Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Pandemia, sequía y economía sustentable

Edmundo Claro



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Director de Investigación de Agua y Territorio
CSIRO Chile

La pandemia por Covid-19 es mucho más que una crisis sanitaria; es, también, una crisis económica y social. Para enfrentarla se necesitan medidas urgentes a corto y mediano plazo tanto para proteger la salud y el bienestar de las personas como para mantener el funcionamiento de la economía y la sociedad. Dado que éstas irán acompañadas de importantes inversiones, tenemos que asegurar que la recuperación genere una economía que sea más resiliente y sustentable que en el pasado.

En efecto, la pandemia ha evidenciado una vez más que somos vulnerables a las vicisitudes de la naturaleza y que debemos avanzar en ser más resilientes frente a ella. Uno de los principales ejes en este camino es la adaptación al cambio climático, en el que el agua juega un rol fundamental, ya que es el medio a través del cual el clima más nos afecta.

La importancia y la peculiaridad del agua no se pueden obviar, ya que está conectada e integrada a la mayoría de los bienes y servicios de los que dependemos: salud, alimentos, transporte, energía y medio ambiente. Así, si incluimos la gestión del ciclo del agua como un eje importante en la recuperación de la pandemia, y buscamos la seguridad hídrica en nuestras cuencas, esto traerá efectos positivos para todo el país.

Lo anterior cobra especial relevancia si se considera que, debido al cambio climático, en la zona central de Chile las lluvias disminuirán y la temperatura aumentará, reduciéndose la oferta de agua. Y la demanda por ésta crecerá en los sectores productivos y la presión por bajar el consumo también subirá por la mayor conciencia ambiental de la población. Entonces, si no gestionamos el recurso hídrico de manera anticipada, acordada y basada en la mejor ciencia disponible, es probable que pronto el agua tienda a escasear, se generen conflictos sociales, los ecosistemas se deterioren y ocurran pérdidas económicas significativas.

Por no existir una solución única, hay que avanzar en varios frentes de manera simultánea. Siguiendo la experiencia australiana y tomando como analogía la construcción de una casa, este desafío requiere de cuatro elementos. Primero, se necesitan tres pilares bien firmes: políticas y regulaciones, instituciones necesarias para articularlas, e inversiones públicas y privadas suficientes. Estos pilares deben estar cimentados y sujetos a los conocimientos científicos, prácticos y empíricos que apoyen su desarrollo, con herramientas como la información de monitoreo en línea de imágenes satelitales, la modelación integrada de cuencas, la predicción de caudales, la simulación de inundaciones y muchos más.

Como es común opinar, si bien una crisis es una fuente de peligro, es también una oportunidad que no se puede desperdiciar. Por eso, debemos utilizar la pandemia para acelerar un cambio que lleva muchos años esperando concretarse: implementar un sistema de gestión y gobernanza del agua que sea eficiente, justo y sustentable.

Columna publicada en InduAmbiente N° 165 (julio-agosto 2020), pág. 53.