Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

El sector financiero y la crisis climática (parte I)

Arturo Brandt



Arturo Brandt 155x155
Senior Broker Tradition Green - Consultor Ambiental

En mis siguientes columnas abordaré un tema clave para el desarrollo de la economía: el rol del sector financiero (público y privado) en la crisis climática.

Su involucramiento es fundamental para obtener las inversiones necesarias para avanzar hacia una economía baja en carbono que ayude a solucionar esta problemática ambiental.

Como referencia, la Agencia Internacional de Energía calcula que para cumplir la meta del Acuerdo de París se requiere invertir a nivel global USD 90 trillones en los próximos 15 años. Por ello es necesario desarrollar instrumentos y generar incentivos que fomenten la participación activa de dicho sector.

Generalmente, el cambio climático se asocia con mensajes pesimistas y fatalistas. Eso, por un lado, aumenta el escepticismo y negación del problema. Sin embargo, por otra parte, plantea la necesidad de encontrar una solución que, si es bien aprovechada, puede constituir una oportunidad para hacer crecer la economía de manera sustentable.

El clima que ha “moldeado” nuestro hábitat ha sido estable, salvo con algunas variaciones que ya se comienzan a notar. Eso ha permitido crear un planeta habitable y ha contribuido a formar los ecosistemas y un medio ambiente “predecible” sobre el que se ha desarrollado la economía moderna.

Esta “predictibilidad” es muy importante para las decisiones de mediano y largo plazo que incluyen, entre otros, la compra, venta, inversiones y préstamos que manejan las instituciones financieras. Hasta ahora, las decisiones de este sector, como las de muchos otros, estaban basadas en análisis de riesgos frente a un clima estable y predecible.

Sin embargo, esta premisa está cambiando. Ya no tenemos tanta certeza como para predecir las condiciones climáticas que afectarán en el corto, mediano y largo plazo a las actividades económicas, como por ejemplo la cantidad de lluvia necesaria para los cultivos o flujos de agua para la generación de la hidroelectridad. Así, nos encontramos frente a escenarios futuros que no conocemos y tampoco disponemos de todas las herramientas para predecirlos.

Es aquí donde radica el riesgo para el sistema financiero: lo desconocido es incierto y la incertidumbre trae consigo riesgos que se deben evaluar en un clima que está cambiando.

Para lo anterior, no basta ni siquiera el cumplimiento de los tratados internacionales suscritos y ratificados por Chile, como el Acuerdo de París. También es necesario observar los modelos climáticos y los cambios en parámetros meteorológicos. Para el desarrollador de un proyecto hidroeléctrico, por ejemplo, hoy no es suficiente observar el comportamiento climático del pasado y en base a esto construir sus flujos de caja. Además, se deben construir escenarios futuros inciertos.

Ganadores serán aquellos que comprendan que es necesario modificar la forma en que evaluamos los riesgos, tomando en cuenta estos nuevos escenarios. Aquellos capaces de internalizar que habrá que modificar los sistemas productivos acorde a esta nueva realidad.

Seguramente veremos nuevos modelos de negocios y otros que quedarán obsoletos.

Columna publicada en InduAmbiente N° 163 (marzo-abril 2020), pág. 67.