Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Evacuación en el Borde Costero

Cristián Sandoval

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Pdte. de la Asociación Gremial de Empresas de Prevención de Riesgos.


Actualmente, nuestra preparación ante eventos telúricos, en especial en zonas del borde costero, ha avanzado mucho en términos cuantitativos y cualitativos. La preparación que hoy tenemos como país es mucho mejor de la que existía en 2010 para el terremoto y posterior tsunami, gracias al trabajo que se ha venido desarrollando en diferentes instancias. Esto ha permitido que la cultura sísmica se encuentre más arraigada en parte importante de la población nacional.

Eso no significa, sin embargo, que estemos al día con todo y mucho menos con los nuevos desafíos que nos plantean los sismos, sobre todo, cuando estos movimientos tienen epicentros cerca de la costa. Si bien, en muchas ciudades de Chile existe información sobre las vías de escape ante peligro de tsunami, esto no ocurre en todo el país. Algo similar sucede con las sirenas o medios de alerta hacia la población. Todo esto implica la necesidad de continuar el trabajo que se ha efectuado, pero abarcando esta vez a muchas otras comunas que se encuentran en el borde costero y que, además, reciben turistas extranjeros que no tienen la misma cultura sísmica de quien ha nacido y vivido en Chile.

Nuestra población ante sismos como el ocurrido en la zona norte el 19 de enero con una intensidad VIII de Mercalli y magnitud 6,7, toma determinaciones en forma autónoma, independiente de la alerta generada por Onemi y luego cancelada, previa información del SHOA. En el intertanto, se generó la alerta de evacuación del borde costero en la Región de Coquimbo, donde parte importante de la comunidad que se encontraba en el lugar y luego de haber sentido la intensidad del sismo, temió que se generara un tsunami y optó por evacuar. Si bien esa determinación empírica se debe entender como parte de nuestra cultura preventiva ante el potencial evento, también nos debe permitir analizar los problemas que se producirían en el borde costero ante un evento real.

Es evidente que ante una evacuación del borde costero tenemos problemas con los vehículos y en el uso de las vías de evacuación. Llegar con vehículos a la cota 30 (30 metros sobre el nivel del mar), no es una tarea fácil y eso ha quedado en evidencia cada vez que se ha dado indicación de evacuar. La competencia por acceder a los lugares seguros en vehículos en desmedro de otros que evacuan a pie puede llevar a catástrofes. Por lo mismo, las autoridades locales y nacionales deben iniciar a la brevedad una campaña explicando a la ciudadanía que, para que efectivamente se salven vidas, la evacuación debe realizarse sin vehículos.

Columna publicada en InduAmbiente 156 (enero-febrero 2019), página 83.