Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

Desafíos de la Cuarta Revolución Industrial

Sebastián Videla

Videla Sebastian AMEC-interior
Consultor Senior

    
Estamos inmersos en la mayor transformación tecnológica de la historia de la humanidad, en un camino que conduce a una nueva sociedad, donde la inteligencia será compartida entre hombres y máquinas. Como país tenemos un difícil desafío y hasta ahora no se observan cambios para estar optimistas. Basta considerar el gasto en I+D que no alcanza al 0,4% del PIB, contra un promedio de la OECD de 2,4%, a lo que se agregan diversos indicadores de la actividad científica que muestran valores muy bajos, como son la existencia de menos de 800 profesionales con doctorado por cada millón de habitantes, una cifra de cinco a veinte veces menor que en países de alto desarrollo tecnológico.

De continuar este atraso, las consecuencias serán muy fuertes, con posibles pérdidas de mercados, disminución de actividades económicas y una posición secundaria en la economía mundial. La división que se producirá entre países líderes en tecnología y aquellos que no tienen este desarrollo será dramática y de consecuencias impredecibles.

La economía que se ha basado en extracción de materias primas podrá continuar generando beneficios, pero estos irán decreciendo, en la medida que se optimicen los usos de recursos materiales, donde el concepto de economía circular alcance su mayor desarrollo.

Los actuales esfuerzos de I+D no son suficientes, pese a que debe reconocerse que existe un ambiente propicio en gran parte impulsado por CORFO. Sin embargo, cabe considerar que se requieren visiones más profundas y diversificadas de la actividad de innovación. La tecnología no es patrimonio de un sector de la realidad nacional; por el contrario, hay distintas experiencias que muestran que los emprendimientos se originan en personas de muy variadas formaciones. En tal sentido hace falta un cambio de enfoque, que reconozca y fomente la innovación en todos los ámbitos.

La Universidad, históricamente considerada fuente del conocimiento, ha tardado en reconocer que más allá de los planteamientos académicos, existe un mundo donde la experiencia resulta determinante en el desarrollo industrial. La tecnología es un producto social, que se genera por requerimientos de la realidad concreta y por la iniciativa de personas que son capaces de entregar soluciones innovadoras. Nuestra opción como país, es ir más allá de los esquemas tradicionales, donde se pueda movilizar la capacidad creativa con una gestión integral. En tal sentido, no son solo son recursos económicos lo que se necesita. Es necesario incorporar a las personas en este cambio de paradigma, para tener éxito. Se requiere un proceso que abra espacios de colaboración entre instituciones, empresas, universidades y la sociedad en general.

Son los desafíos de la Cuarta Revolución Industrial los que obligan a modificar las estrategias y ampliar la visión con un sentido de inclusión que permita la máxima expansión de nuestras capacidades.

Columna publicada en InduAmbiente 149 (noviembre-diciembre 2017), pág. 77.