumentos en la ley–, precisando que su tuición está en poder del Estado, y la posibilidad de opinar o intervenirlos, en manos de especialistas.

Que exista tal controversia es reflejo de que los temas patrimoniales vienen a ocupar un espacio importante en la vida social de las personas, afectándola no sólo en una dimensión material, sino también en una más abstracta vinculada con la posibilidad de recordar.

Debemos preguntarnos, entonces, cuáles son las maneras de hacer partícipe a la comunidad, sea apoyando u opinando en los procesos técnicos. Ejemplo de esto son los monitores comunitarios, quienes acompañan el trabajo de vigilancia ambiental; también, participando en el alcance de las medidas de compensación para cada proyecto, al presente acotadas a la contingencia y no a profundizar en problemáticas patrimoniales específicas o locales. Prueba de lo anterior se encuentra en el proceso de rescate en sitios arqueológicos –medida ineludible cuando se requiere recuperar un contexto arqueológico–, pero muchas veces reducida a la reproducción de un método práctico y no una herramienta de conocimiento (se excava, analiza y conserva en la bodega de un museo).

A la luz de lo anterior, el éxito de muchos proyectos con evidencias arqueológicas requiere necesariamente de canales de retroalimentación entre titulares de proyectos, especialistas y la comunidad local. Aquí la manera de ver y comprender el patrimonio debe buscar un modo de fluir, pues la ley y la “opinión especializada” dejan de prevalecer como un marco totalizador, haciendo necesario involucrar y valorar la opinión local, que está mucho más conectada y actualizada con su patrimonio, propiciando así la apertura de una multivocalidad que enriquezca el resultado final.  

Columna publicada en InduAmbiente N° 162 (enero-febrero 2020), pág. 79.