Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

¿Cambios de paradigmas en el SEIA?

Eduardo Astorga



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Profesor de Derecho Ambiental

La reciente modificación de la Ley 19.300, que incorpora los “humedales urbanos” al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), ha generado un hito muy relevante ya que configura una tendencia que, de mantenerse, implicará un cambio de paradigma en la “puerta de entrada” a este instrumento de gestión. Hasta la fecha el modelo chileno basado en el sistema europeo de la Directiva 337 de 1985, para determinar qué proyectos deben someterse al SEIA, utiliza un catálogo de proyectos que podríamos denominar “lista positiva por exclusión”, que brinda una relativa certeza a sus titulares, dado su carácter taxativo.

El precursor de todos, el sistema norteamericano, opera con una lógica totalmente distinta, ya que el foco está puesto en determinar la magnitud de los impactos, es decir, el sometimiento de un proyecto al SEIA depende de si sus efectos son significativos o no. Para esto se realiza una pre-evaluación que busca establecer la procedencia del EIA y subsecuentemente los aspectos más relevantes a incorporar en el análisis, y que están respaldados por los correspondientes permisos federales. A esta etapa se la denomina “scoping”, que abarca la decisión de los temas que debe cubrir la evaluación de impacto ambiental. La otra etapa central es el “screening”, que apunta a determinar si dicha evaluación es necesaria en un caso particular.

La Ley Nº 21.202, de 2020, sobre Protección de Humedales Urbanos, al incorporar la letra s) al artículo 10 de la Ley Nº 19.300, se inscribe precisamente en esta lógica de sometimiento por impactos y no por tipo de proyecto, al incluir en el SEIA la “ejecución de obras o actividades que puedan significar una alteración física o química a los componentes bióticos, a sus interacciones o a los flujos ecosistémicos de humedales que se encuentran total o parcialmente dentro del límite urbano…”. Resulta evidente que este modelo basado en impactos ambientales y no en tipologías de proyecto es más amable con el medio ambiente y es un gran aporte a la gestión ambiental nacional.

Si lo que se quiere es modernizar y hacer más transparente nuestro SEIA, en la línea del modelo norteamericano, los pasos a seguir deberían ser: incorporar la identificación de los impactos negativos inevitables, considerar el diagnóstico ambiental de alternativas de las opciones razonables, establecer la relación entre el uso local de corto plazo del ambiente humano y el aseguramiento de la productividad de largo plazo de los recursos, y determinar cualquier compromiso irreversible de los recursos involucrados si se implementa la acción.

Columna publicada en InduAmbiente N° 165 (julio-agosto 2020), pág. 69.