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S.O.S. para los suelos
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Para combatir la contaminación de los suelos afectados por la actividad industrial, las investigaciones apuntan hacia la vía biológica, buscando soluciones de micro-ecología para problemas macro-ecológicos.

Revista Nº 28    septiembre-octubre 1997


La concientización del público sobre la contaminación de los suelos es un fenómeno relativamente reciente. Algunos incidentes, tan graves como espectaculares, han puesto en evidencia la amenaza que pueden suponer los productos tóxicos abandonados en el subsuelo para las personas, fundamentalmente a través del agua de las capas freáticas, que son las mayores fuentes del agua potable. Además, de manera contraria a lo que ocurre al aire o al agua, la contaminación del suelo no desaparece en cuanto se elimina la causa.

Debido su escasísima movilidad, el suelo acumula la contaminación. Un ejemplo de ello sucede con las pequeñas cantidades de gasolina que van cayendo al piso cada vez que se llena el depósito de los automóviles. Estas se  van acumulando en el suelo de la gasolinera. Imaginemos el escenario: Con solamente 100 veces por día de este hecho, multiplicado por 300 días al año, una gasolinera almacena en su subsuelo de uno a dos metros cúbicos de gasolina en diez años. Hay otras situaciones tanto o más atentatorias contra los suelos y la tierra.

Debilidad Legal

Pero, ¿qué hacer frente a la contaminación que causa un establecimiento industrial?
Digamos que hasta ahora en Europa no existe reglamento alguno al respecto. El problema de la polución de los suelos se trata de manera diferente en cada uno de los países, ya sea en relación con una norma que fija un nivel crítico de contaminación, o bien considerando el riesgo y los perjuicios de la polución de un establecimiento industrial sobre el medio ambiente y la población vecina.

También, la noción de responsabilidad varía igualmente según los países. Por ejemplo, Francia se orienta hacia un reglamento fundado sobre la evaluación del riesgo: si hay riesgos de que la polución se extienda al exterior de un establecimiento contaminado, el responsable de ella tiene el deber de pararla y, si es posible, realizar una limpieza de la zona afectada para evitar las consecuencias judiciales y penales.

En el marco de este reglamento en etapa de elaboración pesa sobre todo el valor inmobiliario de los terrenos supuestamente contaminados y bloquea las transacciones en los baldíos industriales.

Paralelamente, los grandes industriales se adelantan a la situación y empiezan  a limpiar sus establecimientos más expuestos para así no situarse en la lista prioritaria del futuro reglamento que los va a afectar.

¿Como Limpiar?

Actualmente no existe una tecnología que garantice una limpieza total. Por otra parte, la ausencia de una legislación específica lleva a que la solución más frecuente sea excavar todo el suelo contaminado para trasladarlo a otra parte. ¿Tal vez a un vertedero?
En este caso, se trataría de una solución que es un contrasentido si se consideran los volúmenes astronómicos de los suelos contaminados que se deben sustituir.

Otra manera de resolver el problema consiste en el confinamiento o inertización in situ. En este caso, se sacrifica el sitio industrial contaminado para transformarlo en vertedero. Se consigue, entonces, el confinamiento por medios artificiales (en el caso de un vertedero autorizado es la estructura geológica natural la que garantiza el confinamiento) y, por consiguiente, una fiabilidad limitada en el tiempo. Esta segunda solución no puede ser sino un medio temporal para contener la polución, en espera de disponer de los medios tecnológicos y financieros para resolver el problema de manera duradera. Derivados de la industria del tratamiento de los desechos, tales como la incineración y otros tratamientos térmicos, ofrecen una tercera vía.

Estas tecnologías, eficaces para destruir contaminantes, presentan dos inconvenientes: por una parte son muy caras y, por la otra, al quemar todos los elementos que contiene la tierra estos producen ceniza sobre la cual no crecerá nada.

Por ello, algunas empresas que buscan combatir la contaminación, como es el caso de Rhone Poulenc, por ejemplo, han escogido orientar su investigación hacia otras vías, en particular la vía biológica, para tratar los suelos y así conservar su carácter vivo. En efecto, el suelo es un medio vivo y complejo donde cohabitan y disputan centenas de microorganismos diferentes, decenas de  micro-insectos y toda clase de plantas. Es un ecosistema con gran estabilidad, capaz de una gran resistencia a las  agresiones y sobre todo capaz de volver a auto-repararse. El suelo contaminado es un suelo enfermo que se recupera lentamente. ¿Por que no ayudarle, entonces, acelerando su capacidad de auto-reparación?

Trabaja la Naturaleza

En un suelo contaminado, la diversidad de vida se reduce considerablemente, pero es raro encontrarlo completamente muerto. Los microorganismos sobrevivientes de la agresión tóxica saben utilizar el agente contaminante en su metabolismo, aunque a menudo con poca eficacia. Puede tratarse de microorganismos que tengan esta propiedad natural o mutantes que la propia contaminación ha seleccionado naturalmente.

En condiciones normales, estos mutantes no soportan la competencia con sus congéneres y desaparecen. Si entre estos microorganismos se logra detectar el más eficaz para consumir al agente contaminante, si se aísla para multiplicarlo en un reactor antes de reimplantarlo in situ, si se aportan los elementos que le hacen falta para su crecimiento y si se le ayuda con tensio-activos para desenganchar el agente contaminante de la materia sólida, se puede conseguir una descontaminación natural, rápida, eficaz y barata.

La naturaleza se encargará de hacer el trabajo. Y la única energía utilizada habrá sido la de aportarle una ayuda, un pequeño empujón. Esa es la vía adecuada para resolver los problemas de contaminación de los suelos, mediante una solución innovadora, eficaz y económica. Así, en breve, se podrán eliminar biológicamente los hidrocarburos aromáticos policíclicos, contaminantes muy tóxicos que se encuentran en los antiguos centros de producción de gas a partir de la hulla y en las instalaciones de carboquímica, heredados de la industria del siglo pasado y que hoy son parte de las zonas urbanas.

Hoy, muchas de estas antiguas fábricas, paralizadas y cerradas, se encuentran en zonas urbanas y en terrenos de un valor inmobiliario importante, pero absolutamente desaprovechados por falta de un adecuado tratamiento a un costo razonable.
 
 
 
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