Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Informe IPCC sobre tierras: Piden más regulación agrícola en Chile

Informe IPCC sobre tierras: Piden más regulación agrícola en Chile

Fundación Terram advierte que la actividad podría estar generando daños irreparables sobre los suelos.



Jueves 8 de agosto de 2019.- Ayer se aprobó en Ginebra el informe especial "El cambio climático y la tierra", elaborado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), el cual concluyó que "hay maneras de gestionar los riesgos para la tierra, el sistema alimentario y reducir sus vulnerabilidades mediante cambios en la forma de alimentación o la disponibilidad de todo un abanico de cultivos que eviten una mayor degradación de la tierra e incrementen la resiliencia ante los fenómenos meteorológicos extremos". El informe, además, señala que para lograr la meta de limitar el calentamiento global muy por debajo de 2 °C e idealmente a 1,5°C, es muy necesario hacer un cambio de paradigma en las formas de utilización que actualmente aplicamos a las tierras.

El documento ha sido interpretado como un llamado a reducir el consumo de carne, sin embargo, da cuenta de otros impactos igualmente relevantes como la erosión de suelos o la falta de disponibilidad de agua, los cuales no solo son generados por la industria ganadera, sino que también por la actividad agrícola y forestal.

En Chile, la industria frutícola tiene un papel preponderante en las exportaciones, pese a lo cual –sostienen en Fundación Terram– no está suficientemente regulada. Fernanda Miranda, geógrafa e investigadora de dicha organización no gubernamental (ONG) señala que en nuestro país "no existe ordenamiento territorial en zonas rurales, lo cual ha favorecido el avance del modelo agroexportador, basado en la producción de frutales ocasionando impactos como la erosión de suelos y la desertificación".

Más regulación

Una de las industrias agrícolas que ha generado más controversias en el último tiempo, es la del cultivo de paltos. En Terram advierten que esta actividad es intensiva en el uso de agua y las formas de plantación están lejos de lo que se podría denominar 'técnicas de conservación de suelo'. "Los paltos son cultivados en camellones en el sentido de la pendiente, lo que favorece la escorrentía y la erosión de los suelos, ocasionando una disminución de la infiltración de agua en los acuíferos", señala la experta y autora del libro Erosión de suelos y crisis hídrica: las sombras del modelo agroexportador del palto, publicado por la Fundación en septiembre de 2018.

Añaden que esta industria ha ido reemplazando paulatinamente vegetación nativa, particularmente bosques esclerófilos localizados en la zona centro-sur, lo cual es preocupante desde el enfoque de cambio climático, ya que estas formaciones boscosas "poseen un alto valor ambiental por constituir una zona de transición climática entre las condiciones de aridez propias del desierto y la abundante humedad y vegetación que se presenta más al sur", indica Miranda.
Sobre ese escenario, en Fundación Terram sostienen que si no se regula esta industria, podría generar daños irreparables en este tipo de ecosistemas, además de favorecer la erosión de suelos.

En el mismo sentido, el informe del IPCC advierte que si no se adoptan medidas tempranas en estos ámbitos -como serían el uso más sostenible de la tierra, la reducción del consumo excesivo y el desperdicio de alimentos; la eliminación de la tala, sustitución y la quema de bosques-, aumentarían los riesgos y costos sociales, económicos y ambientales del cambio climático.

"Tomar decisiones desde el Estado que regulen industrias como la agrícola, particularmente el cultivo de frutales en pendiente, adoptando una Ley de Protección de Suelos y limitando las atribuciones que esta tiene sobre recursos tan básicos como el agua, son algunas de las medidas urgentes que debe adoptar el Estado de Chile, las que aportarían a reducir los impactos que el cambio climático traerá para las comunidades rurales más vulnerables a este fenómeno", concluye Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram.