Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Industrializar o Exportar con Reciclados

Hernán Durán

Duran Hernán GESCAM-interior
Gerente General GESCAM



Los residuos sólidos son los restos o el sobrante no utilizable de un determinado producto que el consumidor no desea conservar.

¿Cómo valorizarlos? La obtención del alambre a partir del cobre es un buen ejemplo, claro y simple, pues después de su vida útil el cobre no ha perdido propiedades físicas y, con su reciclaje, puede ser reutilizado como materia prima para fabricar radiadores de autos o el mismo alambre. Es el ciclo de vida del producto y del residuo, sumados.

Naturalmente el costo de una unidad de cobre reciclado es menor que el costo de fundir la materia prima y procesarla para obtener la misma unidad de cobre para producir el alambre o el radiador, por cuanto el costo de la extracción, fundición y procesamiento normalmente lleva mucha energía incorporada, pero el cobre reciclado ya lo tiene incorporado. Ahora, en la medida en que el análisis se hace en una perspectiva económica en función de su valorización como materia prima o energética, se pasa del concepto de ciclo de vida a la economía circular. La mayor ganancia la tiene el fabricante final de la manufactura y no necesariamente el que se limita a recolectar y empacar el residuo.

En esta economía circular la pregunta es cuál es la valorización que optimiza el valor del residuo en un determinado país. El tema puede ser visto desde a lo menos cuatro perspectivas: como país, en términos de su desarrollo económico, como empresario reciclador-productor, empresario exportador-reciclador y como consumidor.

El punto a determinar es cuál debiera ser la aspiración, como empresarios, de exportar los residuos. La respuesta es sencilla. El óptimo económico se conseguirá con el tratamiento de los reciclables en el propio país, lo que sólo es posible si se desarrolla la industria nacional del reciclaje; es la opción como país. Para el empresario productor-reciclador, el segundo caso, el tema es saber cuál es el mejor precio considerando la rentabilidad de largo plazo, pues el factor de riesgo no estará sujeto a las fluctuaciones de corto plazo del mercado internacional. Por lo tanto, si este análisis se considera válido, el óptimo se alcanza con la industrialización, donde la exportación sólo es un beneficio país para deshacerse de un residuo y evitar que se envíe a relleno o a vertedero. Sin embargo, mirado el problema desde la perspectiva del empresario exportador-reciclador el tema es diferente por cuanto su utilidad la conseguirá simplemente al recoger el producto, embalarlo, por lo general un proceso simple, y exportarlo; así planteado, el valor agregado del residuo es mínimo, pero seguro.

El óptimo se resuelve entonces con decisiones de política económica, determinando cuál es el punto de equilibrio entre exportar residuos o bienes manufacturados y cuánto están dispuestos a pagar el país, el consumidor y el industrial. Seguramente habrá una diferencia de corto plazo, pero habrá también una realidad diferente para la generación de empleos, saber hacer tecnológico y divisas. En el caso de las baterías se recicla casi la totalidad de las fuera de uso, los aceites lubricantes, del orden del 50%, pero en ambos casos el producto se introduce al mercado por la vía de los importadores y si ellos tienen que asumir el costo del tratamiento del residuo reciclaje prefieren que se trate a granel y se exporte. En el caso de las baterías se produce plomo refinado, pero no baterías como producto final. No es casualidad que los importadores preferirían que se exporte sin tratamiento, pues sostienen que las baterías tendrían un mayor valor y eso, al aumentar la elasticidad precio de la demanda, incidirá en una menor demanda del producto.
La pregunta es saber cuál es el precio tolerable para el reciclaje.

Columna publicada en InduAmbiente N° 143, pág. 45.