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Un buen secuestro
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El almacenamiento de CO2 en las profundidades de la tierra o del mar es una opción cada vez más empleada para combatir el calentamiento global. Las tecnologías para hacerlo ya se desarrollan.
Revista Nº 92 mayo-junio 2008
Si es otoño o invierno y el día está muy soleado, lo más a la mano es culpar al calentamiento global; si es verano y llueve, o las precipitaciones o altas temperaturas son exageradas, igual situación. O sea, ante cualquier evento climático que nos genere un mínimo de suspicacias establecemos como causa el tan de moda fenómeno ambiental.
Lo anterior, en todo caso, resulta muy comprensible: estamos tan bombardeados con informaciones sobre este tema, muchas de ellas apocalípticas, que lo tenemos instalado en el subconsciente y lo ponemos en la mesa de discusión cada vez con mayor frecuencia y pesimismo, como si se tratara de una enfermedad sin remedio que nos hará desparecer del planeta en un dos por tres.
Esto no significa que no haya que preocuparse. De hecho, la inquietud existe en todo el mundo. Y en un grado superlativo. Liderados por Europa, la mayoría de los países, algunos de ellos grandes emisores de gases de efecto invernadero (GEI), están implementando medidas concretas para revertir este grave problema.
Gana Terreno
Las soluciones propuestas son diversas, pero hay una que viene pisando fuerte en los últimos años: el “secuestro de dióxido de carbono”, vale decir, el almacenamiento de este gas, emitido principalmente por centrales de generación de energía y las industrias, en cavidades profundas de la tierra, como yacimientos de gas y petróleo vacíos, acuíferos salinos y vetas de carbón no explotables, a distancias bajo la superficie que van desde varios cientos hasta algunos miles de metros.
Esta opción ha sido validada e incentivada por el propio Panel Intergubernamental de Expertos de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés) en los últimos años.
Los especialistas advierten, eso sí, que este método – que permitiría captar entre el 20 y 40% de las emisiones mundiales de GEI- es altamente consumidor de energía, puesto que el CO2 debe comprimirse para convertirse en líquido. Pese a eso, el investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Nacional del Carbón (INCAR) de España, Carlos Abanades, considera que los también llamados sumideros de dióxido de carbono son la única alternativa, entre las que se han estudiado, que ofrece garantías de no afectar de forma “tan dañina” a la biósfera.
¿Cómo funciona este método? El dióxido de carbono se bombea hacia el interior de la tierra a través de pozos, como los utilizados para extraer petróleo, y se disuelve o dispersa en depósitos como los antes mencionados. Las ubicaciones viables deben tener una capa de rocas impermeables sobre el yacimiento dispuesta de forma tal que atrape el gas y le impida escapar.
Cabe mencionar que Noruega fue el primer país del mundo en aplicar esta tecnología, almacenando de manera segura un millón de toneladas de dióxido de carbono al año, desde 1996, en la planta de Sleipner. Posteriormente se han agregado sumideros de carbono en Canadá (Weyburn), Japón (Minama y Yubari), Argelia (In Salah), Estados Unidos (Frio), Holanda (K12B), Alemania (CO2SINK) y Australia (CO2CRC).
Esa última instalación se inauguró a principios de abril de este año y fue diseñada para capturar y comprimir 100.000 toneladas de dióxido de carbón durante un período de dos años, las cuales son inyectadas posteriormente a dos kilómetros de profundidad en una reserva agotada de gas natural.
Más Iniciativas
Estados Unidos, por su parte, ha identificado los sitios donde depositar hasta 3.500 millardos (miles de millones) de toneladas de CO2 procedentes de la combustión, equivalentes a 900 años de contaminación industrial al ritmo actual, mediante esta técnica.
Un informe elaborado por el National Energy Technology Laboratory establece que en 2012 deberán existir sistemas comerciales para la captura y almacenamiento directos de los gases de efecto invernadero derivados del uso de combustibles fósiles, y que en 2015 estos métodos garantizarán emisiones nulas sin costo añadido de los servicios energéticos
España es otro país que quiere emplear la misma alternativa, para lo cual puso en marcha un proyecto de investigación que le permitirá enterrar el CO2 que emana de sus 80 centrales térmicas y cumplir así sus compromisos de Kyoto sin dejar de contaminar.
El Instituto Geológico y Minero de esa nación ha seleccionado once enclaves a lo largo del Estado que cumplen los requisitos necesarios como potenciales sumideros de CO2: en zonas marítimas (plataforma continental de Cantabria, Asturias, Vizcaya y la bahía de Huelva) y en tierra firme (Madrid, Palencia, Zaragoza, Teruel, Ciudad Real y Alicante).
Por el momento, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas de España construirá una planta experimental en Ponferrada con un costo de 90 millones de euros. Se estima que sólo en un plazo de 20 años se pondría en práctica el plan de los sumideros en ese país europeo.
Las Críticas
Pese al extenso plazo para materializar el proyecto, grupos ecologistas de la Madre Patria ya se oponen a su concreción dado que, a su juicio, no supone una reducción real de las emisiones de GEI ni plantea ninguna alternativa al modelo de producción energética imperante.
Por ejemplo, un portavoz de la Coordinadora Ecologista de Asturias (España), respecto a los riesgos que pueden entrañar los depósitos de CO2 en el interior de la tierra o del mar, sostiene que “nadie puede garantizar la estabilidad de estos sitios ni tampoco su duración, por lo que no podemos hablar de una solución definitiva. Podría haber un movimiento sísmico o un desprendimiento, con el riesgo de filtrar el CO2 a las aguas o a la atmósfera”.
Otros detractores de esta técnica resaltan el impacto y la agresión al medio ambiente que suponen las obras para el traslado del dióxido de carbono desde las fuentes de emisión hasta los sumideros, a lo que hay que agregar el alto costo energético asociado que esa operación implica.
En respuesta a lo anterior, algunos especialistas apelan a estudios que demostrarían que los escapes de CO2, si es que ocurren, serían insignificantes. El propio IPCC informó que se alcanzaría una retención del 99 por ciento del dióxido de carbono almacenado de manera “muy probable” en una proyección de cien años y “probable” considerando un plazo de mil años.
En cuanto a los riesgos potenciales que el secuestro del carbono tendría para la salud humana, principalmente debido a la asfixia provocada por escapes, los estudios realizados señalan que tal amenaza, que se daría por la capacidad del CO2 de desplazar al oxígeno, es muy baja considerando la reducida probabilidad de que se desencadene un escape rápido del gas.
Mientras el debate sigue su curso, los ingenieros ya suman más de tres décadas de experiencia introduciendo dióxido de carbono en los yacimientos petrolíferos, donde éste permite aumentar la producción al hacer que el crudo existente fluya con mayor facilidad. Esto da a los partidarios del secuestro geológico la confianza de que se sabrá taladrar debidamente los pozos, introducir sin problemas el dióxido de carbono y predecir lo qué pasará cuando se acumule en las profundidades de la tierra.
Tecnologías Disponibles
Por ahora, las tecnologías existentes de captura de CO2 son:
• Postcombustión: se considera como el primer paso para la captura a gran escala del CO2, que se extrae del flujo de gases de escape después de la combustión. Esta tecnología se puede aplicar a las instalaciones en operación.
• Precombustión: se basa en la conversión del gas natural en hidrógeno y CO2 (descarbonización). Este gas se comprime para su almacenamiento y el hidrógeno se mezcla con aire para la combustión, por lo que se emite sólo nitrógeno y agua.
• Oxyfuel: permite que el oxígeno se separe del aire y después se queme con los hidrocarburos, lo que produce gases de escape con alta concentración de CO2.
Los siguientes son, en tanto, los mecanismos geológicos de almacenamiento de dióxido de carbono actualmente en uso:
• Almacenamiento geológico: algunas opciones proporcionan energía adicional.
• Almacenamiento en formaciones salinas.
• Desplazamiento del metano en vetas de carbón.
• Almacenamiento en yacimientos agotados de gas o petróleo.
• Desplazamiento del petróleo.
• Almacenamiento oceánico.
• Inyección y disolución del CO2 en la columna de agua, normalmente por debajo de los 1.000 metros, por medio de un gasoducto o utilizando barcos.
• Deposición del CO2 mediante gasoductos fijos o plataformas en el fondo de los océanos a profundidades superiores a los 3.000 metros, donde este gas es más denso que el agua y se supone formaría un lago que podría retrasar su disolución en el medio que lo rodea. |
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