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La promesa verde
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Página 1 de 2 El biocombustible, elaborado a partir de materia orgánica, cada día se está ganando un espacio mayor en la industria mundial como combustible menos contaminante.
Revista Nº 38 mayo-junio 1999
El costo del progreso es un precio que no siempre estamos contentos de pagar, especialmente cuando recordamos las emisiones atmosféricas de CO, CO2, NOx, COVs y material particulado, un problema que en Santiago es tan visible. Más aún cuando autoridades de salud y ambientales se refieren a algunas de estas emanaciones como posiblemente cancerígenas.
Se estima que el aporte mundial de hidrocarburos liberados a la atmósfera de los vehículos de transporte alcanza entre un 30% y un 50% de la contaminación global que afecta al planeta.
Es por eso que en cada país con conciencia ambiental se buscan distintas soluciones al problema, como la reducción de emisiones al transporte y la industria, lo que implica a su vez una presión sobre las compañías petrolíferas mundiales para la producción de combustibles fósiles con menores índices de plomo y azufre.
En esa vertiente, nacieron las llamadas gasolinas reformuladas, algunas libres de plomo y otras resultantes de la mezcla de gasolina tradicional con algunos compuestos que en su estructura molecular contienen oxígeno, lo que da por resultado compuestos oxigenados que actúan como optimizadores de octanaje.
Algunos de los más usados con este fin son el metanol, el MTBE (metil terbutil éter), el ETBE (etel terbutil éter, más caro pero de mejor rendimiento que el MTBE) y el etanol, que se produce a partir de elementos biológicos renovables que se pueden usar directamente como combustible o como aditivo.
De todo ellos, el etanol es el que ha despertado mayor interés en los últimos años. El etanol introduce oxígeno en el combustible, lo que permite que éste se queme de manera más efectiva y limpia. En consecuencia, reduce considerablemente las emisiones de CO e hidrocarburos no quemados.
El Ciclo del Etanol
El etanol combustible es un alcohol libre de agua, de alto octanaje producido por la destilación del azúcar o almidón convertido. Se fabrica principalmente de cereales u otros insumos renovables agroforestales, especialmente de cereales la cebada, el maíz o el trigo de forraje, debido a su alta productividad y concentración de carbohidratos disponibles para su manufactura, por medio de la fermentación.
En la práctica, sólo dos tercios de cada tonelada de grano se convierten en etanol, mientras que el tercio restante se puede usar como suplemento alimenticio para ganado. La tecnología de producción del etanol es relativamente antigua, pero la investigación actual trata de encontrar la forma de abaratar su costo a menos del 60%.
De acuerdo a informes de la Asociación de Combustibles Renovables de Canadá, una gasolina mezclada al 10% con etanol proporciona una reducción de hasta un 30% de las emisiones de CO, 6% a 10% menos de CO2 y una reducción neta de las emisiones que conforman ozono terrestre.
En los Estados Unidos, la gasolina mezclada con etanol comenzó a usarse a fines de los 70, ayudando a reducir las emisiones de monóxido de carbono, según lo decretado por el Acta de Aire Limpio de 1990. Además, cuando los precios del maíz bajaron, a mediados de 1980, la producción de etanol surgió como una novedosa y rentable forma de expandir el mercado doméstico de los cereales, ayudando al sector agrícola a estabilizarse.
En Brasil, en tanto, se obtiene etanol a partir del cultivo de la caña de azúcar, y se combina con gasolina, una mezcla denominada gasol, para vehículos pequeños.
La empresa canadiense Simon Carves Fenco desarrolló un proyecto para una planta de etanol capaz de producir 50 millones de litros anuales, que puede tener diversos usos: combustible o para perfumería y cosméticos. Apenas construida, la planta vendió el 100% de su producción de etanol combustible, cubriendo con creces en poco tiempo su inversión inicial, que alcanzó a 33 millones de dólares. Esto, sin contar las ganancias obtenidas a partir de los subproductos para la industria de alimentos.
Para el futuro se espera que otros insumos y residuos de cultivos como la paja, el forraje o las mazorcas de maíz se podrían usar para producir etanol. Otras operaciones conjuntas podrían incluir plantas lecheras, molinos, silos de granos, invernaderos y plantas de champiñones. También se pueden combinar las plantas de etanol con sistemas de cogeneración.
Para nuestro país, este mercado representa una oportunidad similar en el sector de los cereales, ya que los granos que se envían a las destilerías como subproductos de la elaboración del etanol también influyen en la disponibilidad de complementos de proteínas para el sector ganadero, disminuyendo además la demanda de alimentos importados.
Hasta ahora, Chile ha desarrollado múltiples estudios sobre el uso de gasolinas reformuladas y la producción de alcoholes para uso químico, farmacéutico y de licores, a partir de la remolacha, con comercialización de subproductos alimenticios para ganado, pero siempre a nivel muy experimental.
“La factibilidad del uso en nuestro país del etanol en mezclas de gasolina depende necesariamente de un esfuerzo conjunto de todos los sectores que se relacionan con el tema, como la agricultura, la energía, el transporte y los organismos con competencia ambiental, para poder evaluar en forma integrada los beneficios que se podrían obtener”, indica Héctor Riquelme, Gerente de Simon Carves en Chile.
El Protagonismo Forestal
Para el ingeniero Pedro Navarrete, coordinador medio ambiental de Celulosa CMPC, el uso de los restos de maderas aserrables (destinadas a la elaboración de tableros y muebles) y pulpables (aquella madera que por su calidad se destina a la elaboración de celulosa) es tan claro y lógico dentro de la industria forestal, que ya ni siquiera se les denomina desechos, sino subproductos reutilizables.
Esto, porque los industriales del rubro han tomado en cuenta los beneficios económicos y ambientales del aprovechamiento de este tipo de biocombustible. Tanto para su uso como precursor de madera aglutinada, como en la forma de aserrín o virutas para calderas de las mismas empresas forestales, con un importante ahorro de combustible y también de los costos, económicos y ambientales, que significa disponer de miles de toneladas de aserrín, virutas o similares subproductos, en vertederos.
Estimaciones de la empresa nacional Cidere Bío Bío, que se dedica a la elaboración de calderas que funcionan con subproductos leñosos, determinaron que solamente la generación de corteza de pino en el país bordea los dos millones de metros cúbicos, y que gran parte de esta oferta podría ser utilizada como combustible en plantas térmicas que empleen la tecnología de lecho fluidizado en sus calderas.
De hecho, una base de datos de su propia confección determinó que son cerca de sesenta industrias, empresas e incluso edificios públicos entre las VIII y IX regiones, que utilizan la tecnología de antehogares-quemadores desarrollada por este consorcio para aprovechar subproductos forestales, generando un inmenso ahorro en combustibles tradicionales, porque la diferencia de precios respecto del petróleo es de 1 a 3,5 a favor del biocombustible.
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