Revista de descontaminación industrial, recursos energéticos y sustentabilidad.

La Evolución Refrigerante

La Evolución Refrigerante

La refrigeración “ecológica” contribuye al cuidado de la capa de ozono.

Puede que se usen para conservar productos, o para alcanzar determinadas condiciones de frío en algún proceso productivo, o simplemente para escapar del desagradable calor en alguna oficina o recinto cerrado. Cualquiera sea el caso, lo cierto es que prácticamente hoy no existen rubros industriales que no cuenten con equipos de refrigeración o climatización. Incluso su presencia se ha extendido fuertemente al ámbito residencial, algo impensado hace poco más de una década.

En el corazón de estos sistemas están los refrigerantes, sustancias que se emplean para absorber calor o como agente de enfriamiento. La mayor parte de los compuestos que se han usado en el último siglo para cumplir esta tarea contiene moléculas de cloro, cuya liberación a la atmósfera ha sido una de las principales causas del adelgazamiento de la capa de ozono. Ramón Frederick, ingeniero civil químico y académico de la Universidad de Chile especialista en la materia, explica que esto sucede porque los átomos de cloro en la estratósfera disocian el ozono, formado por tres átomos de oxígeno, dando lugar a compuestos de cloro-oxígeno y oxígeno molecular, que no filtran la radiación ultravioleta.

Para enfrentar esta problemática ambiental, la composición de los refrigerantes ha ido evolucionando hasta llegar a lo que hoy se conocen como “ecológicos”. Estos compuestos no afectan a la capa de ozono, pero aún tienen un elevado potencial de efecto invernadero, que es el otro impacto ambiental relevante que puede generar su uso inadecuado.
Asimismo, se han desarrollado programas de capacitación y planes de manejo para difundir las buenas prácticas en sistemas refrigerantes y minimizar los eventuales impactos en el entorno.  

Naturales y Sintéticos

Klaus Peter Schmid, Past President de la Cámara Chilena de Refrigeración y Climatización A.G., señala que los refrigerantes se pueden dividir, básicamente, en dos grandes grupos: naturales y sintéticos. Los primeros no degradan la capa de ozono ni tampoco contribuyen al cambio climático. Vale decir, son absolutamente amigables con el medio ambiente.

El más utilizado actualmente es el amoniaco que se distingue por buenas características termodinámicas. Esta sustancia es parte de los refrigerantes de primera generación que se emplean desde el siglo XIX en los sistemas de climatización.

Hoy se encuentra en el mercado bajo la nomenclatura R-717, y se utiliza ampliamente en la industria frutícola y en la fabricación de hielo. “Sin embargo, su aplicación tiene limitaciones debido a su toxicidad y porque, bajo ciertas condiciones, puede ser incluso autoinflamable o explosivo”, advierte Schmid. Considerando aquello, los usuarios de este tipo de refrigerantes han hecho grandes esfuerzos por reducir las cantidades que utilizan o bien emplean sistemas indirectos de enfriamiento para confinar la presencia del amoníaco sólo a la sala de máquinas, y no a toda la planta.

Para resolver ese tipo de problemas, en 1930 surgieron los refrigerantes de segunda generación, compuestos sintéticos entre los que se encuentran los clorofluorocarbonos (CFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC). Estos productos tienen la ventaja de ser mucho más seguros, o sea, no son inflamables, ni explosivos, ni tóxicos. Además, son compatibles con el aceite lubricante y el material que se usa para fabricar de los equipos de refrigeración. Así, su uso se extendió rápidamente y algunos como el R-22 (HCFC-22) aún se siguen ocupando en sistemas de climatización y numerosas aplicaciones industriales.


Revise este artículo completo en Revista N° 108, páginas 88 a 91 (edición enero-febrero 2011).