top.jpg


Los otros rellenos
Imprimir
Por contar con residuos muy compactados, los rellenos sanitarios secos prolongan su vida útil y reducen considerablemente la generación de lixiviados y biogás.

Revista Nº 84    enero-febrero 2007


El popular dicho que sostiene que “no hay mal que por bien no venga” es muy cierto. Tanto así, que hasta de los conflictos bélicos más sangrientos se puede rescatar algo positivo, aunque nada comparable a los horrores de un conflicto bélico. Un buen ejemplo en tal sentido lo constituye la Segunda Guerra Mundial, evento armado en el cual se transformó en costumbre que la mayoría de las unidades militares depositaran sus desperdicios en hoyos, para luego cubrirlos diariamente con una capa de tierra.

Esta singular práctica dio vida a lo que hoy se conoce como relleno sanitario o vertedero sanitariamente controlado, sistema que fue rápidamente adoptado por los países después del cese de las hostilidades.

En las seis décadas siguientes, los depósitos de residuos sólidos domiciliarios (RSD) han ido evolucionando en lo que concierne a su diseño, operación, tipos de desechos que reciben, requisitos ambientales y otros factores.

Hoy en día, las exigencias que deben cumplir son mucho más rigurosas y las legislaciones y políticas de la mayoría de los países buscan minimizar el espacio utilizado para estos fines y reducir la contaminación por lixiviados y biogás, así como los otros impactos ambientales.

Image

Mayor Preocupación

El Director del Grupo de Investigación de Residuos Sólidos de la Escuela de Ingeniería en Construcción de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Marcel Szantó, apunta que las nuevas directrices de los países desarrollados sobre vertederos exigen que se elimine el riesgo de contaminación de aguas subterráneas por los lixiviados producidos, la degradación de los RSD y que se dé un tratamiento adecuado al biogás que pueda producirse.

Agrega: “Considerando al vertedero como un proyecto de ingeniería con altos costos de explotación, se requieren estudios más acabados de nuevas alternativas de eliminación para mejorar sus condiciones técnicas y evitar el incremento en el valor de su operación. Principalmente se debe priorizar la ubicación del recinto (para minimizar los costos de transporte), el tipo de suelo (para producir el menor impacto en una zona reducida) y evitar la contaminación del entorno (en especial por lixiviados y gases)”.

Dentro de esa lógica, Chile ha ido mejorando los estándares de sus sitios de disposición final y actualmente cerca del 60% de los residuos domiciliarios del país se disponen en vertederos con garantías sanitarias y ambientales. Sin embargo, ninguno emplea la tecnología de relleno seco o de tumba seca, modalidad poco conocida en nuestro territorio y que sólo se ha intentado aplicar en muy contadas ocasiones. ¿En qué consiste? ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas? ¿Dónde se ha utilizado? Esas y otras preguntas tienen sus respuestas en las siguientes líneas.

Alta Compactación


Los rellenos sanitarios secos basan su funcionamiento en la reducción del volumen de los residuos que reciben gracias a un proceso de alta compactación, lo que les permite mejorar su gestión. Es una etapa de pretratamiento que contribuye a aumentar la cantidad de RSD depositados y, por ende, la vida útil de los botaderos. Puede incluir varios procesos adicionales, como la selección manual, la separación completamente automatizada y hasta el encapsulamiento de las pacas o balas -nombres que reciben los fardos de desechos compactados- con plásticos.

Según indica José Arellano, académico y asesor del Grupo Proactiva Medio Ambiente -que opera en Chile los rellenos sanitarios Santiago Poniente y La Yesca-, las dos maneras más usuales de implementar un depósito de este tipo son:

•    Compactando fuertemente los residuos con equipos apropiados fuera del área del relleno, extrayéndose gran parte del agua contenida en la basura. Esto se hace en plantas compactadoras donde el líquido recuperado, dada su baja carga contaminante, se envía a un sistema de tratamiento, pues sólo se trata de un “estrujado”, como lo avalan las investigaciones de la Universidad de Cantabria, en España. Lo que llega al sitio de disposición final son pacas o balas que son dispuestas ordenadamente en su interior. El área que se rellena no puede recibir residuos que se compacten de manera diferente.

•    Compactando fuertemente los residuos con equipos apropiados en el relleno mismo y luego disponiéndolos de manera tal que ingrese un mínimo de agua al interior de la masa de desechos contenida en la obra. En este caso, las balas pueden alcanzar densidades superiores a 800 kg/m3. El líquido que emana se retira mediante los drenes construidos especialmente para ese fin y se conducen a lagunas de almacenamientos para su tratamiento posterior.

Haciendo un análisis del sistema, José Arellano sostiene que “al perder los residuos gran parte de su contenido de humedad, las bacterias dejar de habitar en un ambiente adecuado. Estas requieren aproximadamente un 60 % de humedad (en base húmeda) y otras condiciones para lograr descomponer la materia orgánica y, por lo tanto, para producir el biogás y los lixiviados, que son las dos emisiones más problemática de los rellenos sanitarios. Considerando lo anterior, la alternativa seca parece ser una buena solución”.

Image

Diversos Beneficios

Especialistas extranjeros aseguran que el embalado de residuos puede llegar a incrementar el tiempo de operación de un vertedero en un 20% en comparación con uno de diseño tradicional, y hasta en un 60% en relación con un depósito que no cuenta con un sistema de compactación adecuado. Las densidades que normalmente alcanzan este tipo de instalaciones varían entre los 600 y 800 Kg/m³, pudiendo alcanzar los 900 kg/m³. E incluso más, toda vez que el sistema español Imabe –que consiste en plantas para el prensado y embalado de RSD a alta densidad– se sitúa entre 1.000 y 1.200 Kg/m³.

De este modo, se extiende la vida útil del relleno sanitario y, desde el punto de vista económico, se consigue un ahorro de espacio al colocarse más residuos en un menor volumen.

En resumen, las ventajas más importantes de esta técnica de embalado de basuras son:

    •    Los procesos de descomposición de la materia orgánica contenida en los residuos se vuelve más lenta. También se minimizan las emisiones de biogás y lixiviados de alta carga contaminante.

    •    Aumenta la densidad del vertedero y su vida útil, toda vez que puede recibir hasta un 50% más de residuos. Asimismo, la compactación de éstos reduce los problemas geotécnicos por asentamientos diferenciales, ya que se detienen algunos procesos de descomposición biológica y aumenta la capacidad de soporte de la masa de residuos.

    •    Se reduce el riesgo de incendio en el vertedero.

    •    Las balas presentan una gran estabilidad durante su colocación.

    •    El transporte y gestión de las balas se realiza en un ambiente de limpieza y orden. La forma en que se transportan se simplifica, ya que se manejan con facilidad y los camiones pueden tener un diseño menos complejo que los utilizados en vertederos tradicionales.

    •    Es un sistema flexible de eliminación de residuos que permite su almacenamiento temporal en meses en que la tasa de producción de desechos aumenta considerablemente. Es lo que sucede, por ejemplo, en muchos pueblos y ciudades turísticas que en fechas específicas reciben gran cantidad de visitantes y, por lo tanto, el volumen de residuos que generan se incrementa de gran manera.

    •    El relleno seco enfrenta menos problemas que uno convencional ante condiciones climáticas extremas debido a la menor área abierta expuesta a la lluvia.

    •    El frente de trabajo que está a la intemperie es más pequeño que en un sitio convencional. Así se reducen los vectores de contaminación, puesto que se restringe el acceso de pájaros, roedores, perros y otros animales.

    •    Es compatible con otros sistemas de eliminación de residuos, como incineración, recuperación y compostaje, pudiendo formar parte de un plan de gestión más amplio.

    •    Mejora la operación del vertedero, ya que se evita la dispersión del material ligero del residuo (como papeles y plásticos) por acción del viento, con lo cual el aspecto general del lugar es evidentemente mejor.

    •    El material de cobertura utilizado en la construcción de un vertedero de balas disminuye considerablemente en comparación con una instalación tradicional.

    •    Los asentamientos son mínimos, situación muy diferente a lo que ocurre en un relleno sanitario convencional.


Factores en Contra

Pese a sus beneficios, José Arellano subraya que, al hacer un análisis más a fondo y más realista de esta tecnología, quedan al descubierto algunas debilidades importantes de la misma. Se centra en una de ellas: “Muchas bacterias se mantienen en estado de latencia debido a procesos de esporulación, por lo que cuando vuelven a encontrar la humedad apropiada empiezan otra vez a descomponer la materia orgánica existente. Esto puede ocurrir subrepticiamente y causar impactos relevantes en el depósito, porque las emisiones se producirán en un momento no esperado”.

Agrega otro antecedente que desincentiva el emplazamiento de rellenos secos: “En la actualidad, a causa de la falta de recursos energéticos que afecta a Chile y a otro grupo de países latinoamericanos, y por la demanda creciente que existe de bonos de carbono, el biogás ya no es una emisión que tenga una connotación negativa. Ahora se lo ve como un subproducto y es probable que en un plazo no muy lejano los rellenos se hagan en función de optimizar la generación de este combustible y se convierta en un producto de estos recintos. Tal vez en los países que tienen que comprar créditos de carbono el desarrollo de rellenos secos se deba seguir estudiando para superar los obstáculos que implica su operación”.

Otro factor a considerar es que el proceso de compactación de RSD provoca escurrimientos de líquido proveniente de la fracción orgánica de los residuos. La cantidad es variable y depende de la capacidad de la planta procesadora y del tamaño de la fracción orgánica en los residuos.

La composición de los desechos líquidos depende de las características y la humedad de los residuos procesados. Los escurrimientos se caracterizan por su alto grado de contaminación orgánica (DQO, ortofosfatos, nitratos), elevada concentración de sólidos, cloruros, sulfatos, calcio y metales pesados (como hierro, plomo, zinc, cobre, cobalto y arsénico), y alta carga de coliformes totales y fecales.

Lo ideal es que los líquidos emanados de las prensas sean recolectados mediante una red de drenaje interior para su evacuación a un tanque de almacenaje para su control y tratamiento posterior, o directamente a una laguna de evaporación que esté en el mismo sitio del relleno sanitario.

Si el área donde se ubican las prensas empacadoras esta cerrada, se requiere de aparatos de ventilación y contra incendio, así como de un sistema de agua para el lavado periódico de los equipos.

Intentos Fallidos

No es mucha la experiencia acumulada con esta tecnología en los últimos años. De hecho, como explica José Arellano, “los vertederos secos en Estados Unidos se cuestionan desde hace algún tiempo, ya que las medidas que se adoptan logran disminuir la producción de lixiviado y biogás sólo en la etapa de operación de los depósitos. Estas emisiones se pueden producir en fases posteriores, cuando el relleno está abandonado y sin control, debido a que la actividad bacteriana vuelve a reactivarse por diversas razones. En esas circunstancias el daño ocasionado puede ser mayor”.

A su vez, en el vertedero Dos Aguas, en Valencia (España), un porcentaje menor de balas se ha desarmado debido a la ineficiente operación. Para enfrentar este problema se instaló un depósito convencional adyacente al relleno seco, cuya geometría se niveló con balas rotas de manera voluntaria e involuntaria.

Avalado en el conocimiento que tiene sobre este tipo de instalaciones, Marcel Szantó formula las siguientes recomendaciones para mejorar el funcionamiento que han tenido hasta ahora: “En vista de las grandes deficiencias constatadas en los rellenos secos debido a la falta de adiestramiento de los operadores, se requiere del diseño e implementación de un manual de operaciones y contingencias para ser entregado junto con la maquinaria de embalado. También se deben desarrollar de mejor manera los estudios de estabilidad de vertederos que funcionen con un sistema tradicional y de embalado (mixto)”.

Aclara, en todo caso, que cuando ha habido un buen proyecto y la operación ha sido la adecuada se han obtenido resultados más que interesantes con esta tecnología.

Con probar no cuesta nada.



     Malas Experiencias en Chile
     José Arellano revela que hace algunos años dos rellenos sanitarios de la Región Metropolitana tuvieron en mente implementar un depósito seco. Su objetivo era producir volúmenes muy bajos de lixiviado debido a la imposibilidad que tenían de cumplir las normas de descarga de efluentes.

    Añade: “Estos sitios desarrollaron acciones para evitar que se infiltrara mucha agua lluvia en su interior. En concreto, mejoraron la intercepción de las aguas que podían penetrar desde el exterior, aumentaron el espesor del material de recubrimiento y perfeccionaron las pendientes y conducción de las precipitaciones que caían directamente sobre el recinto de manera de sacar rápidamente esta agua. Con el correr del tiempo, empero, encontraron soluciones alternativas a ese problema, y además los precios que estaban alcanzando los bonos de carbono hacían atractiva la producción de biogás”, destaca.

    Marcel Szanto, por su parte, recuerda dos experiencias fallidas. La primera tuvo como protagonista a la empresa Siles, que operaba el vertedero Boyeco de Temuco, que compró a la compañía española Imabe Ibérica una planta de alta compactación que instaló en medio del botadero. Pero como no existió un proyecto de ingeniería para el desarrollo de un vertedero seco, y debido a problemas económicos, la iniciativa fracasó.

    De  igual forma, la PUCV, a través del grupo de residuos sólidos que dirige el destacado académico, y por encargo de la Oficina Coordinadora de Asistencia Campesina (OCAC), realizó un estudio de mecánica de suelos para determinar la viabilidad técnica-ambiental de habilitar un vertedero en Isla de Pascua basado en un sistema mecanizado de balas.

    Posteriormente, la Unión Europea donó una planta compactadora de basura para cumplir ese objetivo, pero ésta se utiliza actualmente para hacer balas de papel recuperado, metal y otros productos. “Es lamentable la obstrucción que ha tenido el desarrollo del proyecto, especialmente por el desconocimiento que existe de la técnica por parte de técnicos nacionales y extranjeros residentes en la isla”.
 
 
 
Ezequías Alliende 2483 - Providencia - Santiago de Chile
Teléfono 927 2000 - Fax: 927 2021 - E-mail: tiemponuevo@induambiente.cl - ventas@induambiente.cl
Diseño y Desarrollo por Kontacto Global
Síguenos en