Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

La crisis permanente, una excepción que hace la regla

Sebastián Videla




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Consultor Ambiental

Vivimos una época marcada por fenómenos globales, donde una crisis sigue a la otra, traslapándose continuamente. Cuando empezó la globalización de la economía fueron muchos los que promovían sus beneficios, pero pronto empezó a notarse que no todo iba bien, generando un malestar creciente.

Las pandemias no son nuevas en la historia de la humanidad. De hecho, en tiempos recientes han generado millones de muertos, como ocurrió en 1918 con la gripe española. Sin embargo, nunca tuvieron el grado de cobertura mediática y de impacto social como lo que hoy observamos, que se caracteriza por poner en primer plano la noticia inmediata y sumergir casi en el olvido lo que venía sucediendo y sigue en curso.

Hay que advertir que en nuestro país seguimos teniendo megasequía, estallido social y en lo más reciente se agrega el COVID 19, y posiblemente otros fenómenos que están unidos a los anteriores pero que también vienen arrastrándose desde hace años. A nivel mundial están el calentamiento global, la deforestación y pérdida de biodiversidad, la mala distribución de la riqueza y la desigualdad social. Y en el contexto nacional, las zonas de sacrificio, la segregación social, el crecimiento inorgánico de nuestras ciudades y muchos otros efectos de un modelo de desarrollo inequitativo.

Atendiendo a su enorme influencia en la sociedad y las personas es muy grave olvidar que la regla actual es la crisis permanente, donde se traslapan y no desaparecen los fenómenos antes mencionados, con efectos sinérgicos que aún no entendemos bien.

Todo ello conduce a reflexionar sobre el problema de fondo, subyacente a todos los demás: la ausencia de un modelo de gobernanza que guíe a la sociedad en un mar tempestuoso, donde las viejas ideas de desarrollo se muestran incapaces de lograr soluciones efectivas a las crisis de hoy. Es posible que por la fuerza de los hechos surja un nuevo modelo en que los dogmas sociales, económicos y ambientales, entre otros, sean sustituidos por nuevas ideas acordes a la crisis permanente del sistema que existe actualmente. La relación del Hombre con la Naturaleza y consigo mismo están en juego; y el concepto predominante de la lucha de uno contra otros no parece posible de mantener.

En definitiva, dependerá de cada uno de nosotros que la humanidad sobreviva a la crisis permanente de nuestros días, donde las catástrofes y los eventos extremos son y seguirán siendo parte de la vida cotidiana. No podemos seguir defendiendo intereses mezquinos que favorecen a unos y perjudican a muchos, bajo el peligro de no lograr navegar en tiempos que requieren nuevas orientaciones para dar sustentabilidad a la sociedad humana.

Columna publicada en InduAmbiente N° 163 (marzo-abril 2020), pág. 73.