Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

La Primera Norma Chilena de Olores

Pedro Navarrete

Pedro Navarrete Columnista 155x155
Gerente de Asuntos Ambientales y Sustentabilidad
Cámara de la Producción y del Comercio de Concepción


El primer Seminario sobre Gestión de Olores en la Industria que está organizando InduAmbiente trajo a mi memoria la gestión realizada con una de las primeras normas de emisión que se atrevió a regular las emisiones de gases azufrados emitidos desde el proceso productivo de la industria de la celulosa chilena. Fue una iniciativa muy particular que vale la pena recordar porque marcó una forma de trabajar muy distinta a la actual que, tal vez, es necesario rescatar hoy como un ejemplo colaborativo basado en confianzas.

El proceso desarrollado tuvo varias particularidades:
-En 1997, es decir, apenas dos años después de oficializado el DS 93/95 que estableció el “Reglamento para la dictación de normas”, la autoridad ambiental de la Región del Biobío se coordinó con el gremio forestal local para desarrollar esta norma, aplicable a un sector productivo específico que consolidaba su segunda fase productiva en Chile.
-El gremio forestal regional, voluntariamente, acogió el desafío destacando a ejecutivos de las cinco empresas existentes en ese entonces para conformar un Comité de Trabajo con la Conama y académicos que logró formalizar la norma, ajustado a los procedimientos reglamentados, bajo el DS 167/99, publicado el 1 de abril de 2000.
-Una vez disponible la regulación, fue necesario desarrollarla, emitir un instructivo que la explicara y que serviría para cumplirla y fiscalizarla; instalar instrumentos de monitoreo continuo (CEMS) que no existían en Chile; capacitar técnicos de las empresas y de los servicios del Estado encargados de la fiscalización.
-Se realizaron seminarios y capacitaciones conjuntas que contaron con asesorías extranjeras de proveedores, empresas de celulosa –coordinadas por Corma– y organismos reguladores, coordinados por la Conama, como la EPA Norteamericana.

No he tenido una experiencia similar en el desarrollo de ninguna otra norma ambiental. Tal vez haya símiles en los Acuerdos de Producción Limpia y en la gestión energética, pero sin alcanzar la formidable potencia de esa experiencia. Retomar este virtuoso espíritu, proactivo y visionario, colaborativo y sincero, realista y gradual, es un desafío para la administración de las empresas y sus gremios. Esto debe extenderse a las comunidades y sustentar los mejoramientos de la institucionalidad ambiental necesarios de considerar, ojalá hoy, y una obligación de los años venideros. Esta experiencia, convertida en norma ambiental, hoy tiene una versión mejorada, y sustenta en parte la Estrategia para el Control de Olores en Chile que lleva adelante el Ministerio del Medio Ambiente.

Fueron actores preclaros de esta gestión la Dirección Regional de la Conama Bío Bío, los ejecutivos de Corma Bío Bío y de las empresas productoras de celulosa, como también distinguidos académicos de la Universidad de Concepción. A todos ellos los saludo desde la distancia de los años por haber construido esta forma de hacer desarrollo sostenible en Chile.

Columna publicada en Revista InduAmbiente n° 146, mayo-junio 2017, página 64.