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El reuso y reciclaje de los componentes de los teléfonos móviles es una tendencia en aumento en Europa.
Revista Nº 88 septiembre-octubre 2007
Si usted posee algún teléfono celular en desuso y decide donarlo para su reciclaje, sepa que estará aportando, aunque sea de manera mínima, a la conservación de los gorilas del Congo. ¿Qué tiene que ver un tema con otro? se preguntará con razón.
Lo que pasa es que en la fabricación de estos aparatos se emplea un mineral denominado coltan, compuesto de niobio y tántalo, que se produce masivamente en yacimientos de esa nación africana que se sitúan dentro del hábitat de dichos simios, cuya población ha disminuido considerablemente debido, precisamente, a la explotación intensiva de esa materia prima.
Para que quede más claro, el tántalo es un producto muy empleado en los condensadores de alta capacidad usados en el sistema electrónico de los modernos teléfonos móviles.
Pero no sólo el perjuicio sobre los gorilas se evitaría con el reciclaje masivo de estos equipos. También se lograría que sustancias tan peligrosas como el antimonio, arsénico, cadmio, plomo o cinc, que forman parte de su estructura, no se liberen y contaminen el medio ambiente.
Industria Gigantesca
Según datos recientes del Ministerio de Información y Tecnología de China, el mayor mercado de telecomunicaciones del mundo, sólo entre enero y mayo de 2007 ese país fabricó alrededor de 226 millones de celulares, esperándose que en todo el mundo se comercialicen durante este año cerca de mil millones de aparatos nuevos.
Otro dato revelador indica que desde finales de los años 80, cuando aparecieron los primeros teléfonos móviles en el mercado, se han elaborado al menos cinco mil millones de unidades, casi una por cada habitante del planeta.
De ahí que, potencialmente, se podrían reciclar millones de viejos equipos al año, aunque se estima que en realidad se retiran y recuperan menos del cinco por ciento del total.
Como lo indica un informe del Instituto para la Sostenibilidad de los Recursos de España, que sirve de base para el presente artículo, la mayoría de las personas renueva su teléfono cada 18 meses como promedio a medida que se introducen nuevas tecnologías. Incluso, en algunos países desarrollados este promedio baja a 12 meses.
Sin embargo, los usuarios, a menudo, optan por guardar su “añoso” teléfono en vez de reciclarlo usándolo, por ejemplo, como reloj de alarma.
Se calcula que la población de Europa compra al año 58 millones de móviles de reposición, quedando una cifra similar, e incluso mayor, sin usar en los hogares. Sólo en el Reino Unido se desechan anualmente 15 millones de aparatos, pero apenas el 4% se recicla.
Cabe indicar que los teléfonos móviles contienen entre 500 y 1.000 componentes elaborados en base a un amplio rango de sustancias, entre las que se cuentan algunos metales pesados como mercurio, plomo y cadmio que depositados en vertederos pueden contaminar el suelo y las aguas subterráneas. También están constituidos por otros residuos peligrosos, como retardantes de llama brominados, que forman parte del circuito impreso y las carátulas.
Esfuerzo Empresarial
Los cinco principales fabricantes de celulares a nivel mundial -Nokia, Motorola, Samsung, LG y Sony Ericsson- produjeron más del 80 por ciento de los modelos vendidos en 2006. Por lo mismo, estas empresas están diseñando modelos más ecológicos que incorporan una proporción menor de materiales peligrosos.
El ejemplo más patente de lo anterior son las baterías recargables, cuyos insumos químicos han variado significativamente en años recientes y continúan evolucionando. Lo primero que hicieron fue sustituir el plomo por la mezcla níquel-cadmio. Esta varió con el paso de los años a níquel-cadmio-hídrido (NiMH), mientras que en el último tiempo se están imponiendo las baterías de litio-ion y de polímeros de litio.
Las modificaciones descritas han reducido considerablemente el consumo de energía de los teléfonos durante su uso y han disminuido la toxicidad potencial que implica la presencia de plomo y cadmio en las baterías.
Esta tendencia a producir móviles “verdes” ha sido empujada, en gran parte, por la introducción de dos Directivas en la Unión Europea:
2002/95/EC: para restringir ciertas sustancias peligrosas en equipamientos eléctricos y electrónicos.
2002/96/EC: para reducir el rápido incremento del flujo de residuos del equipamiento eléctrico y electrónico.
Con el objetivo de evitar la generación de residuos peligrosos, la Directiva 2002/95/EC exige la sustitución de metales pesados (plomo, mercurio, cadmio y cromo hexavalente) y retardantes de llama brominados (bi-feniles polibrominados, PBB; o éteres de difenil polibrominados, PBDE) en aparatos eléctricos y electrónicos nuevos colocados en el mercado a partir del 1 de julio de 2006.
Otras señales positivas en tal sentido son el desarrollo del primer teléfono que usa bioplásticos derivados de plantas y la aplicación de procesos de fabricación que emiten niveles menores de dióxido de carbono (CO2) que los métodos convencionales.
Reciclaje y Reuso
Si bien un grupo importante de componentes de los móviles son altamente contaminantes, el 90% de las piezas y partes de éstos se pueden reciclar y reutilizar gracias a los avances tecnológicos, de manera que tirarlos a la basura no parece lo más inteligente.
Afortunadamente ya se están adoptando medidas en esa línea y en países como España las nuevas leyes han comenzado a exigir que las empresas que venden este tipo de teléfonos se responsabilicen de su recuperación cuando son sustituidos.
Los expertos en estas prácticas ambientalmente amigables coinciden en que en los teléfonos móviles se usan valiosos materiales que si se retiran con los resguardos necesarios se pueden volver a usar, por ejemplo, en la confección de aparatos electrónicos.
Existen numerosos métodos para recuperar y reutilizar las partes de los teléfonos y sus accesorios, especialmente los que contienen metales preciosos y semipreciosos. Esto supone desmontar las partes, incluyendo las baterías, para aislar los componentes metálicos que serán reciclados.
Algunos insumos plásticos se pueden procesar por incineración y aportar energía a los procesos industriales, mientras que otros plásticos recuperados del cuerpo exterior de los móviles se desmenuzan, reformulan y reutilizan en moldes que sirven, por ejemplo, para elaborar las cajas de las impresoras.
Las partes útiles de los celulares que se pueden reciclar y reusar son antenas, conectores de batería, placas de circuitos impresos, circuitos integrados, teclados, pantallas de cristal líquido, lentes, micrófonos, estuches, tornillos, tarjetas SIM y altavoces.
En materia de reciclaje, cabe destacar la campaña que se desarrolla en toda España denominada “Tragamóvil”, que consiste en la recolección de aparatos depositados en más de 600 contenedores instalados para este efecto.
La fundación del mismo nombre, responsable de la iniciativa, gestionó en el 2006 cerca de 427.000 kilos de residuos provenientes de celulares, sumando 700.000 kilos (unos 6 millones de aparatos) desde el inicio de sus actividades.
Periódicamente, esta institución retira los teléfonos desde los contenedores y los transporta hasta plantas de tratamiento autorizadas, donde se procede a su recepción y pesaje. Los residuos se clasifican en función de su destino final: terminales, baterías, cargadores y accesorios.
Además, se separan los potenciales elementos nocivos para el medio ambiente que pudieran contener. Los terminales y cargadores se reciclan a través de un proceso industrial que incluye sucesivas moliendas y trituraciones.
Posteriormente, mediante un avanzado sistema de concentración basado en distintos procesos mecánicos y físicos, se procede a la recuperación y obtención de materias primas secundarias, componentes metálicos y plásticos que volverán a ser utilizados en el ciclo productivo.
Pese a los grandes beneficios de ese tipo de prácticas, a través de los años ha ido ganando terreno otro destino para los teléfonos que cumplen su vida útil o son desechados por sus propietarios.
Se trata de su reparación o reacondicionamiento para ser utilizados nuevamente como celulares en países en desarrollo, como los de Europa del Este y Africa. De todos los modelos recuperados, alrededor del 70 por ciento se pueden reconfigurar y reusar, una opción medioambiental mejor que el reciclaje.
Se estima que alrededor del 80 por ciento de la población mundial que tiene acceso a redes de telefonía móvil no puede pagar un móvil nuevo, por lo que hay un enorme mercado para comercializar teléfonos usados.
Proyectos en Marcha
Las nuevas normativas, los problemas de contaminación, el resguardo de la salud y seguridad de las personas, la eficiencia energética y otros factores están obligando a los fabricantes de aparatos electrónicos a utilizar diseños constructivos y componentes que permitan que sus productos sean más reciclables.
Así lo ha entendido, por ejemplo, la empresa Nokia, que tiene en marcha un programa al que ha denominado de Diseño Medioambiental (DM). Este consiste en minimizar el material y la energía utilizada por los celulares y otros equipos electrónicos, al tiempo que maximiza la recuperación y reciclaje de los mismos.
Hoy en día, no obstante, todavía el proceso de recuperación de los materiales de los teléfonos presenta algunas complejidades. La primera etapa considera el retiro manual de la batería. Después se tritura el aparato y se separan los metales férricos, el aluminio y los plásticos. Los metales se reciclan y los plásticos se usan, principalmente, como fuente de energía.
Las placas de conexiones internas se tratan en procesos metalúrgicos. El método se aplica a todos los productos electrónicos y es rentable, pero la recuperación de material es limitada. El desmontaje simple antes de la trituración puede aumentar la cantidad de partes más limpias a reciclar.
A modo de innovación, el Centro de Investigación de Nokia, junto con un grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Helsinki, la Escuela Finlandesa de Relojería y la Universidad de Arte y Diseño de la misma ciudad, han desarrollado un proceso de desensamblaje térmico de aparatos portátiles.
Opera del siguiente modo: por medio de una fuente de calor centralizada, tipo calor láser, se activa el accionador de aleación de memoria de forma y las tapas del teléfono móvil se abren. La batería, pantalla, placa de conexión impresa y partes mecánicas se separan y pueden reciclarse en procesos específicos para cada material.
El calor por láser es un método viable debido a su velocidad y precisión. De hecho, el desensamblaje de los teléfonos sólo demora dos segundos, a diferencia del sistema manual que requiere de un promedio de dos minutos. Pese a tan importante ventaja, esta alternativa todavía debe ser mejorada para lograr su empleo masivo.
A la par, se están probando otras tecnologías de desensamblaje de equipamiento electrónico, destacando la que involucra el uso de robots.
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