Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Lavado de manos, el cambio de paradigma cultural

Sebastián Videla



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Consultor Ambiental

Para las generaciones anteriores de la actual pandemia, “lavarse las manos” hacía referencia a Poncio Pilato, quien con dicho acto entrega el destino de Jesús a otros, lo que lo liberaba de responsabilidad. Desde ahora toma otro sentido, totalmente opuesto: lavarse las manos es una necesidad social para combatir la pandemia.

Si buscamos la mencionada frase en la web todo lo que inmediatamente aparece son referencias a la medida sanitaria. Hay excesos como una que da 11 instrucciones, algo difícil de comprender, sin embargo, cabe destacar que hay notable gráfica y buen diseño. Así observamos, que después de dos mil años, el carácter simbólico del lavado de manos cambia de sentido, deja de ser una expresión de falta de ética para convertirse en un acto social positivo. Las futuras generaciones lo asimilarán bajo este nuevo entendimiento.

En las operaciones unitarias de abatimiento de contaminación hay dos clases de tecnologías: las de transferencia de una fase a otra, y las que producen cambios de composición química y/o bioquímica, consideradas destructivas. El lavado de manos corresponde al primer tipo, pero con algunos pasos intermedios, donde el virus que está en el aire se debe depositar en las manos y luego éste sería retirado por la acción del agua. Puede que el virus se elimine al traspasarlo a otro medio, pero deja abierta una incógnita sobre su destino. Por ello, aún falta realizar mayores investigaciones científicas.

Sin embargo, más allá de estos estudios, surge un nuevo paradigma que posiblemente va a impulsar cambios en estándares de contaminación, para el aire y el agua. Hasta ahora ambos medios tenían sus regulaciones ambientales, que corrían por canales paralelos, con nulos puntos de encuentro, pero el lavado de manos abre el espacio a la necesidad de regular acciones cruzadas, en un nivel mayor de complejidad biológica.

Todo ello sin olvidarnos que no todos tienen acceso al agua y que el fantasma de su escasez ronda sin descanso en nuestro país, donde lluvias esporádicas no bastan. Una vez más, literalmente no nos podemos lavar las manos dejando el tema hídrico de lado, sería un terrible error. Hemos sido testigos de dos crisis seguidas, social y sanitaria, con una subyacente que cada día es más evidente, la crisis ambiental global. Los cuatro factores de la filosofía griega -el agua, el aire, la tierra y el fuego- se unen para recordarnos que existen interacciones entre ellos, y que la realidad es una sola. No nos lavemos las manos de los temas principales que se deben resolver en forma urgente, aunque así demos por aceptado el cambio cultural.

Columna publicada en InduAmbiente N° 165 (julio-agosto 2020), pág. 85.