Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Cultura, costumbres y tecnología que pueden cambiar las crisis

Sebastián Videla



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Consultor Ambiental

El Coronavirus SARS-CoV-2 ha dado vuelta el tablero del mundo, generando condiciones que todos lamentamos por sus efectos letales, pero que ha revalorizado al agua que necesita la población, exigiendo el lavado de manos de más de 20 a 30 segundos, lo que sabemos no es posible para parte de la población. La debilidad hídrica de nuestro país nos pone en riesgo de una nueva crisis. Las alarmas están encendidas por la prolongada sequía, y posiblemente nada de lo que se pueda hacer impedirá que lleguemos a la última gota. Por otra parte, se ha difundido que un beneficio de la pandemia ha sido la disminución de la contaminación, sin embargo, hay que tener cuidado con estas ideas. No es hora de festejar éxitos.

Las pandemias son un fenómeno común y antiguo en la sociedad humana, a veces relacionadas con problemas ambientales y otras con el comportamiento humano. Dos ejemplos antiguos se pueden citar: (a) Londres 1848, el Dr. John Snow descubre que la fuente del cólera estaba en la mala calidad del agua potable, al comparar los efectos de una planta de tratamiento ubicada aguas arriba y otra en medio de la ciudad, la que finalmente resultó responsable de la epidemia al acarrear contaminantes de la propia urbe. (b) Vallenar, 1833, epidemia de escarlatina, transmitida por una persona contagiada que llega desde Valparaíso, pese a estar en cuarentena.

La tecnología y las costumbres pueden jugar en contra, si no sabemos qué hacer con ellas. Sabemos que no podemos predecir la siguiente crisis, percibimos que puede relacionarse con la escasez de agua, la contaminación biológica, la producción de alimentos, o algún fenómeno desconocido.

La opción inteligente frente a eso es un cambio fundamental de la cultura que permita un nuevo diseño social para asegurar la vida humana en el planeta, con sistemas de producción y distribución de bienes y servicios donde se aprovechen las experiencias adquiridas y se genere una capacidad robusta para enfrentar las crisis que vendrán, cualquiera que éstas sean. Finalmente, si generamos una cultura para enfrentar las crisis haremos un buen uso de la tecnología y aprovecharemos las buenas prácticas sociales.

Columna publicada en InduAmbiente N° 164 (mayo-junio 2020), pág. 13.