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La peligrosidad de estos compuestos químicos hace recomendable tener un catastro de las fuentes que las generan y aplicar las mejores tecnologías de control, señaló Peter Behnish en entrevista a InduAmbiente.
Viernes 15 de julio de 2011.- Durante la guerra de Vietman, tanto soldados estadounidenses, guerrilleros del Viet Cong y también miles de civiles inocentes enfrentaron por igual a un enemigo nuevo y hasta entonces desconocido e invisible: las dioxinas.
Este compuesto químico es uno de los productos más tóxicos que el hombre ha logrado sintetizar y fue uno de los principales componentes del denominado Agente Naranja, un defoliante que el ejército de EE.UU. utilizó como arma en dicho conflicto bélico y lanzó en grandes cantidades sobre el territorio vietnamita para tratar de imponer sus términos. Sin embargo, lo que consiguieron los estadounidenses fue que hoy, a 36 años de finalizada la conflagración, aún existan descendientes de los afectados por las dioxinas que sufren graves problemas de salud asociados a estas sustancias.
Este episodio es uno de los ejemplos más citados por los científicos para ilustrar los efectos nocivos que pueden generar dichos compuestos químicos, como son distintos tipos de cáncer, lesiones en la piel, fallas en el sistema inmnunológico y en el sistema nervioso central.
Las dioxinas provienen, básicamente, de procesos de combustión con presencia de cloro, por lo cual se pueden encontrar en las emisiones de diversos procesos industriales que contienen este elemento, como también en eventos como las quemas de bosques o las erupciones volcánicas.
El Dr. Peter Behnish es experto en análisis de contaminantes químicos y biológicos, y en la actualidad se desempeña como director de Comercio y Marketing de la empresa holandesa BioDetection Systems b.v.. Recientemente estuvo en Chile, invitado por el Instituto de Salud Pública (ISP).
Según explica el especialista en entrevista a InduAmbiente, actualmente varias naciones desarrolladas implementan controles eficaces para estos compuestos, pero aún se necesita avanzar más en ello. “Muchos países tienen normas o guías para los análisis químicos relacionados con las dioxinas, pero sólo Holanda, Japón, Noruega y Estados Unidos implementan métodos para detección de estos compuestos en suelos y sedimentos”, acota Behnish.
Asimismo, comenta que en algunos países hasta el día de hoy no existe control sobre los incineradores, ya que generalmente corresponden a fuentes pequeñas que no abundan en sus territorios. “Sin embargo, estas instalaciones también producen dioxinas”, advierte. Entre estas naciones el científico cita a Chile.
Control y catastro
Peter Behnish señala que hoy existen tecnologías eficaces para controlar la producción de dioxinas y sustancias precursoras de estos compuestos. En ese contexto, cabe indicar que para minimizar la formación de dioxinas, los incineradores modernos actualmente se operan bajo condiciones estrictas y controladas de temperatura, tiempo de residencia y exceso de oxígeno. Asimismo, se instalan sistemas de depuración de gases que suelen incluir filtros de manga, electrostáticos (o electrofiltros) y lavadores de gases, entre otras tecnologías.
Los incineradores son una de las fuentes que pueden producir dioxinas y, por lo tanto,
es pertinente operarlos bajo condiciones estrictas, plantea Peter Behnish.
Behnish plantea que además de aplicar tecnología de última generación, los países deben preocuparse de elaborar un catastro de la amplia variedad de dioxinas presentes en el medio ambiente, abarcando el suelo, sedimentos, el agua y el aire. “Hay que tener un inventario de dioxinas porque éstas se originan a partir de diversas fuentes. Para concretarlo, se deben conocer bien esas fuentes y seguir pautas a nivel internacional”, detalla.
(Esta nota se publicará en versión ampliada en la edición 111 de Revista InduAmbiente)
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